al punto

Juan Ojeda

Un 28-F distinto

PUES resulta que nos encontramos ante un 28-F muy especial. Tanto que puede que, desde la celebración del referéndum en el que Andalucía le dio un vuelco al mapa autonómico, hace 32 años, sea el último con un presidente de la Junta socialista. Han sido tres décadas de gobiernos del PSOE sin interrupción, primero con Rafael Escuredo, luego con Rodríguez de la Borbolla, al que siguió Chaves y ahora Griñán, además del presidente de la preautonomía, Fernández Viagas. Así que los actos institucionales de mañana, tanto en las Cinco Llagas como en el Maestranza, van a tener el morbo de que pueden ser los últimos actos antes de un cambio de ciclo. Y eso se tiene que notar, porque los principales actores de mañana es posible que sean los principales afectados de pasado mañana. Los que mañana van a ir como representantes del Gobierno tienen la perspectiva de que el año que viene lo pueden hacer como representantes de la oposición. Los actos de mañana y de dentro de un año tendrán contenidos similares pero protagonistas y protocolos muy diferentes.

Mañana será un buen día para preguntarse cómo será el 28-F de 2013, y en qué circunstancias nos encontraremos cuando nos dispongamos a celebrarlo, suponiendo que tengamos cuerpo para celebraciones, porque las circunstancias no invitan al optimismo, con elecciones o sin ellas. Cierto es que un cambio de signo político en el Gobierno, igual que ha ocurrido a nivel nacional después del 25-N, supone, en las formas y en el fondo, un giro a la hora de tomar decisiones y de aplicar fórmulas para solucionar los problemas. Lo que pasa es que ese millón largo de parados que hay en Andalucía, con un tejido empresarial que se desmorona, con miles y miles de jóvenes que no saben cuánto tiempo tardarán en incorporarse al mundo laboral, y con un número creciente de familias que se acercan al borde de la exclusión social, pintan un panorama lamentable, que no tiene nada que ver con lo que mañana celebramos.

El 28-F fue una conquista de los andaluces para los andaluces, y ahora, después de más de treinta años, nos encontramos con que conseguimos la autonomía que queríamos y que seguimos queriendo, pero no hemos logrado lo que pensábamos que la autonomía nos iba a ayudar a conseguir, que, entre otras cosas, era el bienestar de todos los andaluces. Y ya vemos lo que está pasando. Tenemos un problema, un tremendo problema, y su magnitud es de tal calibre que es lo que fundamentalmente está precipitando en nuestra tierra el fin de un ciclo político, que ha durado mucho más que ningún otro en cualquier comunidad española. No se trata de culpabilizar a nadie, pero los andaluces quieren otros actores y, sobre todo, quieren otro libreto.

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