Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

El vecino accidental

Los apartamentos turísticos convierten condominios de vecinos estables en hostales

Hay un dicho inglés, tan inglés, que aconseja lo contrario de lo que tantos han hecho durante la crianza de los hijos en una urbanización a cinco minutitos de la ciudad mal contados: "Altas verjas hacen buenos vecinos". Cuántas decepciones; qué de sinsabores te da la vida en comunidad. Pero, salvo que te toque un hijo de su madre con pedigrí en el mismo portal, es mucho peor que el vecino de marras no sea tal vecino, sino un transeúnte: échale un galgo si, como bien puede suceder, es un indeseable. Un transeúnte que ocupa la casa de arriba o que ronca al otro lado de tu cabecero es un melón por calar, y un gran estrés. Apuesto a que usted prefiere un vecino hosco o algo morosillo antes que una pandilla de chavales dos días o un par de familias con gran afán turístico: vengan duchas, charlas y programaciones, tempraneos de finde, botellonas intempestivas, depreciación acelerada del ascensor, ese portón abierto. O mala fe, o simple desconocimiento de las normas explícitas y tácitas de la comunidad. Vivir en comunidad tiene un pariente mutante peor que la convivencia de bloque, rellano y derrama: el vecino y turista accidental, nada que ver con aquel personaje de William Hurt que escribía guías haciéndose el turista. Hablamos de ese espécimen en auge en nuestras ciudades, que alquila por internet a un copropietario suyo el piso de al lado de usted: 45 ó 60 vecinos de ocasión cada año. Droga dura.

Pues claro: quien tiene una casa puede explotarla como estime conveniente dentro de la legalidad. He ahí el asunto: la legalidad. La administrativa, la fiscal, pero también la de los usos y costumbres del lugar. Cuando uno compra una casa para habitarla en exclusiva, espera que aquello no se convierta en un hostal. Cabe mencionar, ampliando el foco, el neologismo "gentrificación", o sea, el proceso mediante el cual la población original del barrio céntrico es desplazada por otra de poder adquisitivo mayor: por inversores que quizá ni siquiera viven en la ciudad y van a eso, a invertir. Y sobre todo es necesario recordar cómo los alquileres estables en el centro y, por ósmosis, en la periferia suben de precio como la espuma por este fenómeno que se les va de las manos a las autoridades regionales y locales. (PD: Podemos, que tanta política de sombras chinescas hace en lo nacional, sí tiene un criterio en Madrid o Barcelona ante este esquema lesivo para el nativo, ése que medio gruñe "buenos días" cada día a una gente distinta. Lo primero, defender a quien paga un alquiler a cinco años, o el IBI por habitar una casa, quizá hipotecada. Y vota.)

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