Viernes Santo con un sabor agridulce

  • Solo tres cofradías y Servitas pudieron hacer estación de penitencia por las calle. Dolores de San Juan, Descendimiento, Monte Calvario y Amor no salieron debido a las previsiones meteorológicas desfavorables.

LA desesperación y el pesimismo vividos desde el Lunes Santo pareció que se alejaron el día de la muerte del Señor. Hubo luto, silencio -no en todos los rincones cofrades- y recogimiento -a veces una barata imitación-. No fue un Viernes Santo completo pero la situación podía haber sido mucho peor. Y no lo fue porque solo tres cofradías y la Orden de Servitas pudieron hacer el recorrido por las calles, después de que los chubascos caídos a primera hora de la tarde impidieran a Dolores de San Juan, Sagrado Descendimiento, Monte Calvario y Amor salir a la calle.

A medida que avanzó la tarde, el cielo se abrió y las nubes comenzaron a coger el camino del descanso momentáneo. El grupo de hermandades que tenían programadas su salida de 17:00 a 19:00 se vieron muy afectadas ante la inestabilidad del tiempo. Pero el ardor acumulado, la tristeza, el sabor agrio que tanto el cofrade y la ciudad han ido mascando en esta insólita y desesperante Semana Santa se tornó dulce a partir de las 19:30. A esa hora llegó la tranquilidad y la credibilidad de que la jornada se cerraría sin caer una sola gota, como así fue.

Este Viernes Santo cojo llama a la reflexión. ¿Cómo debe ser la celebración de este día por parte de las cofradías? ¿En qué nivel está la cultura nazarena en esta jornada de luto y recogimiento? Si el máximo precedente en estas cuestiones lo ha marcado Dolores de San Juan, su ausencia nazarena dejó el nivel algo bajo. A pesar de ello, hubo momentos para el disfrute, como el respeto que sigue imponiendo el catafalco de Moreno Carbonero y que lleva a Cristo sin vida, la vuelta a siglos pasados con los nazarenos, la oscuridad y el rezo de la Corona Dolorosa de Servitas o el carácter popular que se vive en la Trinidad con la Soledad de San Pablo. También cabe mencionar la divina efigie del grupo que conforma Nuestra Señora de la Piedad. Cristo murió pero hubo vida por las calles de Málaga, que contó con un público con ganas de procesiones y de vivir las procesiones sin tener que mirar durante un buen rato al cielo.

'NO' EN SAN JUAN

Este año, las calles se quedaron huérfanas de la seriedad y el silencio de la corporación de San Juan, donde estas virtudes se escriben en mayúsculas. La permanente de la Archicofradía aprobó por unanimidad no hacer estación de penitencia por las calles aunque se realizó un Vía Crucis por las naves del templo. También sonaron algunas piezas interpretadas por las capillas musicales que acompañan al Cristo de la Redención y a la Virgen de los Dolores. Un Padrenuestro puso final al acto. El hermano mayor de la corporación, Aurelio Díaz, señaló que la decisión de no salir "es una decepción", pero que en la situación que se vivió "era más fácil de tomar ya que las previsiones no son nadas halagüeñas". Sobre las 19:30, la iglesia de San Juan abrió sus puertas para que el público pudiera contemplar de cerca a los titulares en sus tronos. La cola para ver a las imágenes llegó casi al principio de la calle San Juan. Había ganas de acercarse y saludar a los titulares que estuvieron expuestos hasta las 23:00.

HOSPITAL NOBLE

La cofradía que radica en la capilla del Hospital Noble también tuvo claro su decisión de no salir debido a la inestabilidad meteorológica. A la hora de su salida, las 17:25, caían algunas gotas, eso sí, muy débiles pero lo suficiente como para impedir la salida. El no volvió a llegar por segunda vez. Los varales y las campanas de ambos tronos tuvieron que ser cubiertos con plásticos ya que, al estar montados en un tinglao, se mojaban por la ligera lluvia que caía. La Virgen de las Angustias lució piñas de rosas blancas y orquídeas y con su candelería encendida. Después de Semana Santa, la Virgen irá al taller de Luis Álvarez Duarte donde será sometida a una restauración. Por su parte, el Sagrado Descendimiento llevó buganvillas como exorno floral. Sobre las 21:00, la cofradía realizó un Via Crucis para, posteriormente trasladar a las imágenes hasta la capilla del Hospital Noble. El Cristo fue portado por varios hermanos con mayor antigüedad.

