Idiosincrasia del Jueves Santo

La primera luna llena de primavera acompaña la celebración de la Semana Santa y a ella se han sumado numerosos ritos, costumbres y tradiciones. La copla popular reza: "Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión". Cuando las cofradías están procesionando por las calles, en los templos se inicia el Triduo Pascual que culminará en la Vigilia de la noche del Sábado Santo, donde se conmemora la Resurrección de Jesucristo.

Dentro de los oficios del Jueves Santo, adquiere especial relevancia el lavatorio de pies, por parte del sacerdote a otros creyentes; con esta ceremonia se recuerda el momento narrado en el Evangelio, cuando Jesús realiza esta labor a sus discípulos, antes de la celebración de la última Cena. Muchos son los ritos, costumbres y tradiciones que entroncan con este día.

La última Cena

Jesús era judío y se encontraba en Jerusalén con sus discípulos para celebrar la fiesta de la Pascua, esta celebración conmemora la liberación del cautiverio egipcio al pueblo de Israel. Según lo relatado en el libro del Éxodo, en ella se debía cenar un cordero y su sangre ser rociada en la puerta; esto servía como señal de protección para evitar que el ángel exterminador matara al primogénito de la familia; de esta forma las casas señaladas eran judías y las restantes egipcias. Los primogénitos egipcios murieron y el faraón, temeroso, dejó a los israelitas en libertad; encabezados por Moisés cruzaron el Mar Rojo, cuando Dios abrió sus aguas. La eucaristía cristiana conmemora el momento de celebración de aquella última cena de Jesús, ya que al día siguiente fue crucificado.

Monumento de la Catedral

En la Catedral, una vez finalizados los oficios de las cinco de la tarde, el Santísimo Sacramento se traslada del sagrario de la capilla de la Encarnación al monumento, que es un altar efímero que se alza para este día en la zona del trascoro -en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús-; aquí permanecerá reservado para la comunión del Viernes Santo, ya que con la muerte del Señor la liturgia de la iglesia no contempla la consagración del pan y del vino en cuerpo y sangre de Jesús.

Visita a siete monumentos

En los templos toda la atención queda volcada en la adoración del Santísimo en el monumento y se celebra la llamada Hora Santa, en la que se hace especial hincapié en el sentido del Jueves Santo como día conmemorativo del Amor Fraterno. En esta jornada se realiza la tradicional visita a siete monumentos instalados en distintos templos, costumbre que entronca con el recordatorio de siete momentos claves en la pasión del Señor: Prendimiento en Getsemaní y conducción ante Anás, Juicio nocturno ante Caifás, Jesús ante el Sanedrín, Jesús ante Pilatos, Jesús ante Herodes Antipas, Jesús nuevamente ante Pilatos y por ultimo Jesús es sentenciado a morir. Esta misma visita la realizaban las cofradías malagueñas en siglos pasados.

Mantillas

La mantilla es una clásica prenda femenina que sirve para cubrir la cabeza y los hombros de las mujeres, cuando es de color negro simboliza respeto y luto; esta costumbre tiene sus antecedentes más remotos en la cultura íbera. En la España del siglo XVI comienza a popularizarse, y en el XVIII llega como símbolo de distinción a las clases más acomodadas. Para la solemnidad del Jueves Santo y la visita de los monumentos cobró especial importancia en los siglos XIX y XX; en nuestros días ha decaído este uso, aunque sí son cuantiosas las cofradías que incorporan a mujeres ataviadas de mantilla en sus cortejos.

La llave del sagrario de las Catalinas

La iglesia de la Aurora y Divina Providencia, conocida popularmente como Las Catalinas, es la sede canónica de la Hermandad de Viñeros; durante la procesión la imagen del Nazareno porta, en su mano derecha, la llave del sagrario de este templo.

La matraca de la Catedral

La catedral conserva en su campanario una matraca de madera circular, con martillos metálicos y cajas de resonancia; para mostrar el luto por la muerte de Jesús se hacía sonar durante el Triduo Pascual en lugar de las campanas. En el año 2006 fue restaurada y dotada de un motor para un posible uso.

La Luna de Nisán

En el siglo IV existía en la cristiandad una gran confusión, porque habían surgido numerosas tendencias o grupos de practicantes que utilizaban cálculos propios para la celebración de la Semana Santa. En el año 314, en el Concilio de Arlés, se obligó a que se celebrasen la Pascua el mismo día, en una fecha fijada por el Papa. Sin embargo, no todas las congregaciones siguieron estos preceptos.

Es en el Concilio de Nicea, del año 325, cuando se avanza para solución de este asunto, y se establece que la Pascua de Resurrección tenía que ser celebrada cumpliendo unas determinadas normas: que se celebrase en domingo; que no coincidiese nunca con el día de la Pascua judía (para evitar confusiones entre ambas religiones); etc. A pesar de todo siguieron existiendo diferencias entre las iglesias cristianas de Roma y Alejandría. Hay que esperar al año 525 cuando el monje Dionisio, el Exiguo, convence al Papa de los aciertos del cálculo alejandrino y se unifica la fecha de la celebración.

La fecha de la Pascua de Resurrección tiene que coincidir con la primera luna llena de primavera; a partir de esta premisa se fija la fecha de celebración de la Semana Santa. Nuestro calendario actual está basado en el sol, que consta de 12 meses al año; sin embargo, el calendario lunar contempla periodos de 28 días, lo que supone 13 lunas al año. Desde hace siglos esta luna recibe el nombre de Luna de Nisán, que significa en hebreo retoño o primer brote. La iglesia combina el calendario solar y el lunar en su año litúrgico. La primera luna llena de primavera oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril, y por ello la Semana Santa es variable.

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