El cielo y la lluvia jugaron a dos bandas

  • Sólo la hermandad de los Gitanos pudo completar su recorrido pero con percances · Crucifixión y Pasión se volvieron tras su estación en la Catedral · Cautivo y Dolores del Puente decidieron no salir.

YA lo decían las últimas predicciones meteorológicas de la semana. Serían unos días semana plagados de incertidumbre. De mirar constantemente al cielo, sin ninguna pista sobre lo que iba pasar. Las previsiones por minuto y horas serían claves. Después de dos años (2009 y 2010) en los que la climatología había perdonado la Semana Santa, este año no pudo ser. Fue un día de dudas, de nervios, de temple y finalmente de decisiones duras y seguramente cuestionadas. El Lunes Santo se saldó con procesiones truncadas, Gitanos como único que completó el recorrido y una gran ausencia; El Señor de Málaga, Nuestro Padre Jesús Cautivo, que no pudo salir.

el don de ser oportuno

Salieron cinco minutos antes de lo previsto. Pero no fue suficiente. La hermandad de la Crucifixión era la primera en salir en una tarde en la que el cielo no dejaba nada claro. Avanzaba por la Cruz Verde como si nada pasara, a pesar de que la lluvia ya había aparecido. Y fue en incremento. Nunca perdió la compostura. En su cortejo bien formado y ordenado, no se adivinaban los nervios que suelen aparecer en estas situaciones. Desde el primer momento desde la hermandad se vaticinaba "normalidad". Seguirían su recorrido según lo previsto es más, iban en hora. Pero en la calle Álamos, la lluvia empezó a caer con más intensidad. Tras la Virgen, que iba adornada con un exorno ejemplar a base de orquídeas blancas y calas, iba la banda de música de la Paz. Parte de los músicos se retiraron en calle Mariblanca dejando sólo la batería de tambores tras la imagen de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. La banda en su totalidad se volvió a incorporar a filas en la plaza de Uncibay.

Al ser la primera de la tarde con mucho margen de horario sobre las demás, la hermandad de Crucifixión aprovechó esa oportunidad y se dirigió directamente hacia la Catedral. Eran las cinco de la tarde y a esa hora se preveía la retirada de la lluvia. Con la misma compostura se dirigía hasta el primer templo de la diócesis.

Una vez salieran de la Catedral, la hermandad retomaría su camino en busca de realizar el recorrido oficial. Por recomendación de la Agrupación de Cofradías, para ajustar horarios, le pidieron acortar su camino tomando Molina Lario, Strachan y Sancha de Lara para atravesar Larios y acercarse a la Alameda pero la lluvia, después de un paréntesis en el que incluso salió el sol, volvió a aparecer. En ese punto las hermandad tenía dos opciones. Seguir por calle Martínez o seguir directamente por la calle Larios, y esto fue lo que finalmente hizo. En un principio se barajó la posibilidad de volver a la Catedral y resguardarse allí, pero se desestimó, por lo que la hermandad prosiguió su camino hacia la casa hermandad donde se encerró.

raza y valentía

La calle Frailes a las cuatro de la tarde era una tumba. Sólo roto por los sonidos de la Crucifixión que ya se adivinaba. La puerta de la casa hermandad cerrada a cal y canto, como siempre hasta el momento de la procesión. No había movimientos extraños, nada en lo que poderse apoyar para saber lo que se cocía en la casa hermandad de los Gitanos. Un portador con su túnica en la bolsa conversaba con una joven nazarena de María Santísima de la O. "Estamos esperando. Aún no sabemos si vamos a salir o no. Hasta el último momento no dirán nada". Esas eran sus palabras. Y así fue.

El horario de salida oficial de la cofradía de la Columna eran las cinco y cuarto. Sólo un cuarto de hora después. Las puertas de la casa hermandad se abrieron, al igual que el cielo, y la calle tornó en aplausos. Sobre un impecable monte de claveles rojos, el Señor de la Columna se hacía a la calle a los sones de Cristo el Amor de Escamez a cargo de la banda de cornetas de la Estrella.

