El descanso de los Obama en la playa

  • La esposa del presidente de EEUU y su hija pasan un día de playa en Estepona tras el 'atracón' cultural de los das primeros jornadas. Sasha disfrutó de un pequeño safari en Selwo Aventura

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Desde poco antes de las 9:00, curiosos, miembros del servicio de seguridad, trabajadores del hotel Villa Padierna y su club de playa se afanaban en que todo estuviera perfecto y en no perderse ni un solo movimiento de lo que aconteciera en los 45 metros de litoral reservados para las Obama y sus acompañantes.  Y es que la visita a Marbella y la Costa del Sol de Michelle Obama y su hija menor Sasha no ha dejado a nadie indiferente. Después de su paseo triunfar el pasado jueves por Granada, apetecía algo de relax playero tras el atracón cultural de los dos primeros días. Para ello, nada mejor que visitar el club de playa del resort en el que se alojan, el Villa Padierna, abierto ex profeso en la playa de Costalita en Estepona para la visita de la primera dama de  Estados Unidos. De hecho, aún quedan flecos pendientes para determinar si permanecerá abierto tras esta presidencial escapada.

Al margen de los viajes de los perros policía por los alrededores, olisqueando cualquier atisbo de explosivo (que no lo hubo); de helicópteros del Ejército y la Policía Nacional que iban y venían continuamente del recinto del hotel a la playa, los primeros curiosos comenzaron a apostarse en las zonas acordonadas a las 9:30. Una pareja proveniente del sur de Gales explicó a este periódico que se encontraron todo el despliegue sobre esa hora, cuando salían a dar un paseo. "Y decidimos quedarnos", explicaban.

Paciencia, mucha paciencia tuvieron todos, la mayoría de ellos alojados en el hotel Playabella, de cuatro estrellas, ubicado justo al lado del club de playa. Y es que se fueron agregando más y más curiosos hasta que, pasadas las 12:40, la comitiva de 13 vehículos llegó hasta la playa. Allí bajaron rápidamente, sin que la primera dama saludara a las más de 300 (se podría decir que 500, si se cuenta los que se aglomeraban al otro lado de la playa) personas que llevaban horas esperando bajo el inclemente sol.

Quienes menos perdieron el tiempo fueron Sasha y sus amigas. Apenas cinco minutos tardó la hija menor de Obama en quitarse la ropa y, enfundada en un bañador de rayas, meterse en el agua durante una hora y veinte minutos. Apenas salió un par de veces, y de hecho, sus niñeras salieron hasta en dos ocasiones a pedirle a las pequeñas que dejaran el baño y entraran a comer, que ya eran más de las 14:00.  Es normal que estuvieran a gusto: la playa había sido acicalada y arreglada para la visita la semana antes: ni rastro de piedras. Eso sí, si se giraba la cabeza un poco hacia la zona no acotada y la entrada y salida del agua no era tan placentera: las piedras se sentían en los pies.

Pero ni rastro de la cara más buscada estos días en la Costa del Sol. Michelle Obama se quedó charlando tranquilamente con sus amigos y acompañantes (a su lado siempre va su secretaria personal y algunos de los 22 miembros de su gabinete personal) hasta la hora de irse, después de comer tranquilamente en el beach club del hotel.

Las impresiones de los curiosos que se acercaban no tenían desperdicio. Marcos Navarro, de Madrid, explicó que las medidas de seguridad eran "enormes". Sebastián Aguilar y Conchi Ruiz, de Coín, están durante esta semana veraneando en el Playabella y están muy contentos con la visita: "Está muy bien que vengan de vez en cuando". Ruiz disfrutó de varios minutos de fama, ya que televisiones nacionales que hacían sus directos desde la playa la entrevistaron.

En todos ellos expresó la misma opinión: "Una visita de estas características devuelve el caché a la Costa del Sol". Su marido, Sebastián, estaba de acuerdo: "Todo este dinero que se están gastando en seguridad y en todo este movimiento está bien invertido. Es una imagen muy buena para la zona". Opiniones comunes a la mayoría de los visitantes con los que pudo hablar este periódico.

   Después de pasar la mañana en la playa de Costalita, Sasha disfrutó por la tarde de los animales del parque Selwo Aventura, situado en este municipio malagueño. La pequeña llegó a estas instalaciones, del grupo Parques Reunidos, poco después de las 20:00, permaneciendo en él durante unas dos horas. En esta ocasión estuvo sin la compañía de su madre, Michelle Obama, aunque sí con otros niños del grupo de amigos, así como el personal de seguridad. Este parque temático y zoológico, que ocupa una extensión de 100 hectáreas, combina la observación de animales de diferentes especies procedentes de todos los continentes en estado de semilibertad y actividades de aventura.

Con el parque cerrado en exclusiva para ellos, la pequeña  disfrutó de las actividades interactivas que propone el mismo: dar de comer a las jirafas, a los lémures y a los wallabys, que son como unos canguros enanos. Y no sólo eso: también vieron al pequeño Kanvar, el único elefante asiático nacido en España, que el pasado mes de julio cumplió dos años, que vive su familia, sus padres Samy y Ghana y su tía Chiky.

Allí, comenzaron el recorrido por la Ruta de Los Valles, donde vieron ejemplares de origen asiático, euroasiático, americano y africano, a bisontes americanos, kulanes, bisontes europeos, camellos, dromedarios (tan cerca que casi se pueden tocar con las manos… es ésa al menos la sensación) y más adelante, el Desfiladero de los Osos, la Garganta de los Tigres y la Loma de leones.

La jornada prevista para hoy será un poco más movida. Tras el relax en la playa, la comitiva de la primera dama de EEUU se desplazará esta mañana a Ronda y por la noche Michelle Obama acudirá a la Gala Starlite, en la que actuarán como anfitriones Eva Longoria, Antonio Banderas y María Bravo, y que se celebra en el mismo hotel. Tal expectación ha levantado esta gala que hay 160 periodistas acreditados, cuando normalmente no pasan de la treintena.

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