EL ESPAÑOL EN EL MUNDO

Lorca en Tokio

España se puso de moda en Japón por un whisky. Ni el flamenco ni los volantes tuvieron tanta repercusión, allá por los 80, como un anuncio de televisión de un destilado de la compañía Suntory. La mayor productora de whisky de la tierra del Sol Naciente fusionó las imágenes de la marca con postales de la Sagrada Familia y se generó un inusitado interés de los japoneses por nuestra cultura.

Pero esto es un simple episodio. El boom llegaría años después, con los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 que representaron la mejor carta de presentación al mundo de la España democrática. El interés de los japoneses por nuestra cultura “se ha mantenido estable con una ligera subida desde entonces. No en vano, hay entre 120.000 y 200.000 alumnos en todo Japón que estudian español, la mayoría universitarios. Sin embargo, a la vuelta, para los más de 700.000 turistas que visitan nuestro país España pasa por Andalucía. “Puede que hayan estado más días en Madrid, Toledo o Barcelona, pero sólo te saben nombrar Andalucía”. Es el diagnóstico que hace Víctor Ugarte, el director del Instituto Cervantes en Tokio, la sede más grande de la institución, creada en 1991, que vela por la promoción exterior de nuestro idioma y cultura.

No hay que lanzar campanas al vuelo. La cifra, aunque positiva, está lejos del interés que despiertan lenguas como el coreano o el chino, que están en auge en Japón en contraposición al francés y el alemán, lenguas europeas cuya fuerza ha decrecido en los últimos años entre la sociedad nipona.

Sociedad que asistirá a la inauguración oficial del centro Cervantes de Tokio el próximo mes con la presencia de los Reyes. Con tan sólo un año de vida –el instituto se abrió en septiembre de 2007–, arroja un balance positivo: más de 2.000 alumnos para 35 profesores y una mayor presencia de la sede en la vida cultural gracias a numerosas actividades yprogramas, como el Congreso Gabriel García Márquez, “el personaje hispanohablante más reconocido por los japoneses”, según Ugarte.

No es el único nombre hispano que suena con frecuencia en las clases del instituto. “Es verdad que la imagen que tienen es algo tópica por el flamenco, pero gracias a él se interesan por nuestra cultura y con ella por nuestro idioma”. Entre los españoles contemporáneos Paco de Lucía, Sara Baras y Javier Bardem son los más conocidos, además del mexicano Gael García Bernal, junto con los deportistas el F.C. Barcelona, Fernando Alonso y Nadal. Pero “todo los alumnos saben quién es Cervantes y Lorca es el más admirado”.

Son nombres de relumbrón que facilitan la primera toma de contacto con un país. El interés por el idioma viene después. De hecho, muchos de los turistas japoneses que quedan fascinados por la Giralda, la Alhambra y los paisajes de nuestra geografía son potenciales estudiantes de español. Como indica el director del centro Cervantes en Tokio, el perfil de los alumnos del Instituto es el de una mujer de 25 a 45 años, con alto poder adquisitivo, con gran interés cultural y que ha viajado o planea viajar a la península Ibérica. Sin embargo, el interés de los japoneses por los idiomas favorece que se abra el abanico de alumnos en los centros oficiales de enseñanza. “Tenemos alumnos de 80 años que vienen a clase con sus deberes hechos y que se toman muy en serio el aprendizaje de otro idioma”, según Ugarte. Del modelo educativo del Instituto Cervantes, los japoneses valoran que no se agote en interminables horas de gramática y traducciones. Por la dificultad de su alfabeto, les sorprende que el nuestro sea un sistema comunicativo tan directo. “Al principio son reticentes a hablar, pero les acaba entusiasmando”, comenta el director del Cervantes.

Un entusiasmo por nuestro idioma que crece exponencialmente en toda Asia. Ahí están los datos: más de 25 millones de personas estudian español en el mundo. De ellos, unos 60.000 universitarios japoneses, unos 20.000 en Filipinas y otros 15.000 en Corea del Sur. En el Pacífico Sur también se nota la ola hispana: Australia y Nueva Zelanda suman unos 60.000 estudiantes de español. Y a ello se suma la enorme demanda de profesionales de la enseñanza del español en lengua extranjera. De un modesto dialecto del latín vulgar, nacido en el Norte de España, se ha pasado a una lengua con cientos de millones de hablantes repartidos por todo el planeta en el lapso de poco más de un milenio. Cervantes se pasea por el mundo.

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