Los estrenos cumplidos

  • Salesianos con su casa hermandad, Paloma con su trono y El Rico con la vuelta de la liberación, las notas de la jornada

  • La clase política celebra una tourné por las cofradías

El Miércoles Santo sigue absorto en la monotonía de una trampa geográfica en la que transitar por el centro resulta una tarea imposible. Sin embargo, el colapso de las hermandades en su discurrir recibió un soplo de aire fresco con los estrenos -ahora sí- de tres cofradías que el año pasado vieron truncados sus sueños. Está vez sí hubo trono de la Paloma. Esta vez sí hubo casa hermandad. Está vez sí hubo liberación del preso en la plaza del Obispo y, esta vez (también), los políticos hicieron su particular Vía Crucis para tocar las campanas de media docena de tronos.

Mediadora de Salvación 

Bajo un sol de justicia esperaba la familia Gálvez a que el cortejo de la hermandad de Mediadora llegase a su altura. Convertidos en estatua y venidos de otro tiempo, su única vía para refrescarse era la cercana fuente que aportaba dinamismo al impacto de Lorenzo. A la sombra, los ancianos acogidos por las Hermanitas de los Pobres esperaban a ver ese fino trazo de Semana Santa que la hermandad de Las Delicias les regala cada año. Es un gesto de paz, serenidad, ponerse a los pies de los más débiles en un acto de redención humana.

La imagen de Navarro Arteaga cuenta con uno de los cortejos más destacados de la Semana Santa. La distancia y el color negro no son impedimento para que se sepa estar en la calle. La conjunción con la banda demuestra el buen trabajo y compromiso del cortejo en su puesta en la calle. En entender qué es una estación de penitencia.

En las aceras, los debates pasaban por temas nacionales, como la visión de un catalán independentista sobre el procès y sus últimas consecuencias, a la propia estética de la hermandad. Todo es posible bajo la impresión de las imágenes de la parroquia de la Encarnación. Nada malo existe ante los brazos misericordiosos del padre.

Posteriormente, la Virgen Mediadora de la Salvación haría lo propio para enfilar una calle Ancha del Carmen en obras y oculta tras barreras de damasco burdeos. Simbolismo en estado puro con el homenaje rendido en la candelería a las imágenes coronadas que, a finales de mayo, saldrán a ponerse bajo los pies de la Victoria. La sencillez de la hermandad muestra un futuro prometedor, con la casa hermandad en el más que necesario horizonte. Todo es cuestión de caminar y hacer camino sin que la meta se pierda de vista. Ya en la noche, y como uno de los puntos de mayor sabor cofrade, las imágenes circundaron la Catedral para entrar en calle Cañón y volver a su entorno natural, una vez cumplida la estación de penitencia.

Salesianos  

A la hora señalada para la salida de Salesianos, las emociones encontradas en la calle Eduardo Domínguez Ávila eran muchas pero coincidentes. La corporación se disponía a poner a sus titulares en la calle, por primera vez en su historia, desde su nueva casa hermandad, situada justo frente al santuario de María Auxiliadora, en un entorno bien reconocido por todos quienes aguardaban el comienzo por derecho del Miércoles Santo pero que resultaba sorprendentemente nuevo, como un rincón que se disponía a abrir sus puertas al mundo. Con puntualidad precisa apareció la cruz guía y los nazarenos salieron desde el mismo santuario mientras la casa hermandad, al fin, desvelaba la magnitud de su custodia. Para entonces, las emociones seguían su curso con el caudal consecuente: muchos años de trabajo, inversión, tiempo y esfuerzo veían al fin su recompensa y la Hermandad Salesiana abrigaba de una vez la ilusión de encontrarse en casa, de modo que hubo abrazos, gestos de complicidad y cariño y satisfacción entre propios y extraños. Pero se trató, en todo caso, de emociones contenidas: el tradicional ambiente de recogimiento espiritual del que hace gala la procesión de Salesianos, propicio a la oración y la reflexión, mantuvo intactos sus alcances muy a pesar de tan sonora novedad. Una saeta lanzada desde el mismo interior de la casa hermandad al Cristo de las Penas sirvió para poner en orden todas las sensaciones con un exacto sentido de la liturgia mientras, fuera, el silencio se hacía protagonista; incluso el aplauso que siguió a la salida (con la concejal de Cultura, Gemma del Corral, como representante institucional) del único trono del desfile fue breve, parco, cálido pero con la dosis justa de algarabía, más pendiente tal vez de la correcta posición del trono en la vía. Tras el trono, sobre el que Cristo reconoce a María y al discípulo Juan respectivamente como madre e hijo ante la mirada de María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé, la Banda de Cornetas y Tambores del Cautivo sembraba el aire con una cadencia sotto voce, tambor sordo y elocuencia expresiva. La llegada a la Plaza de Capuchinos desplegó el mismo tono de solemnidad serena, con el calor de los vecinos, en dirección al centro.

