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Las empanadillas de Cifuentes

¿Urdangarín tenía necesidad de meterse a comisionista? La misma que Cifuentes para construirse un máster

Levábamos años preguntándonos cómo un deportista prestigioso, medallista olímpico, muy bien casado y con el futuro asegurado se metió a comisionista, convirtiendo el abuso de las instituciones en un negocio lucrativo y criminal. ¿Qué necesidad tenía Urdangarín de arruinarse la vida y hundir el prestigio de la Monarquía? Visto en perspectiva, ninguna. La pregunta con Cristina Cifuentes es la misma: ¿qué necesidad tenía de construirse un máster en el que ni fue a clase, ni se examinó, ni hay rastro siquiera de un trabajito final para completar el paripé? El pecadillo de vanidad, gobernado con soberbia cuando destapa la noticia eldiario.es, se ha convertido en una cadena imparable de desprestigio institucional. Y, como daño colateral, el show de Cifuentes le ha robado brillo al espectáculo montado este fin de semana en Andalucía para mayor gloria de Rajoy.

Venían a Sevilla dirigentes del PP de toda España necesitados de un rearme ideológico y han acabado en un inmenso diván, haciendo terapia de grupo. El partido de la ley y el orden, que presume de eficacia en el servicio público y pretende haber emprendido la senda de la transparencia y la honestidad, se encuentra con la sensación de que sigue siendo una máquina de triturar instituciones. Al final del affaire Cifuentes salen de la trituradora, mezclados y desacreditados, la presidenta de Madrid, el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, el catedrático director del máster y la propia imagen de esta universidad pública con sede en Móstoles. Esto no es defender la ley y el orden, sino todo lo contrario. Ni tampoco supone eficacia alguna en el servicio público, sino aprovecharse de él en beneficio propio. Y, además, habría que recordarles a los rearmados caballeros y damas del PP que la honestidad no se enuncia, se ejerce. Y aquí no se ve por ninguna parte.

Móstoles tiene un cuarto hito en su historia popular. El bando de los alcaldes que declaraba la guerra a los franceses en 1808, la especulación que multiplicó su población por ocho en los años 70 del siglo XX, la parodia de Martes y Trece sobre las empanadillas de Encarna y los enchufes de Cifuentes en la Rey Juan Carlos. Hay que celebrar el riguroso trabajo de eldiario.es, El Confidencial, Onda Cero… El buen periodismo garantiza la transparencia en democracia. Los papeles que enseñó el miércoles la presidenta madrileña en la Asamblea han resultado ser carne picada, con la que la prensa ha hecho empanadillas para el catering de la Convención de Sevilla. Un mal trago.

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