Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

La jaula

La heterogeneidad del independentismo catalán comienza a emerger con su guadaña

En El ángel exterminador se muestra a un grupo de burgueses que tras cenar en una lujosa mansión no pueden salir de la estancia donde se hallan. Lo absurdo de la situación es que no hay un motivo objetivo para que se consideren encerrados. Como si hubieran decidido enjaularse por una razón desconocida. La Cataluña soberanista ha decidido intentar separarse unilateralmente de España, y corre serios riesgos de acabar enjaulada por decisión propia y hacerse con ello mucho daño. Como en la película de Buñuel, donde una situación divertida acaba dando lugar a otra salvaje, el catalanismo antiespañol puede pasar de ser un grupo entusiasmado y tocado por la gracia de un destino universal a ser una orquesta de grillos enjaulados con posturas radicalmente contrarias, una vez agotada la veta mística nacional.

Esta semana, a poco más de un mes de la fecha del referéndum convocado por las bravas a tal efecto, los partidos que lo apoyan comienzan a dar notorias muestras de divergencia. No ya de diversidad, porque tal variedad de pelajes es algo bien sabido desde el principio del embarque hacia no se sabe dónde que compromete a propios y a extraños, sino de divergencia, de diferencia genética. El cartel de la CUP para movilizar hacia el Sí a la secesión, que entronca con la tradición hitleriana o leninista que proponía barrer como ratas a judíos o enemigos de la revolución, ha hecho que los conservadores independentistas catalanes llamen "miserable" a la CUP. No por querer barrer al Mediterráneo a reyes, corruptos y, en general, símbolos españoles, sino porque entre la basura va Artur Mas también. "¿Por qué me matas, escorpión, si te estoy ayudando a cruzar el río y tú te vas a ahogar también?". "Es que yo soy un escorpión, ranita, y lo mío es aguijonear". Lo hemos visto esta semana con otro síntoma jaula de grillos: atacar al turista con violencia con la excusa de las patologías, que las hay, del sector; es el 11% del PIB y los millones de empleos que genera al Estado español lo que la CUP o Bildu quieren en verdad atacar, más allá de coartadas vestidas de compromiso con los territorios. Pero ¿a quién engañan? La CUP es un partido autodeclarado antisistema y anticapitalista. Si es menester, totalitario, barriendo ratas: con cualesquiera medios, el bien superior es destruir al capitalismo y a la corrupta democracia burguesa. Unas alforjas ideológicas que nada tienen que ver con el seny de clase media ni con el botiguer que ha decidido enjaularse con quien, en el fondo, los odia y los considera enemigos y, ya puestos, corruptos. Como Mas, que por ello debe ser barrido al mar balear.

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