soltando grillos

josé Manuel Atencia

La inmutabilidad de las listas electorales

El PP apuesta sobre seguro en Málaga; lleva el candidato a la Junta que le gusta a una parte del partido y, de dos, la candidata que le hubiera gustado a la otra

Antes de que la presidenta de la Junta adelantara las elecciones en Andalucía, ya llevábamos un par de semanas de precampaña de las municipales. Ahora todo se ha vuelto un lío, los partidos han dejado de elaborar sus listas para los ayuntamientos y se han puesto corriendo y deprisa a lanzar las candidaturas autonómicas. Y no hay manera de enterarse: el que iba para un pueblo va ahora para Sevilla, y el se queda sin opción de revalidar escaño en el Parlamento se refugia en la lista de su pueblo. Qué trajín de nombres, no hay manera de aclararse. Son todos los mismos dirigentes pero en distintas listas, el que servía para delegado de la Junta sirve ahora para concejal y la que era concejal aspirar a ser parlamentaria en la Junta.

Desde que los dirigentes políticos son como los móviles, que incluyen la multitarea, es muy difícil orientarse. Hay políticos que lo mismo sirven para un roto en la Junta que para un descosido en una Diputación. Y existen múltiples ejemplos de cargos que se levantaron una mañana llevando la responsabilidad política de una orquesta filarmónica y se acostaron por la noche sabiendo más que nadie de obras hidráulicas. Así es la política desde hace años, la única actividad profesional para la que no se exige conocimiento previo sobre la responsabilidad que vas a ejercer en un cargo.

Con todo, hay cosas inmutables en la elaboración de una lista. Primero, las candidaturas cremalleras, asumidas ya por todos con una peculiaridad: cremalleras sí, pero primero los hombres. Y luego está la peculiaridad de cada partido. En el PSOE, por ejemplo, es muy importante la tradición. Y es tradición que los socialistas lleven en sus candidaturas a los consejeros de su Gobierno, ya que no llevarlos implicaría -esto lo dicen siempre los consejeros y los que los ponen- desautorizar su gestión. Es también tradición que un secretario general del PSOE no quite de una candidatura a la persona que le precedió en el cargo, que es una forma de garantizarse su futuro para cuando le toque a él irse.

Con estas premisas, el PSOE tenía confeccionada en Málaga media lista antes del adelanto electoral, con varios nombres ya en la casilla de fijos y en plantilla: Luciano Alonso, Marisa Bustinduy y José Sánchez Maldonado, en orden de antigüedad. Por eso cuando los militantes empezaron a proponer nombres para la renovación, algunos llevaban varios meses instalados en los primeros puestos. Y, tendrán que admitirlo, resulta difícil conjugar el verbo renovar con políticos que llevan más tiempo en un cargo público que el que se tiró Chaves al frente de la Junta, por muchas novedades que lleve la lista, que las lleva.

El PP también ha sabido aunar tradición con renovación. La encabeza el candidato a la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, o sea la renovación. Y va de dos Esperanza Oña, sobre la que recae el peso de varias décadas de tradición. El PP ha logrado una candidatura que ya quisieran otras provincias andaluzas. Llevar de uno al candidato a la Junta y de dos a la persona que les hubiera gustado a no pocos que fuera la candidata. Van sobre seguro: cae el primero, todos con la segunda. Eso es garantizarse el peso específico de Málaga en el PP andaluz y no lo de los socialistas con los consejeros. Les ha faltado solamente colocar también a Arenas por Málaga, en vez de por Almería, y en vez de una candidatura llevan un pleno al quince.

Con la decisión de Izquierda Unida de seguir apostando por José Antonio Castro, aquí la mayor renovación está entre los que aspiran a lograr escaño en el Parlamento: Podemos, con el periodista Félix Gil; UPYD, apostando desde Málaga con el candidato a la Junta, Martín de la Herrán; Ciudadanos, con Irene Rivera y los andalucistas con José Antonio Iranzo. Por primera vez en tiempo, en las elecciones andaluzas habrá batalla más allá del bipartidismo reinante durante décadas en la provincia. Más allá, sobre todo, de la inmutabilidad electoral de los mismos unos y los mismos otros de siempre. Eso sí, todos renovados. En sus aspiraciones de seguir renovándose.

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