El viaje interminable

El proyecto para soterrar el tren del puerto viaja a Madrid con la misma frecuencia que regresa a la terminal portuaria

Un tren es un fenómeno cíclico, periódico. Ahora en Málaga y pasadas una horas, en Madrid. Después volverá a Málaga para regresar al día siguiente a la capital. Su esencia es dar tumbos de una ciudad a otra sin voluntad de resolver dónde quedarse. Son sus pasajeros quienes determinan su destino, y con su elección, el éxito de sus empresas. El de Málaga lo dibujan 700 metros de ferrocarril a la salida del puerto. Su proyecto viaja a la capital con la misma frecuencia que regresa a la terminal portuaria. Lento y pasmoso, como su paso por las principales arterias de la ciudad. Recordándonos que el frente litoral industrial que un día fue envidia de una España atrasada hoy es objetivo de inversores inmobiliarios. Un lugar donde edificar un centro de segunda residencia en el que descansar, a dos horas y media de un Madrid realmente productivo desde el que se tarda menos en llegar que en desplazarse a la sierra. Soterrar el ferrocarril es una necesidad. Vital, como cualquier viaje. Tan imperiosa como fue cambiar los antiguos expresos por los modernos AVE. Necesaria para un Bulto cada vez más céntrico al que su corte en dos por la calle Ferrocarril del Puerto le impide la regeneración urbana que inevitablemente vendría de la mano del soterramiento. Vital para la ciudad en sus aspiraciones de potenciar la descarga de mercancías, su desarrollo industrial, la conexión con el puerto seco de Antequera y el transporte entre Málaga, Madrid, Zaragoza y la frontera francesa.

En mayo de 2016, José Llorca, presidente de Puertos del Estado manifestó que continuaban trabajando en el soterramiento. No sólo trabajaban, sino que estaban comprometidos con el proyecto. Los frutos se han hecho públicos el pasado día 9. El Ejecutivo central ha concluido que hace falta volver a coger el tren, redactar un nuevo estudio previo y encargar otro proyecto técnico. En julio del año pasado, el ministro del ramo, el Sr. De la Serna, ya dio pistas de que íbamos en un tren equivocado y planteó la necesidad de crear un grupo de trabajo. Que como Napoleón ya vislumbró hace 200 años, en España es la mejor manera de hacer que nada llegue a buen término, a falta de ir en tren. El proyecto que puso Adif sobre la mesa en 2010 ya no vale para nada. Seguramente lo archivarán con la carpeta de dibujos que olvidé hace 30 años en un trasbordo en Bobadilla para que un investigador estudie los viajes interminables.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios