Editorial

Un liderazgo en entredicho

LÁ destitución de Tomás Gómez como secretario general del Partido Socialista de Madrid, decretada ayer por Pedro Sánchez y avalada por la Ejecutiva federal del PSOE, añade un elemento de convulsión y desestabilización a la larga crisis del socialismo español en vísperas de varias e importantes contiendas electorales. La decisión del secretario general del PSOE, que había apoyado la nominación de Gómez como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, obedece, según fuentes de la organización, al deterioro grave de la imagen socialista a causa de las investigaciones de la Fiscalía y la Policía sobre presunta corrupción en las obras de construcción del tranvía de Parla, de la que fue alcalde el destituido entre 1999 y 2008, así como las ramificaciones de la operación Púnica y la debilidad orgánica producida por estos casos, con caída de la militancia y reducción de las expectativas electorales de la antiguamente poderosa Federación Socialista Madrileña. El golpe de autoridad de Pedro Sánchez, que aparentemente cuenta con el respaldo de los barones territoriales del PSOE -aunque es significativo el silencio de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía y la dirigente más influyente del socialismo actual-, ha sido replicado con el enérgico rechazo del propio Tomás Gómez, que había sido "invitado" a cesar por iniciativa propia y que ha prometido recurrir incluso a los tribunales contra una decisión que considera irregular, antiestatutaria y antidemocrática. Ello quiere decir que el conflicto no ha quedado resuelto y que Pedro Sánchez, que ha sustituido la cúpula del PSM por una comisión gestora, se ve abocado a una situación de confrontación e inestabilidad perjudicial, en todo caso, para la recuperación del socialismo madrileño, una de las organizaciones territoriales más afectadas por crisis sucesivas desde hace muchos años. Se trata de una operación arriesgada del primer secretario general socialista elegido por los militantes, que puede conducirle a su asentamiento y consolidación o, por el contrario, al derrumbe de un liderazgo que no ha dejado prácticamente desde su inicio de ser cuestionado desde distintos sectores del partido. La lucha por el control del PS madrileño, que estalla a semanas de las elecciones andaluzas y de los propios comicios autonómicos de dicha comunidad, no deja de ser inoportuna y peligrosa para la recuperación de un partido que ni con Rubalcaba ni con Sánchez ha sabido encontrar el rumbo y presentarse ante la sociedad como una alternativa creíble y viable al Gobierno del PP en la coyuntura objetivamente más favorable. Sánchez ha dado un golpe en la mesa, pero sus resultados están por ver.

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