El mal estado en el que se encuentra el trono rompía la perfecta estética que presenta el Moreno cada Lunes Santo. Al parecer la hermandad tiene proyectada a largo plazo una profunda restauración del trono de Palma Burgos. Demasiados tenis en las filas de nazarenos, pero por lo demás nada reprochable en el cortejo de una imagen que acostumbra a dejar estampas memorables como la bajada por la calle Mariblanca o ese encierro tan personal, como particular y multitudinario.

En el trono de María Santísima de la O lucía la principal novedad que presentaba la hermandad para este año. La imagen llevaba en su candelería velas rizás, que encajaban perfectamente con el conjunto en el que procesiona la dolorosa. Atributos que aportan a la virgen morena, porque su estética así lo defiende. Como defendió con valentía este exorno la junta de gobierno hace un mes cuando se conoció la noticia, alejándose de la polémica creada al margen de su voluntad.

Fue la hermandad de la jornada que pudo llorar con un ojo. La procesión prosiguió por Carretería con normalidad y tal y como marcaba su horario, amén del pequeño retraso provocado por la reunión mientras se tomaba la decisión de salir. En la Tribuna de los Pobres comenzó una leve lluvia que hizo que aparecieran lágrimas en los cofrades de los Gitanos y un plástico que salvaguardó a la imagen del Señor durante un tramo de recorrido. Se retiró en cuanto la lluvia amainó. En un momento en el que las alarmas volvieron a saltar por la climatología, la hermandad de la Columna siguió firme en su idea y decidió continuar, a paso más ligero, su recorrido con normalidad.

un cuarto de siglo

En Santo Domingo las decisiones tardaban en llegar. A lo largo de su vida, la política de los Dolores del Puente había sido de salir si a la hora de iniciar la procesión no llovía. Pero en esta ocasión las previsiones no permitían ser tan optimistas. Alrededor, de las ocho y cuarto, quince minutos después de la hora prevista de su salida. Se confirmaba lo que durante minutos se rumoreó. La hermandad no iba a realizar su salida procesional. Alguien dijo una vez que las estadísticas están para romperse, y eso es lo que hizo Dolores del Puente con su propia historia. Y es que nunca había dejado de salir la dolorosa por las calles de su barrio. Contando los años en los que recorría el Perchel sin estar agrupada. Algún día tenía que llegar. Y llegó. No hubo lugar para nada más, sólo para la decepción y la impotencia.

Con notable expresión de emoción, el hermano mayor de la cofradía de Santo Domingo, Antonio Jódar, se dirigió a sus cofrades diciendo: "Hermanos, la estación de penitencia ha terminado". "Los Sagrados Titulares nos han pedido el sacrificio más grande, el de no salir", confesaba Jódar. Durante la noche no cesaron las visitas al templo dominico para poder contemplar, aunque fuera entre los muros del templo, al Cristo del Perdón y a Nuestra Señora de los Dolores Coronada.

aplausos al cielo

A las cinco de la tarde ninguna proeza torera parecía condicionar la salida de Pasión en Plaza Los Mártires. Bastaba con mirar al cielo para comprobar que el destino se resolvería en cuestión de minutos, simplemente por imperativos meteorológicos. No fue a las cinco, sino a las seis menos cuarto cuando la banda de cornetas y tambores de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Almogía entonaba la marcha Santa María para aliarse con el respiro que la climatología brindó, precedido de un sonoro aplauso. Por calle Santa Lucía el sol hacía acto de presencia quizás para alumbrar también una salida tan complicada como la que depara cada año a los portadores del Cristo y de la Virgen.

