La tribuna

Francisco Javier Gestoso

La prueba del nueve

EN marzo de 1997, como Director Gerente de Gestión de Infraestructuras de Andalucía (GIASA), recibí el encargo del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía de desarrollar el estudio informativo de la línea ferroviaria de Alta Velocidad entre Córdoba y Málaga. Esta decisión era consecuencia del contenido de una sesión parlamentaria en el Senado en la que el ministro de Fomento, Rafael Arias Salgado, dio "la bienvenida" al proyecto de la Junta de Andalucía, instando al gobierno andaluz a realizar un estudio de viabilidad que permitiera, en el plazo de un año, firmar un convenio de colaboración para desarrollar el proyecto.

Antes de todo esto, la entonces consejera de Economía y Hacienda, Magdalena Álvarez, mantuvo una reunión con las grandes constructoras españolas que hicieron un estudio muy elemental sobre la viabilidad del proyecto, concluyendo que era viable y ofreciendo su colaboración. Recuerdo alguna reunión en esta consejería en la que también intervino el actual presidente del ADIF Antonio González Marín, entonces Director General de Tesorería y Política Financiera de la Junta. Previa licitación se encargaron tres contratos de consultoría; el estudio económico financiero a la empresa AB Asesores, el estudio geotécnico a la UTE Cemosa y Geocontrol y el estudio informativo y anteproyecto a la UTE Ayesa, Typsa y Estudio Pereda 4. El 6 de mayo de 1998 se presentó el estudio terminado.

En el ámbito técnico se empezó por excluir por donde no podía pasar la línea por motivos medio ambientales, geotécnicos, de patrimonio o incluso paisajísticos. Se llegaron a estudiar más de 80 variantes antes de decidir una de ellas. Las aportaciones de Ginés Aparicio, Angel Fernández, Carlos Miró, Iñigo Barahona, Luis Jiménez, Damián Álvarez, Juan de Dios Moreno, Alfonso González y otros muchos hicieron posible disponer en un año de un anteproyecto para construir el AVE; recuerdo muchas reuniones de trabajo en las que todos poníamos el mayor de nuestro entusiasmo en el proyecto.En el ámbito geotécnico ya por entonces se consideraron las deficiencias de los suelos de la provincia de Córdoba o los acuíferos del valle de Abdalajís, aunque no encontramos una mejor solución.

El anteproyecto quedó definido en su totalidad, pasando de puntillas en el tramo de Los Prados a la estación de Málaga, que entendimos que debía ser un trazado soterrado pero era necesario el entendimiento entre la Junta y Ayuntamiento de Málaga.

En el ámbito de comunicación del proyecto se organizó un ciclo de conferencias mensuales en el salón de actos de Unicaja en la Marina. Por allí desfilaron los mejores técnicos y expertos europeos en alta velocidad ferroviaria. A pesar de ello algunas de las sesiones apenas contaron con una veintena de asistentes. También se explicó el proyecto, en sus diferentes etapas, en Córdoba, en Sevilla y en Málaga, además de las obligatorias exposiciones públicas de documentación. Asimismo el proyecto se presentó en Bruselas a las autoridades europeas competentes, con la colaboración de Alfonso González Finat. Se hicieron vídeos y folletos de divulgación del proyecto.

Finalmente, en el ámbito económico se llegaron a conclusiones muy favorables; del orden de un 25 por ciento de los viajeros que todavía van en coche privado a Madrid pasarían al AVE. Las proporciones de viajeros entre tren y avión se cambiarían sustancialmente, quedando aproximadamente en una relación de 70-30 en beneficio del AVE. Se deben de incrementar los viajes entre Madrid y Málaga del orden de un 25 por ciento. Esto significa menores emisiones de CO2, mejoras medio ambientales, y ahorros desde el punto de vista de costes sociales. Todo ello generando puestos de trabajo y crecimiento del PIB. En este ámbito fue importante la aportación de Guillermo Arbolí.

Un año después de todo esto, en mayo de 1999, y después de los impulsos de Celia Villalobos, el ministerio de Fomento encargó a Ayesa la reedición del estudio informativo, ya realizado, para repetir la tramitación administrativa y encargar al ADIF el proyecto, que, de manera inmediata, licitó los primeros proyectos.

En todo el proyecto hemos participado muchos profesionales, algunos mencionados en los inicios y muchos más en las fases de proyecto y construcción. Sirvan estas palabras como un sencillo reconocimiento a esta labor anónima. Para un profesional constituye una gran satisfacción poder vivir un proyecto desde sus inicios hasta verlo hecho realidad. Han sido necesarios diez años, tres legislaturas. España y Andalucía han cambiado mucho en ese tiempo y las premisas de los estudios pueden haber variado. Con todo resulta difícil acortar esos plazos. La clave, al final, ha estado en el tramo soterrado desde Los Prados, que, verdaderamente, se ha realizado en tiempo récord bajo el impulso de la actual ministra de Fomento. Como anécdota mencionaré que el ministro Álvarez Cascos, cuando accedió a Fomento, encargó una sábana de papel, uno de cuyos ejemplares he tenido en mis manos, en la que se detallaban todas las fases de un proyecto desde su inicio hasta su terminación. Lo mostraba a los políticos que se interesaban en dar prisas a sus proyectos de infraestructuras. Lo curioso es que eran diez años, así que, en este caso, acertó.

Ahora que todo es una realidad queda ver qué ocurre, es como aquélla prueba del nueve que, a los que pasamos de los cincuenta, nos enseñaron a hacer en párvulos, cuando no había calculadoras, para comprobar las multiplicaciones y las divisiones. Cuando acabe 2008 será necesario hacer balance y tirar de las previsiones para ver si nos equivocamos mucho o poco y aprender para el futuro. Particularmente estoy convencido del éxito del proyecto; Málaga tiene una oportunidad y la va a aprovechar.

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