Crónica Levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

La 'depre'

Barcelona se aproxima a otro 1898, cuando perdimos la última colonia a la que vendía sus textiles

La enorme paradoja del Estado autonómico ha sido que, deseando centrifugar el poder político, se ha centripetado el poder económico: Madrid, sobre todas las ciudades, es la capital financiera y empresarial de España, sin atisbo de competencia. Bilbao recuperó la paz y es hoy una magnífica ciudad, capital de una gran provincia, atractiva para el turismo, para la vida y el buen comer, pero sin lo que un día representó el Bocho, con su Banco de Bilbao, su Vizcaya, sus Altos Hornos y sus eléctricas. La Gran Vía bilbaína es hoy una calle más del callejero español, sólo se palpa el poder que hubo en el pasado, cuando la burgesía de Neguri se tuteaba con sus primos de Madrid. Barcelona ya no tiene ni Caixa ni Sabadell ni Planeta, y el gremio de editores de Madrid será pronto mayor que el barcelonés; les queda Gaudí, Picasso, la mejor capital del Mediterráneo, pero ya no es la segunda torre de la diarquía hispánica de los dineros.

El juego del Monopoly desplegaba dos ciudades en España, Madrid y Barcelona. Así conocí Vía Layetana, por el tablero y por las novelas de Pepe Carvallo, pero los culturetas condales se quejan ahora de que la ciudad fue más ciudad en los ochenta, fue la capital del boom hispanoamericano, más que ninguna otra ciudad de América. El presidente de Freixenet ha puesto el titular: "La marca Barcelona está muerta".

A diferencia de lo ocurrido con Bilbao o Sevilla, que también contó en su día, no han sido los azares económicos los que han colocado a Barcelona en esa segunda división provincial, sino las decisiones de sus políticos. Aún, hoy, hay que oír a catedráticos, modernos y procesistas explicar que la sede de la Agencia Europa del Medicamento también iba a traer efectos perniciosos a la ciudad, porque sus mil trabajadores, de alto poder adquisitivo, harían subir el precio de los alquileres, Y hemos sabido que su regidora, Ada Colau, tampoco puso mucho empeño porque las bases de Barcelona En Común estaban por una "desmedicalización" de la ciudadanía (he necesitado varias pastillas rosas para no hacerme pipí encima al escuchar esto último).

Y no hay desgracia que vengan sola: Barcelona se aproxima a otro 1898, el año en que perdimos las últimas colonias que compraban sus textiles. La posible marcha de Messi del que es algo más que un club ha motivado la alarma del bardo del Poble Sec, que de versos sabe más que Góngora, Quevedo y Sabina juntos. Como al Barça se le escape Messi, no habrá Prozac para paliar tanta depre.

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