La novia de la Buena Muerte

  • El traslado del Cristo de Mena pone a prueba la paciencia de un público devoto y creciente

Legionarios trasladan al Cristo de la Buena Muerte, ayer, en la plaza de Fray Alonso de Santo Tomás. Legionarios trasladan al Cristo de la Buena Muerte, ayer, en la plaza de Fray Alonso de Santo Tomás.

Legionarios trasladan al Cristo de la Buena Muerte, ayer, en la plaza de Fray Alonso de Santo Tomás. / m. g.

La mañana del Jueves Santo es sinónimo de un tumulto desenfrenado, devoto y apasionado, de una legión que cada año refuerza sus vínculos con la Congregación de Mena. Una hora antes de que comience el acto ya es imposible encontrar un hueco libre. La explanada de Santo Domingo es un mar de personas, algunas esperando desde las ocho de la mañana. En el Puente de los alemanes, la gente se agolpa, dejando colgar sus piernas por encima de la estructura. Algún valiente opta por subirse a la parte superior, recordando a aquel turista dormilón en la feria de 2016. La rotonda de Lola Carrera parece una isla desierta en la que los tripulantes de un naufragio intentan salvarse. Volvería a ocurrir unas horas después, cuando la Archicofradía de la Esperanza abriera sus puertas para efectuar su salida procesional.

En el ambiente se respiraba cierta calma, sin llegar a escucharse a raudales el tópico típico de cada día grande de la Semana Santa: "Llevo aquí desde muy temprano para ver a la Legión, así que fuera". La queja -esta vez sí en bloque- vendría de los asistentes postrados detrás de la tribuna de autoridades. Una vez que se llenó, la visibilidad quedó totalmente reducida: "¡Fuera!, ¡Que se sienten!", gritaban muchos al unísono. La desesperación por el retraso, casi media hora después de lo previsto, iba colmando la paciencia de la mayoría de los presentes, sobre todo de los compañeros de otros medios que esperaban a que comenzara el acto.

Los afluentes de los tres estamentos de la Semana Santa malagueña -político, social y religioso- parecen encontrar su lugar común en el traslado del Cristo de la Buena Muerte. La presencia de los cuatro ministros (Cospedal, Zoido, Méndez de Vigo y Catalá) protagonizó la foto del día. Además, también estuvieron Juan Carlos Girauta, de Ciudadanos, y Moreno Bonilla, del PP andaluz.

Con el redoblar de los tambores y el ruido de las pisadas a ritmo ligero, comenzó a despertarse un aletargado público que seguía absorto con las pitadas a la tribuna de autoridades. Surgieron los primeros vivas a la Legión, reencontrándose la ciudad con una devoción que cada año ve incrementada el número de fieles.

El Cuarto Tercio Alejandro Farnesio le hizo entrega al Cuartel General de la Brigada rey Alfonso XIII de la Legión el estandarte del Cristo de la Buena Muerte, jurando ser custodios y protectores del mismo. Además, la Brigada Alfonso XIII recibió la corona de espinas que portó el Cristo durante la salida procesional de 2017, instaurándose un nuevo baluarte en la vinculación entre la Congregación y el cuerpo militar.

Llegó el momento más esperado, los caballeros legionarios sacaron de Santo Domingo al crucificado a pulso mientras entonaban El novio de la muerte. Media docena de vivas acompañaron el momento que culminó con el verdadero Himno de la Legión y la marcha Cristo de la Legión, de Eloy García mientras las poleas se tensaban para entronizar la talla de Palma Burgos. No faltó el momento de recordar a los caídos en combate, afinando los clarines el tradicional toque de oración tras el rezo dirigido por el vicario general de la diócesis, Antonio Coronado.

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