Editorial

Un año para la esperanza

PESE a los importantes sinsabores que deja como poso este 2007, es muy complicado encarar el futuro con pesimismo si en la despedida Málaga alcanza uno de los objetivos que perseguía desde hace dos décadas y que se le había resistido: la llegada del AVE. Un gran espaldarazo para el sector turístico que, un año más, nos ha proporcionado algunas de las buenas noticias de estos últimos doce meses. Que un destino maduro como el de la Costa del Sol supere los 9,5 millones de visitantes y vea cómo crecen las pernoctaciones hoteleras un 12 por ciento es para sentirse ufano, máxime cuando desde hace tiempo se aprecian riesgos de nubarrones, que planes como el Qualifica de la Junta para hacer más competitiva la oferta malagueña tienen la obligación de despejar del horizonte en el menor plazo posible. También los 1.300 millones de facturación del Parque Tecnológico de Andalucía, con casi 12.000 empleados, al cumplir sus primeros 15 años de vida invitan a la confianza en el mañana. Máxime cuando 2008 puede convertir a esta tecnópolis en el primer referente mundial de la energía fotovoltaica. Datos que hablan de la pujanza económica de una provincia en la que sin embargo ha crecido el paro. Diciembre arrancó con 85.000 desempleados y hay comportamientos preocupantes en el consumo interno. Las matriculaciones de vehículos, uno de los primeros indicadores que avizoran los periodos de incertidumbre, han emitido señales. Pero, sin lugar a dudas, es la situación del sector de la construcción lo que más preocupa. El alza de las hipotecas, el frenazo de la demanda en general y la adecuación a los nuevas normas urbanísticas han repercutido negativamente. Aunque era imposible mantener los ritmos anuales de edificación de viviendas y a la postre negativo para el desarrollo de esta provincia, con problemas estructurales como la sequía, que la Administración sigue sin querer afrontar. Los esfuerzos para levantar más VPO pueden ser una buena salida, si no quedan en un brindis al sol. Y un apunte más. Cuando al ciudadano se le ofrece calidad, responde. Es el caso de la exposición de las esculturas de Rodin en la calle Larios, quizá el fenómeno cultural del año que hoy se despide.

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