Una mezquita en la Zona Cero

DESDE los tiempos del presidente Thomas Jefferson, la Casa Blanca viene celebrando, aunque de modo intermitente, el inicio del Ramadán, una de las celebraciones más importantes de los musulmanes. En una cita oficial, y durante la cena del iftar -cuando se rompe el ayuno al caer la noche-, el presidente Barack Obama mostró su apoyo a que la fundación Cordoba Iniciative levante una mezquita en Manhattan sur, en unos suelos privados situados en la denominada Zona Cero, la extensión afectada por el atentado contra las Torres Gemelas. Algunos republicanos y familiares de víctimas del 11-S habían mostrado su oposición a dicho proyecto ante el argumento de que era un insulto contra la memoria de quienes murieron ese día de septiembre a manos de unos terroristas suicidas que aseguraban actuar en nombre de Alá. Resulta comprensible que haya afectados a quienes les resulte dolorosa la ubicación de este edificio de 13 plantas que albergará, entre otros recintos, una mezquita, pero Barack Obama defendió algo que también es sagrado en Estados Unidos: la libertad religiosa. "En este país viven cristianos, judíos, musulmanes, hinduistas y no creyentes", mantuvo Obama en esa cena. Tal como han señalado el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, o varias asociaciones judías no fueron los musulmanes quienes cometieron los atentados, sino varios terroristas que aseguraban actuar en nombre de su religión. En una decisión arriesgada -seis de cada 10 neoyorquinos no quieren el proyecto-, Obama ha querido con este gesto subrayar que el terrorismo yihadista y algunas de sus expresiones, como Al Qaeda, no representan a los musulmanes. El presidente de EEUU podría, incluso, haber guardado silencio, puesto que la decisión de la construcción corresponde a las autoridades de la ciudad, pero su mensaje no dejar de ser una llamada a todos los países musulmanes del mundo. El imán que promueve Cordoba Iniciative es, además, un intelectual moderado que aboga por una modernización del islam. La propia invocación a la ciudad andaluza recuerda el espíritu de convivencia que, al menos durante un periodo, aunque breve, reinó en la España musulmana.

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