Editorial

Una décima de optimismo

LOS datos oficiales sobre coyuntura que ha hecho públicos el Banco de España al cierre de esta semana apuntan una leve mejora de la economía española después de un largo periodo de noticias negativas. El Producto Interior Bruto (PIB) nacional ha crecido por segundo trimestre consecutivo, hasta el 0,2%. La evolución de este índice económico, sin embargo, todavía parece ser demasiado débil como para calificar este tímido ascenso como un hipotético brote verde, por usar la célebre terminología acuñada por la vicepresidenta segunda y ministra de Economía. Siendo una noticia positiva, fundamentalmente porque parece augurar un cambio de tendencia, ya se verá si coyuntural o estable, lo cierto es que todavía no terminan de despejarse las dudas sobre la evolución económica general. El principal factor que ha motivado el incremento del PIB es, según el Banco de España, el consumo privado, que ha aumentado hasta un 0,7%. Prácticamente no hay otra causa cierta de este repunte económico. ¿Cómo es posible que crezca el consumo en la actual situación de falta de confianza? Probablemente por la coincidencia en el tiempo de una serie de factores que han hecho que la demanda de bienes y servicios sea algo más intensa. En buena medida este ascenso del consumo es fruto de los incentivos ideados por el Gobierno o consecuencia de penalizaciones tributarias. Incluso de factores azarosos y tangenciales, como la implantación de la Televisión Digital Terrestre (TDT) o el inicio del periodo de vacaciones. El propio organismo regulador precisa en su valoración que las causas son temporales, citando el incremento del IVA o planes como el de fomento de la compra de vehículos como circunstancias que han tirado hacia arriba del consumo. La incógnita ahora es si esta tendencia, todavía raquítica, se consolida en los próximos meses o, por el contrario, se estanca. El acusado descenso en la venta de vehículos experimentado por el sector del automóvil tras terminar el citado plazo del plan de estímulo, por ejemplo, no induce al optimismo. Las ventas, y por tanto el consumo, caen sin el sostén de las ayudas públicas. Y éste es justo el panorama que le espera a la economía española durante los próximos tiempos. Los recortes en la inversión, tanto a nivel estatal como autonómico, condicionarán la situación. En todo caso, hay una evidencia positiva: España parece haber superado la desconfianza que hace unos meses existía en los mercados internacionales sobre su solvencia. Sin ser la solución a la crisis, parece un buen comienzo.

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