El gran teatro del mundo

  • Con el beneplácito del buen tiempo y un regusto primaveral más evidente, La Pollinica abrió ayer las puertas a la Semana de Pasión con su liturgia acostumbrada y sus ambientes familiares.

EL Domingo de Ramos en Málaga se corresponde, de alguna manera, con la teoría de la probabilidad. Como algunos conceptos matemáticos, tiende a repetirse siempre con las mismas claves pero con algunos elementos de singularidad en cada partida. O, dicho sin tanto misterio estadístico, siempre es lo mismo, pero no es igual. La cita con la Pollinica es la primera escena de una representación, propia del calderoniano gran teatro del mundo, que se prolonga durante toda la Semana Santa y en la que, de manera paradigmática, el público asistente se convierte en protagonista absoluto (esto la convierte, precisamente, en un fenómeno teatral de primer orden: Shakespeare habría matado por un milagro semejante). Y en su función de prólogo, a la manera barroca, el Domingo de Ramos mantiene intacto su poder de convocatoria, su carácter familiar, su ambiente de plaza pública en la que todos se encuentran, a ser posible con sus mejores galas, no tanto para no perderse el espectáculo sino para formar parte del mismo. Ayer, estos mismos procesos volvieron a darse con la precisión de siempre, con la espontaneidad esperada, bendecida por un buen tiempo que los agoreros de costumbre pintan de negro para los próximos días. Ya por la mañana, al abrazo de la Pollinica y Lágrimas y Favores, eran miles las familias que se daban toda la prisa por llegar a la mejor esquina posible desde la que observarlo todo, los padres que sostenían en sus hombres a sus hijos para ver la entrada de Cristo en Jerusalén, los lazos en cabellos y faldas como señal de día de fiesta, los abuelos que parecían recordar en su mirada quieta tantas procesiones de la Pollinica que conservan en la recámara, desde hace cuánto tiempo, tal vez desde la infancia. Málaga se engalana el Domingo de Ramos y se gusta, se hace la coqueta, seduce. Lo mejor de sí misma se pone de puntillas en la calle Calderería y abre los ojos para no perder detalle.  

Por los aires

Desde la Alameda hasta la Plaza Uncibay, desde la calle Nueva hasta Comedias y la Plaza del Teatro, las hojas de palma y las ramas de olivo competían con los globos de Dora la exploradora. Cualquier motivo se acepta en este teatro de todos hecho por todos. Más de un globo terminaba surcando los aires en dirección a la estratosfera, víctima de despistes infantiles. El camarero de Doña Mariquita reía mientras contemplaba la jugada: "Cada uno son cinco euros que salen volando". En algún lugar del cielo Bob Esponja se encuentra con Winnie the Pooh, pero a las 10:00 no cabía un alma en Carretería. Ya allí se disponía todo el arsenal de puestos ambulantes, refrescos, limones, gofres, pasteles varios, más globos, y los había que tomaban el café en vasos de plástico para no perder el sitio mientras algunos sillones con pañito de croché se mantenían amarrados a las farolas. En la tribuna de los pobres se apostaban señoras que parecían tener prisa para no llegar tarde a una boda, gitanos que tocaban palmas por tanguillos, seguidores del Barça que habían decidido ponerse la camiseta a pesar del empate, coleccionistas de tatuajes demasiado dudosos, videoaficionados dispuestos a sacarle el máximo partido posible a su HD 200, padres de familia con el jersey a la espalda y las mangas anudadas al cuello que procuraban ignorar con visible escrúpulo las groseras maneras de sus vecinos, niños dispuestos a cometer la gamberrada extrema con una espada de plástico, todo un mundo en una escalinata para recibir al Señor montado en una burra, la antítesis exacta del rey que se dispone a gobernar de otro modo, su reino no es de este mundo. Luego, cuando los hombres de trono entonen Pescador de hombres y corran algunas lágrimas, se harán la luz y los aplausos, habrá empezado la sinfonía humana que se aprieta por las calles hasta el límite de sus posibilidades detrás de sus imágenes, de sus recuerdos. Había que ver poco después a Lágrimas y Favores saliendo de San Juan, con la geometría exacta calculada al dedillo mientras un vendedor de cupones anunciaba sus números para el sorteo de la noche, como si todo el peso de la ciudad se hubiera volcado en aquel instante, cuando la Dolorosa atiende ya a su trayecto, de frente, y decide emprender un camino del que nunca se puede regresar, al menos del mismo modo en que se partió. Una señora enlutada de pies a cabeza deslizaba un rosario entre sus dedos mientras a sus espaldas dos tipos se enfrentaban por el puesto con modos no precisamente amables. En algunos momentos, a pesar del gentío y del jaleo, el silencio parecía imponerse como guiado por una batuta, qué director de orquesta es éste que logra mover los corazones en la misma armonía.   

