Autopista 61

Hamburguesas de alce

Vuelva a su casa a cuidar a sus hijos, señora Palin, por el bien de América”, le decía una periodista a la candidata republicana a la Vicepresidencia de los Estados Unidos, que se ha hecho famosa por su escasa preparación política. He repasado el currículum de Sarah Palim y la verdad es que no da para mucho. Fue Miss Simpatía en el instituto, estudió en una ignota Universidad de Idaho y tuvo una breve carrera como periodista deportiva. En las entrevistas prefiere que la definan como una “madre normal” antes que como “gobernadora de Alaska”. Le gustan las hamburguesas de alce, las cacerías de osos, las motos de nieve y el hockey sobre hielo. Si le preguntan sobre su religión, responde que se considera “cristiana no-denominacional” (signifique eso lo que signifique).

Sí, la verdad es que este historial académico no dice mucho. Pero el problema de Sarah Palin no es que sea una madre normal. Una madre normal, si por “normal” entendemos una preparación académica escasa, podría ser una excelente profesional de la política o de cualquier otra área que no requiera una preparación específica. No hay que dejarse engañar por las apariencias. Una magnífica formación intelectual no garantiza un buen trabajo político, y para ello basta pensar en los intelectuales “neo-con” que han inspirado la política de George Bush. La paradoja del Gobierno catastrófico de Bush es que tenía más intelectuales prestigiosos que ningún otro gobierno americano en los últimos treinta años. Condoleezza Rice, la secretaria de Estado, lee a Dostoievsky en ruso y posee un historial académico apabullante. Y Paul Wolfowitz, que fue presidente del Banco Mundial, era el discípulo predilecto de los gurús conservadores Leo Strauss y Allan Bloom, que leían a Platón en griego y se pasaban horas y horas argumentando sobre Maquiavelo y Nietzsche (Saul Bellow los retrató en su novela Ravelstein). Pero nada de eso les ha servido para darse cuenta de la política ruinosa que estaban emprendiendo. O peor aún, al estar convencidos de que eran grandes intelectuales, nunca han querido aceptar las críticas ni reconocer sus errores. Y eso quizá no le hubiera sucedido a una madre de familia.

No parece que Sarah Palin pueda mejorar las cosas, pero ello no se debe a su escasa formación académica, sino a que su actitud demuestra muy poco sentido común, muy poca intuición y muy poca capacidad de aprendizaje, las mejores cualidades de una madre. ¡Esas hamburguesas de alce!

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