Y brindó el cortejo estampas para el recuerdo en su llegada al Molinillo, con el barrio asomado en aceras y ventanas para recibir al Señor en una plenitud de contrastes; así como en una calle Ollerías con vocación de arrabal antiguo pero con todo el corazón puesto en el centro. Ya en Carretería, muy a pesar de la hora temprana, aún bajo un gozoso calor primaveral, el recogimiento parecía una misión imposible, pero lograba inspirar la procesión la evocación religiosa más oportuna. La acogida en el recorrido oficial fue más distante y fría en una Málaga que sólo parece atender a los horarios vespertinos en lo que a respuesta popular se refiere, pero tal vez como contraste la estación de penitencia en la Catedral resultó especialmente hermosa, llena de matices, antes del regreso a Capuchinos por la Plaza del Teatro y Dos Aceras.

Fusionadas

La iglesia de San Juan vive su día de ebullición durante las primeras horas del Miércoles Santo. No ha pasado todavía la satisfacción de los hermanos después de salida procesional de Lágrimas y Favores y ya toca empezar otra vez. Vuelven los capirotes deslizándose entre un mar de nervios que apenas dejan ver el blanco del suelo por entre las colas nazarenas, como también vuelven a filtrarse los rayos del sol entre la nebulosa del incienso con la luz del atardecer. Organizar las cuatro secciones de una procesión parece dejar la puerta cerrada a cualquier cobijo de tranquilidad. Sin embargo, desde la intimidad que ofrece el estar detrás del tumulto, una devota -que en realidad es de la Paloma- mantiene una conexión de súplica con el Cristo de la Exaltación. Por su familia, por su vida. No es el único caso. Detrás de cada antifaz (negro, blanco, azul, rojo, qué más da) cada hermano espera el momento en el que el cirio sea metáfora viva de llama que ha de mantener encendida. Minutos antes de que el trono de Azotes se levantara, desfiló por las naves del templo parte del consejo de Ministros: Zoido, Cospedal y Rafael Catalá entre otros hicieron acto de presencia, además de Moreno Bonilla, presidente del PP andaluz, como hombre de trono de la segunda de las secciones.

Desde las alturas se observaba un efecto mariposa con la puesta inmediata del equipo nazareno, desencadenando la formación total de la siguiente sección y generando una vorágine de color que sucumbe en el compendio fusionado una vez que todas las caras están tapadas. Dentro del caos, resulta asombroso ver como la coordinación entre equipos es capaz de sacar adelante la procesión completa sin mayor demora que la tensión del momento. Además, para los hermanos, y para el público, se agradece que esa salida sea a un ritmo menor que el que luego ejecutan en procesión, marcando el minutero la hora y media una vez que el palio abandonó la iglesia.

Exaltación continúa estrechando lazos con las cornetas de la Esperanza que otro día más -y van cuatro- rozó la perfección con marchas como Mater lacrimosa.