A las puertas del templo tocaba silencio por la primera prueba de fuego. La medida exacta y el paso correcto permitieron que la cruz no chocase con el arco de la entrada. El segundo desafío pondría a prueba la habilidad y veteranía de los hombres de trono y capataz para sortear esquinas imposibles. "Medio pasito a la derecha, nada más", se escuchaba entre el gentío. Finalmente, la cuadratura del círculo se cumplió, con la mirada orgullosa de San Ciriaco y Santa Paula en los azulejos de la fachada. Frente a la pastelería Aparicio el trono se detuvo con la complicidad de un devoto emocionado que mostraba su pulgar alzado a un nazareno como seña de aprobación. Le tocaba el turno a la Dolorosa bajo palio y de nuevo un instante de silencio. "A brazos, la sacan a brazos" explicaba un joven cofrade a su amiga para, acto seguido, entonar con la muchedumbre un sonoro "¡uyyy!". La virgen se tambaleo dos veces a la salida pero a la tercera recobró el equilibrio y emprendió de nuevo el rumbo "con poderío", como pidió su capataz. Los ecos de la marcha Jesús de la Pasión acompañarían a la Señora por Santa Lucía, justo cuando se cumplen 25 años de su composición. Tras hacer estación en La Catedral, y continuar mirando hacia arriba, la junta de gobierno decidió en sacristía no hacer el recorrido oficial y regresar a Los Mártires por el mismo itinerario de ida.

UNA LARGA ESperA

Después de varios avisos, tan sólo quedaba cruzar los dedos en calle Alcazabilla. La salida de Estudiantes estaba prevista para las siete pero la tarde no invitaba a cumplir el horario. El cielo parecía nuevamente tener ganas de jugar al escondite y repartió por espacio de hora y media momentos de sol, nubes y lluvia. La impaciencia y la indecisión tan sólo hacía que aumentara aún más la rumorología: ¿saldría o no saldría? Desde los balcones los nazarenos más jóvenes probaban muecas hacia la calle, sabedores privilegiados de las decisiones que se estarían tomando en el interior de la sede. Un amago de apertura de puertas desató sobre las 19:40 una euforia contenida. Tan sólo se trataba de un respiro para el centenar de portadores, que salía a la calle a fumar un cigarrito, coger aire y comunicar de paso la buena nueva. Estudiantes saldría pero no a lassiete ni a las ocho, sino a las ocho y veinte, bajo un cielo totalmente encapotado y acortando su recorrido. Enseguida sonó el Gaudeamus Igitur, seguido de centenares de aplausos y de una cohorte de nazarenos algo desordenada, quizás por la larga espera. Más himnos para Ella y la marcha La virgen de los Estudiantes para acompañarla hacia calle Cister, con parada previa en el recorte de La Aduana.

La hermandad decidió emprender la procesión por el recorrido más corto. Sin prisa pero sin pausa, para no arriesgarse aunque el mal tiempo le sorprendiera, procesionó por el recorrido oficial, donde fe recibida por una gran ovación a su paso por la calle Larios celebrando su comportamiento. Al término del recorrido oficial transcurrió por la calle Granada en busca de su casa hermandad dando por suspendido el acto con la Comunidad Universitaria en la plaza del Obispo.

difícil decisión

Nadie dijo nunca que ser hermnao mayor fuera fácil. Y esto hace pensar que nadie quisiera estar ayer en la piel de Juan Partal, hermano mayor del Cautivo. Las previsiones meteorólógicas daban un cierto margen de esperanza. Empezaría a llover a partir de las dos de la madrugada. El retraso acumulado debido alas inclemencias del tiempo jugaba en contra de la hermandad del Señor de Málaga.

A las siete de la tarde, el hermano mayor se reunía con sus dos consejeros y a la vez ex-hermanos mayores; José Paris y José Luis Palomo, que durante su mandato vivió la misMa situación que también para su pesar se saldó con la suspensión de la salida procesional. Se cerraron puertas y ventanas, a excepción de la puerta de los tronos para evitar filtraciones antes de tiempo.

Tras unos minutos eternos para los hermanos cautivos, el hermano mayor se dirigió hacia ellos para comunicar lo que nadie quería oír. El Señor de Málaga y la Virgen de la Trinidad se quedaban sin salir. En lo alrededores nadie se iba, parecía que iba salir. Nadie se hacía a la idea de que Jesús Cautivo no recorrería su ciudad. Pero así fue. Parecía que no iba a haber lado amable, pero el Cautivo lo puede todo. El cuerpo de regulares y la banda de cornetas y tambores celebraron conjuntamente sus cien años de vida. Hasta el año que viene si la lluvia lo respeta pensaba más de uno.

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