INTENTO A LA CATEDRAL

La Cofradía llegó a plantear su salida pero por un itinerario más corto y directo y únicamente haciendo estación de penitencia en el primer templo de la ciudad, la Catedral. Así, en un primer momento se fijó tirar por Compás de la Victoria, calle Victoria para seguir por Alcazabilla, Cister y Patio de los Naranjos. Pero las predicciones no daban seguridad y finalmente la hermandad decidió no salir.

Sobre las 16:00, el Cristo Yacente de la Paz y la Unidad bajó desde su capilla del monte Calvario en unas andas llevadas por seis portadores hasta la basílica de la Victoria donde fue entronizado posteriormente. Tras comunicar la decisión de suspender la procesión, la hermandad organizó el traslado de vuelta con el Yacente y la Virgen del Monte Calvario que comenzó pasadas las 2:00 ya que tuvieron que esperar a que la Cofradía del Amor y Caridad hiciera lo propio con sus titulares. Hasta esa hora, centenares de personas se acercaron para ver a los titulares.

NUEVO GRUPO

La Cofradía de la Soledad de San Pablo retrasó su decisión de salir a la espera de los últimos partes meteorológicos que fueron favorables. Los datos del tiempo de las 20:00 propiciaron finalmente que la hermandad decidiera salir por las calles. La corporación trinitaria salió una hora más tarde (20:30) y estuvo muy arropada en su recorrido, sobre todo a la salida y a su paso por la calle Trinidad donde no había hueco para ver el cortejo.

El Santo Traslado presentó uno de las novedades de esta Semana Santa, que se pudo ver. El grupo escultórico que iba con el Señor aportó modernidad y causó buena sensación. El problema es que se trataban de seis figuras, cuando el Señor ha ido acompañado solo de tres. El resultado: un trono sobrecargado de imágenes, sin espacios y sin poder contemplar bien a las tallas. El conjunto queda muy agolpado. Algunas figuras estaban muy al borde del trono, que cuenta con las dimensiones que tiene.

La banda del Real Cuerpo de Bomberos abrió el cortejo con la marcha Soledad de San Pablo (Zueco Ramos). Tras el Señor hubo otra novedad de carácter musical. El Santo Traslado caminó bajo los sones de las cornetas de la banda del Paso y de la Esperanza que volvió a demostrar el gran nivel en el que está sumergido. El repertorio fue de lo más respetado, con marchas clásicas y sobrias. Mucho Escámez y otras muy adecuadas. Tras la Marcha Real sonó Réquiem (A. Escámez) Expiración, La Lanzada y Cristo del Amor, ésta última sirvió para dar la curva de Trinidad a Avenida de Fátima. Después la banda tocó Amor de Madre. La siguiente curva, para acceder al puente de la Aurora se hizo bajo los sones de Mi amor en tu corona (A. Zumaquero).

La Virgen de la Soledad también estrenó los remates de la cruz, que llevan motivos eucarísticos y el Inri, además del sudario, obra de Eduardo ladrón de Guevara. También dio un toque moderno pero, ¿alguien se acuerda de la cruz octogonal? Era más sobria. En todo caso la Virgen y el trono relucieron. La banda municipal de Álora interpretó Santo Traslado (Miguel Pérez) a la salida. Ya por la calle Trinidad sonó Viernes Santo en la Trinidad para seguir con Getsemaní. En cuanto a los exornos florales, el Cristo llevó un risco con flores silvestres, no muy abundante, algo lógico si se tiene en cuenta el poco espacio que queda. Por su parte, la Señora llevó orquídeas que sirvieron para resaltar aún más el conjunto. Tampoco faltó la escuadra romana, una docena. Cada año se alistan menos, pero la cofradía mantiene este símbolo muy propio.

CALLES SIN AMOR

La tarde ya apuntaba maneras y la cofradía del Amor siguió la tónica de las primeras cofradías de la jornada del Viernes Santo. No salir. Pero esta decisión no se tomó en un momento. Desde por la mañana la Comisión de Agua de la cofradía mantuvo varias reuniones.