La salida de Ánimas de Ciegos fue el momento de mayor gusto cofrade. Después de que la ministra de defensa, María Dolores de Cospedal, diera los primeros toques de campana, -variando el resultado del campanómetro- el trono avanzó a paso lento hasta situarse en el atrio de la puerta. La banda de la Esperanza interpretó la marcha homónima de Perfecto Artola, dejando evidencia constatada de lo beneficioso que sería una banda de música detrás de este crucificado, medida totalmente compatible con el acompañamiento de la Brigada Paracaidista como cuerpo militar. Los sones añejos dentro del silencio entre una nube de incienso es recreación viva de la expresión de fe hecha cofradía, con la hermosura que supone para una hermandad salir desde su sede canónica. Además, la talla de Ánimas culmina la sobriedad y elegancia, siempre efímera, del siglo XVII en nuestra ciudad. "¡La cola medio a la izquierda!, ¡otro más!, venga, ¡avanzamos!", gritaba un capataz para esquivar el remate del portón principal. Se veía la emoción contenida en los ojos de un hermano -que este año acompañaría a su titular desde fuera- a los sones de La muerte no es el final. La curiosidad del detalle recae sobre el cordón de su medalla que, en vez de ser morado, era gris. "Eso es lo que sudé un año en Lágrimas. Se destiñó por completo", explicaba a otro hombre de trono.

La nave central se cubrió de túnicas azules cuando resonaban todavía los toques de tambor de la BRIPAC. El trono de Mayor Dolor se alzó sobre los hombros de sus portadores. Una hora después de que se abriera la puerta de San Juan, el interior de la iglesia parecía huérfana de un gentío que había partido hacia las calles malagueñas. Solo se escuchaba una caja redoblar cuando el trono de la Virgen comenzó a avanzar. Mayor Dolor sufrió las complicaciones propias del palio y el espacio comprendida en una maniobra ejecutada con maestría por las voces de unos capataces algo rasgada por los gajes de la experiencia. Sonó Cofrade del Mayor Dolor, sonó Fusionadas, sonó otro Miércoles Santo.

Paloma 

Lo imposible ocurre cada Miércoles Santo en la plaza de San Francisco. Apenas queda espacio entre los rosarios que cuelgan de las barras de palio de la Virgen de la Paloma y la cornisa más famosa del mundo cofrade. Más cuando, un año después de la primigenia idea, la hermandad afrontaba el reto de sacar a la calle el colosal trono realizado por los talleres de Caballero Farfán, con imaginería de Juan Vega y orfebrería de Montenegro. Las aves son privilegiado testigo del momento y reducen su vuelo para formar parte de un sabor añejo en el imaginario colectivo.

La marcha Jesús de la Puente sonaba a dolor en la banda de cornetas y tambores de la Victoria con la cruz guía en la puerta de la capilla. Primera prueba para la hermandad: el cortejo debe avanzar, el Señor de Miñarro no puede sufrir con el momento que llegará después. El friso de flores ocultaba el Cedrón a pie de calle en Carretería. Los hombres de trono de la Virgen, mientras, con parsimonia esperaban fuera y los nazarenos más mayores debían ponerse el capirote a tiempo para ser ejemplo, no después. Mientras, el capataz del primer trono gritaba por encima de las cornetas del Carmen "¡nos vamos a la izquierda!".

Ante la Virgen, la cohorte política dándose codazos por salir en la foto mientras los nazarenos pelean por el anonimato. Susana Díaz, Cassá o De la Torre se preparaban para salir en la foto mientras el periodista Carlos Herrera esperaba escondido en una esquina. El obispo se reservaba a la calle. Con los últimos rayos de luz, la banda de Palomares tocó La Virgen de la Paloma de José Alberto Mancera antes de que las andas partiesen. El nuevo soniquete del trono, con el movimiento de sus arbotantes, fue la nota más destacada entre el público en sus primeros metros de avance, mientras Malagueña Virgen de la Paloma volvía a sonar y ser parte de un ambiente de júbilo. Todo se había salvado. La salida había sido un éxito.

El Rico 

Málaga siempre ha sabido moverse por mantener sus tradiciones y costumbres. Poner una hoja en blanco en el libro de la ansiada libertada de unos presos no fue bien recibido en la ciudad y la conciencia limpia del Consejo de Ministros sólo podría llegar si en 2018 todo salía bien. Por eso, la plaza del Obispo tenía todo preparado, con una seguridad que rozó el exceso en un escenario poco agraciado que se instaló en el atrio de la Catedral. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y el de Justicia, Rafael Catalá, se conformaban con la tranquilidad de ver que Jesús El Rico despegaba la mano de la cruz para reescribir su historia.

