La esquina

La desgracia del PP

EL presidente del PP de Euskadi y candidato a las ya inminentes elecciones vascas, Antonio Basagoiti, se ha pronunciado con energía sobre el escándalo del espionaje político en la Comunidad de Madrid: "Estoy hasta las narices de ese asunto". Es un hombre educado. Creo que en realidad está de ese asunto hasta otra parte de su cuerpo. Y lo mismo le pasa al 90% del Partido Popular en toda España.

No es para menos. Lo que viene ocurriendo en la capital y su autonomía está arruinando las posibilidades electorales del PP. No sólo en Euskadi. También en Galicia, que celebra igualmente sus elecciones el 1 de marzo. Y si no se arregla pronto hará perder al PP las europeas de junio y le colocará en una pésima posición para las generales de 2012. Ningún socialista habría sido capaz de urdir una lanzada más destructiva que la que el Partido Popular se está infligiendo a sí mismo. Ningún socialista habría pensado que el PSOE aumentaría su ventaja sobre el PP en las encuestas después de un año en que el país se ha empobrecido tanto y se dispone a empobrecerse aún más.

La experiencia ha evidenciado reiteradamente que los ciudadanos son más propensos a disculpar las corruptelas que protagoniza un partido político que su división interna. Y las denuncias sobre presunto espionaje a políticos del PP por orden, también presunta, de otros políticos del PP han llovido sobre mojado. Sobre el mojado de un liderazgo, el de Mariano Rajoy, que sigue siendo discutido, de tal modo que la disputa de Esperanza Aguirre y Rajoy, con Caja Madrid al fondo y Ruiz-Gallardón también al fondo, ha atravesado sin remedio el asunto del espionaje hasta envenenarlo.

No se entiende, si no, que el caso haya alcanzado tal dimensión que es toda la organización nacional del partido la que se encuentra afectada. Los que han sido señalados como patrocinadores del espionaje han optado por defenderse atacando a sus enemigos internos. El ventilador hurga en tantos basureros que ya se implica hasta a la socia de la mujer de un consejero, al presidente de una empresa pública madrileña o al tesorero nacional del partido. Todos contra todos. El resultado, a la vista de la opinión pública, es un barullo de supuestos enriquecimientos ilícitos, contratas, viajes de financiación sospechosa, etcétera. El PP de Madrid está proyectando dudas y sombras sobre una gestión que había proclamado eficiente y brillante, y lo hace él solito, sin intervención de una oposición que se ha venido merendando cómodamente desde hace catorce años.

La crisis le estaba poniendo en bandeja a Rajoy la posibilidad de no ser derrotado por tercera vez por Zapatero en unas elecciones generales. Los suyos van a hacer tal vez que ni llegue a disputarlas.

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