Desde el Centro de Meteorología alertaban de un frente lluvioso en Marbella que se iba acercando al capital. En la calle Fernando el Católico, el típico rumor previo a una salida procesional. Un ir y venir de túnicas, músicos, nazarenos y mantillas. Todo dentro de lo normal, si no llega a ser porque a la hora prevista de la salida, 18:45, todo seguía igual. Debido a los nuevos datos, no muy alentadores, que se iban conociendo en la hermandad victoriana, se decidió retrasar su salida una hora. Mientras los nazarenos esperaban unirse a sus tronos desde la Basílica y Real Santuario de la Victoria.

La hora límite no llegó. Minutos antes de la supuesta salida, se anunciaba a la vez en el Santuario y en la casa hermandad que la cofradía había suspendido su salida procesional. Todo esto en el año en el que se cumplía el 75 aniversario de la incorporación de la advocación de la Caridad al título de la cofradía. Ciñéndose a lo estrictamente material, la climatología privó a la ciudad de ver el buen estado en el que ha quedado el trono del Cristo del Amor tras su restauración. O también, la delicadeza con la que iba exornada la Virgen de la Caridad a base de orquídeas rosas. Habrá que esperar un año.

FALLA LA LUZ

El barrio del Molinillo siempre espera con ganas la salida del grupo escultórico de la Piedad. Una salida atípica y hasta cierto punto, poco funcional. Los nazarenos dan dos vueltas a la misma manzana para ordenarse mientras sale el trono desde la casa hermandad situada en la calle Alderete. El trono lució un bastón de mando con un crespón negro en su frontal en señal de luto por la muerte del que fuera hermano mayor de la cofradía, Waldo Fernández. Recogimiento que contrastaba con unos desacertados hachones en color crema, que no sólo rompían con la estética de la hermandad, sino que además dejaban más a la luz que eran de parafina y no de cera. En el apartado musical, gran repertorio, a excepción de Caridad del Guadalquivir (Paco Lola), el que sonó tras el trono de manos de la banda de Zamarrilla. La Piedad recorrió las calles a los sones de grandes marchas como Getsemaní (Ricardo Dorado), Cristo de la Agonía (Abel Moreno) o Virgen del Amor Doloroso (Eloy García).

ÁRBOLES Y BOSQUES

A veces los árboles no dejan ver el bosque. Éste podría ser el resumen del desfile procesional de la cofradía del Santo Sepulcro. Ya está todo dicho del imponente catalfalco y de la estremecedora figura del cuerpo inerte del Señor. De la majestuosidad de la marcha fúnebre de Chopin, cuya melodía es un pulso a la sensibilidad humana. De la sin par belleza de la Soledad del Sepulcro, ataviada con sus tradicionales calas y jacintos blancos. Todo esto serían árboles. Pero ¿y el bosque? El bosque es una jungla de ruido que se paraliza sólo ante el paso del trono del Señor, quizá porque deja sin palabras, no porque la cofradía imponga el silencio con su sola presencia. Nazarenos vueltos, hablando en voz alta, otros con tenis... Estampas que en ocasiones hacen que se disperse la idea de estar ante una cofradía de Viernes Santo. La melodía de esa naturaleza viva vino de manos de una banda municipal inconmensurable como siempre y de una banda de la Esperanza que realizó una gran actuación. Hizo sonar, como en otras ocasiones, marchas ejemplares en momentos claves. Soledad de Pefecto Artola se escuchó, por ejemplo, en la rotonda del Marqués de Larios y en la Tribuna Principal. A la entrada de la calle Larios sonó Virgen del Valle (Gómez Zarzuela). La Madrugá (Abel Moreno) sonó en la plaza del Carbón o Soledad Franciscana en la plaza de la Merced.

EJEMPLAR

No hay mejor cierre para un Viernes Santo que presenciar una procesión que verdaderamente te transporte a un Viernes Santo. La Orden Tercera de Servitas volvió a dejar un buen sabor de boca en esta Semana Santa de ausencias, a la espera del Resucitado. Para el recuerdo imborrable, el paso de la procesión por la calle Pozos Dulces. Cantos gregorianos surgían al paso de la Virgen de los Dolores por el oratorio de las Penas. Allí, las candelerías encendidas del Cristo de la Agonía y la Virgen de las Penas, otorgaban una antorcha de luz que engrandecía la estampa. Tiendas de golosinas o bares de copas. Todos van doblegándose ante su paso y apagan sus luces. Hay ópticas que se resisten a hacerlo, pero el efecto dominó hará que caigan por su propio peso. Ojalá.

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