La plaza del Obispo volvió a poner frente a frente al Nazareno con la Virgen del Amor, creando una escena clásica en tonos caramelo con dos conjuntos de grandes volúmenes. Los nazarenos quedaron a la sombra, sentados unos y de pie otros, soportando el exceso de personas que quieren vivir la experiencia desde la imagen pública frente a su anonimato. Las intervenciones pasaron por las manos de la presidencia de la Audiencia Provincial de Málaga, Lourdes García, el ministro de Justicia y el obispo Catalá. De todas las firmas, la de mayor valor es la de J.M.G.R., el preso que recibió el indulto y que no podrá delinquir.

Frente a la pompa política, mediática y, en pequeña dosis, episcopal, la naturalidad de quien es devoto de las imágenes. Sus hombros, en el silencio del rezo íntimo frente a la tradición. Los que no salen en las fotos, pero tampoco las piden. El camino debía seguir por la siempre fría plaza de la Marina recomponiendo el cortejo, devolviendo cada elemento en su lugar. A su paso por el recorrido oficial, las galas policiales volvieron a ser protagonistas para una parte del público que sigue entendiendo como una tradición de generaciones la propia Semana Santa.

Sangre

Que el Miércoles Santo es una ratonera para las cofradías del centro, es una realidad. Que los tiempos de paso están inflados evitando cualquier pretensión de aligerar, está constatado. Pero que con todo eso siga habiendo gente que pretenda moverse sin problemas busca do las cofradías, solo puede ser definido dentro de los términos de temeridad o desconocimiento. Urge una revisión inmediata en el momento en el que se produce una imposibilidad absoluta para buscar cualquier hermandad sin tener el cuenta el handicap de la gente. Sin duda, la culpa no recae totalmente sobre la Archicofradía de la Sangre, aunque esta debería expandir nuevas vías de escape incorporando los rincones de la desaparecida feligresía de la Merced, por mucho que esto suponga un cambio en la estructuración de los itinerarios. Todo sea dicho de paso, también es un gusto ver a esta hermandad desfilar por el entorno de Fajardo, rompiendo la monotonía que supondría ir tras los pasos de la Paloma.

En la plano estacional, es un hecho el cambio de la cofradía en la calle. Se había visto en las intenciones de los cultos pero también verlo en la procesión es ilusionante. El color rojo y las capas blancas, recuerdo innato de las antiguas Saetas, ofrece un atractivo reforzado en Calle Carretería como antecedente de la llegada del trono del Cristo. Es de alabar el cambio en las filas nazarenas, viéndose a menos descapirotados que en años anteriores. También lució en una buena simbiosis la Agrupación de Campillos en conjunción con el trono, recorriendo la calle a pasos cadenciosa y con el clasicismo que revive a la ciudad. El Cristo de la Sangre lució una corona de espinas -quizá algo gruesa en el conjunto- elaborada por Juan Vega, adecuándose al momento iconográfico.

Por mucho que Carretería sea una calle compleja y que se cumpla poco o nada el bando del Ayuntamiento con respecto a las sillas, el desfilar de los nazarenos de la Virgen fue bastante correcto. De hecho, en algunos tramos, se escuchaba decir a un niño: "No, no pidas que no dan cera". Solo tendría que ir unos pasos más atrás para encontrarla.

El trono de la Virgen lució un acertado exorno floral de lirios stargarze rosas con un atavío mejorado a lo que se había visto en las fotos las semanas anteriores. La cruceta, quizá algo impersonal, acompañó al caminar del trono, rozando las bambalinas entre balcón y balcón, consiguiendo una conjunción de luminosidad -gracias a una candelería encendida que recordaba el 800 aniversario de la fundación de la orden mercedaria- engrandecida por la poca luz de la noche que se filtraba entre la malla calada del palio.

Expiración

Al filo de la medianoche, El Perchel retoma su sello de silencio mientras una corriente fría de aire recorre la espalda de quienes contemplan al Cristo de la Expiración. La Virgen de los Dolores Coronada rozaría el Miércoles Santo para internarse en la Alameda con el día del amor fraterno. Al cierre de esta edición, la sección de nazarenos del crucificado de Benlliure se internaba en el mar de sillas que, llenas, contenían el aliento.

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