Editorial

La banca ante la crisis

LA reunión del presidente Zapatero, acompañado por el vicepresidente Solbes, con los máximos responsables de las principales entidades financieras de España (tres bancos y tres cajas de ahorros) fue más larga y densa que la anterior, y Moncloa preparó un escenario menos solemne, más sobrio y más propicio al debate y el trabajo. Era lógico. La entrada del país en recesión y las sombrías perspectivas de la economía nacional han hecho aumentar el pesimismo y han cuestionado el efecto buscado por el Gobierno al comprar activos a los bancos y respaldar su endeudamiento en aras de asegurar la estabilidad del sistema financiero. La realidad es que el sistema parece más sólido, pero no se ha producido el esperado trasvase de liquidez a la economía real; es decir, a las empresas y los ciudadanos. El presidente del Gobierno ha advertido a los banqueros, en mítines y, ayer, de manera directa, sobre la necesidad de que faciliten más créditos a empresas y particulares, únicos instrumentos disponibles para reactivar la economía a través de la inversión y el consumo. Por su parte, la patronal bancaria viene replicando que su negocio consiste precisamente en prestar dinero y que si no lo hacen en la cantidad que necesita la economía nacional es sencillamente porque no existe suficiente demanda o, en todo caso, los demandantes no ofrecen la solvencia precisa. La realidad es que los créditos en determinados sectores productivos más afectados por la crisis se estudian ahora con mayor rigor por los ejecutivos bancarios. Mientras tanto, existe malestar social por el hecho de que los bancos sigan repartiendo elevados beneficios, aunque ciertamente inferiores a ejercicios anteriores, hayan aumentado los tipos de interés a las hipotecas y no hayan reducido los incentivos a sus directivos para hacerlos más acordes con la situación general. El Gobierno, por su parte, extiende la idea de que las ayudas públicas a los bancos deberían ser correspondidas con una mayor atención por su parte a los planteamientos estratégicos definidos por el propio Ejecutivo. Se necesita un pacto de colaboración entre ambos. La crisis no espera.

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