La cirugía robótica marca el futuro inmediato en urología

  • La Asociación Española de Urología no mira al pasado tras cumplir 100 años. Es una de las especialidades que más ha impulsado la tecnología en el ámbito clínico.

Con la cirugía robótica como estandarte, la Asociación Española de Urología (AEU) acaba de cumplir 100 años, que marcan el suma y sigue a "una de las especialidades que más ha contribuido al impulso de la cirugía". Así lo subrayó su presidente Humberto Villavicencio en la celebración del centenario en la Real Academia Nacional de Medicina, que sirvió para recordar los hitos y anécdotas de esa larga y exitosa historia y para asomarse a un futuro que ya se hace realidad entre modernas técnicas laparoscópicas, telemedicina, nanotecnología y nuevos fármacos.

Desde que el propio Villavicencio estrenó en 2005 en la Fundación Puigvert barcelonesa el robot Da Vinci como asistente en sus operaciones de próstata, la técnica se ha extendido en España, donde hay ya 18 de esas plataformas robóticas de cirugía asistida por ordenador. "La AEU ha recogido la evolución de la especialidad a lo largo de cien años", remarcó su presidente, que deseó y pronosticó "larga vida a la urología" tras repasar su trayectoria hispana (los 53 socios fundadores presididos por Luis González Bravo superan hoy los 1.700) y sus antecedentes históricos, que se remontan al antiguo Egipto.

En esa época se realizaban ya circuncisiones, y también se conocían la hematuria o sangre en la orina y la litiasis vesical o piedras en la vejiga. La Edad Media y las posteriores etapas clasicista y renacentista vieron un gran desarrollo del instrumental para el tratamiento de uretra y vejiga. Y el término urología se escucharía por primera vez en 1840, cuando el cirujano Leroi d'Etoiles definió con él la especialidad de los cirujanos volcados vocacionalmente "hacia la solución de las enfermedades renales y de las vías urinarias". En el recorrido histórico de Villavicencio no faltaron, en el último tercio del siglo XIX y el primero del XX, urólogos pioneros de la cirugía mínimamente invasiva como Max Nitze o Joseph McCarthy. Ni, en el ámbito español, nombres como el médico real Andrés Laguna, el autor del "Tratado de Urología" Francisco Díaz, el primer catedrático de la materia Martín de Castellanos, o un personaje clave como Joaquín Albarrán, nacido en Cuba, hijo de emigrante español y que compaginó su carrera médica y docente en París con una relación especial con España.Sobre esos cimientos se construyó la AEU, impulsada por González Bravo a finales de 1910 en Madrid y que celebró su sesiòn fundacional en marzo de 1911 en el Colegio de Médicos capitalino. Para entonces, el premio Nobel Alexis Carrel había realizado en 1908 el primer trasplante renal en animales, un injerto que se iría generalizando entre humanos en la segunda mitad del siglo y que ha situado a España (el primero con éxito fue en Barcelona en 1965) en el liderazgo mundial.

No fue un camino de rosas, como contó el decano y ex presidente de la AEU (1978-82) José Antonio Martínez Piñeiro, quien recordó aquellos "tiempos de penuria" sin ni siquiera una sede. Pero esa época de dificultades, con discrepancias con profesiones 'cercanas' y sin recibir "ni el menor apoyo administrativo de los Gobiernos de turno", no impidió que se ampliaran en cinco los grupos de trabajo. Los logros se irían acumulando después, hasta traducirse hace quince años en una Oficina de Historia de la AEU y en una Fundación para la Investigación en Urología basada, según su presidente Jesús Castiñeiras, en "dos grandes pilares: independencia y rigor científico", y dirigida a "apoyar a los grupos emergentes" y "promover campañas de prevención y educación sanitaria". Y queda bien surtida la galería de personajes con notables aportaciones teóricas y de técnicas quirúrgicas, como Salvador y Josep María Gil-Vernet, Antonio Puigvert, Remigio Vela, Enrique Pérez Castro o Antonio Rosales, director del primer trasplante renal por vía laparoscópica.

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