Los guardaespaldas

No hay teatro sin cómico, ni barroco sin bululú. Al paso de Lágrimas y Favores muchos buscaban a Antonio Banderas, es ése, no, es aquél, tal vez el de más allá. Y la baronesa Carmen Thyssen, que también bebe los vientos por Lágrimas y Favores, caminaba entre Strachan y La Bolsa escoltada como corresponde por sus guardaespaldas de abrumador aspecto y dos cómplices de pro, el gerente de su museo, Javier Ferrer, y la nueva directora artística, Lourdes Moreno. La mentora del nuevo museo malagueño no pudo pasar mejor día para pasar inadvertida, aunque tampoco podía evitar, mientras buscaba un rincón para tomar un refrigerio o para adoptar un ángulo distinto en su  particular recorrido procesional, que más de uno la abordara para decirle no se sabe muy bien qué. Pero la Semana Santa juega sus propias reglas: la primera es que cada uno se revela como lo que es, con sus grandezas y debilidades, sus filias y sus fobias; la segunda es que toda esa sinceridad a la que uno parece abocado cuando parecen pasarle varios cientos de miles de personas por encima constituye en realidad una pose. Así que Carmen Thyssen jugaba a hacerse la discreta mientras lucía  una cohorte digna de Julio César. Lo que ocurre es que este acontecimiento pagano y cristiano pertenece con la misma intensidad tanto a un actor de Hollywood que ejerce de mayordomo en un trono como al crío que observaba ayer subido a los hombros de su padre la salida de la Humildad en la Victoria mientras se daba un festín a base de gusanitos. Los honores se rinden, como siempre, a base de servidumbres, pero la libertad se respira en Semana Santa especialmente donde menos acuden los fotógrafos.

Conexión iraní

La conexión de la Semana Santa de Málaga con Irán existe en la bolsa de pistachos de Mercadona  de la que daba cuenta una joven madre vestida con un chándal de Spiderman en la Trinidad, a la salida de la Salud, mientras no paraba de llamar la atención de su hija (en realidad sin demasiado empeño, aunque los gritos pretendieran demostrar lo contrario), una criatura de melena morena y no más de cinco años de edad que respondía al nombre de Anaraida (o algo así) y que no paraba de moverse de un lado para otro, con serio riesgo de fuga. Los pistachos de Mercadona se cultivan en Irán, como el zoroastrismo y el uranio enriquecido. Del banquete fueron testigos las cáscaras que se iban acumulando en la acera. En Capuchinos, una pareja de adolescentes se besaba tiernamente mientras el Dulce Nombre abandonaba su tinglao en dirección a Dos Aceras, y el Huerto se reivindicó en su perchelería a la vez que dos jubilados se ponían a discutir sobre Gibraltar y lo que Franco hizo o dejó de hacer en el mismísimo puente de la Esperanza. La Salutación regaló algunas estampas hermosas en la Plaza de San Francisco, donde dos monjas observaban el trono tan concentradas que parecían querer levantarlo a base de telequinesia. Y el Prendimiento recibió en el Molinillo a dos muchachetes de pendientes piratas y corte de pelo hecho a pellizcos que pretendían hacerse valer delante de dos turistas alemanas, alucinadas bajo los cirios con la misma intensidad con la que soslayaban el cortejo. Ahora sí, queda una semana por delante para encontrarse y volverse a perder. La Resurrección  recuperará a los suyos enteros, humanos, conquistados.

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