Demonio que amarga la vida

  • Unos dos millones de personas en España padecen anualmente depresión, una enfermedad con amplia repercusión social.

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"La depresión es una grieta en el amor. Para ser criaturas que amamos, debemos ser criaturas que nos desesperamos por lo que perdemos, y la depresión es el mecanismo de esa desesperación". Con estas poéticas palabras inicia el profesor de Psiquiatría de la Universidad de Cornell Andrew Salomon su obra El demonio de la depresión, un tratado sobre la patología psiquiátrica más prevalente, que fue finalista del Premio Pulitzer y que se acaba de publicar en español. Más allá de la poesía, la depresión es un problema de salud pública de enorme importancia en España, como han recordado en un encuentro informativo las tres sociedades que agrupan a los médicos encargados de tratar esta enfermedad: la Sociedad Española de Psiquiatría, la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental y la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica.

Los datos son demoledores: se trata de una de las primeras causas de pérdida de productividad, jubilación anticipada y ausencia laboral por enfermedad. En España, casi dos millones de diagnósticos solo en 2013 y una prevalencia del 4% de la población. Nuestro país es, además, el país europeo con las tasas más altas de síntomas depresivos en población de edad avanzada. Por esta razón, resulta de especial interés la publicación del libro de Salomon que, a su vez, lleva 20 años conviviendo con la enfermedad. El autor escribe por lo tanto desde el conocimiento directo pero entrevista a decenas de otros pacientes. El mensaje común de todos es que no es fácil salir de la depresión, pero sí se puede aprender a convivir con ella. "Regulo mi vida. Nunca me salto un solo día de medicación. Con la ayuda de mis dos médicos, ajusto las dosis y trato de modificar mi comportamiento tan pronto como reconozco el menor índice de recaída", escribe el estadounidense, que denuncia el tabú existente en la sociedad en torno a la enfermedad. El jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Saiz define el estigma que rodea a la depresión como "arcaico, irracional, injusto y sin fundamento" y apela a la compresión y a la empatía como herramienta necesaria para apoyar a sus afectados.

Pero antes de plantearse un tratamiento, es imprescindible alcanzar un diagnóstico algo que, como señalan los psiquiatras españoles y el autor estadounidense, dista de ser una realidad en la mayoría de los casos. Los expertos explican este fenómeno por "cierta banalización del problema por confusión con trastornos más leves del estado de ánimo". A juicio del presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, Miquel Bernardo, esta situación puede cambiar gracias a los nuevos sistemas clasificadores que "ayudan a un planteamiento más objetivable y medible de la depresión y de la respuesta al tratamiento".

Las numerosas terapias farmacológicas existentes para la depresión se abordan también en el libro de Solomon que no duda en mencionar el otro gran tratamiento que aún se utiliza y con mucho éxito para la patología, pero del que apenas se habla: el electroshock y también el tratamiento complementario más utilizado, la psicoterapia y otros como el psicoanálisis del que el autor afirma que "resulta muy útil como teoría explicativa, pero no es eficiente como terapia". Respecto a los fármacos, el escritor describe las cuatro clases existentes y enumera los diferentes compuestos activos pertenecientes a cada grupo, inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, los tricíclicos, los inhibidores de la monoaminooxidasa y los antidepresivos atípicos.

A pesar de la gran cantidad de medicamentos disponibles, Bernardo no duda en señalar que "persisten altos grados de refractariedad al tratamiento y son necesarios nuevos fármacos efectivos y bien tolerados". "Aquellos que podemos sentirnos bastante mejor gracias a cualquier tratamiento debemos considerarnos afortunados por más serias que hayan sido nuestras crisis", concluye el capítulo sobre este aspecto Solomon.

La depresión seguirá siendo un problema de salud pública pero lo que es evidente es que su manejo por parte de profesionales experimentados puede dar la vuelta a la situación.

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