Por la senda de los claveles

QUÉ fácil es llegar hasta la Trinidad el día del traslado de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad. Sólo hay que seguir el mismo camino que aquellos que porten claveles rojos. Es una seña natural. El año pasado asaltaba la duda de cómo respondería la ciudad ante el cambio de día de traslado, pero la duda quedó resuelta ante el gentío que se aproximó a ver al trinitario más ilustre. Este año, parecía imposible que fuera a más la afluencia de público, pero así ha sido. En este sentido, es digno de resaltar la presencia de carteles anunciando el traslado. Una ausencia que llamó la atención el pasado año pero que en esta ocasión la hermandad del Cautivo ha sabido subsanar.

La jornada comenzó, como siempre, muy temprano. El barrio ya se iba transformando. La Policía Local cortaba el tráfico, aparecían los puestos ambulantes de flores. Y es que a las 7 de la mañana ya había comenzado la Misa de Alba. Este año con tintes solidarios dado que la colecta recaudada en la eucaristía va a ser destinada a Cáritas Diocesana. Al término de la misa, tocaba el baño de masas.

Siguiendo la ruta hacia el encuentro con el Señor de Málaga, no dejaban de sucederse carritos con los omnipresentes claveles rojos. Horas antes, el público ya abarrotaba las aceras con una mezcla de impaciencia y felicidad por el inminente reencuentro.

Sobre las diez y media de la mañana las imágenes hacían su entrada en el Hospital Civil para hacer su tradicional visita a los enfermos. Lo hizo a los sones de Alma de la Trinidad de Eloy García, compuesta para la coronación canónica de la Virgen de la Trinidad en el año 2000. En el plano de la anécdota, señalar que era la primera estación 'libre de humos', tras la prohibición de fumar en los recintos hospitalarios. Algo, que entre el público algunos celebraban. Público muy numeroso, por cierto. Que fue la tónica de la mañana. Sólo en el recinto del hospital se calculaba la presencia de 3.000 personas.

Allí, no dejaron de sucederse los momentos emotivos. Hasta el lugar se habían desplazado mayores para recibir la medalla de la hermandad trinitaria desde varios puntos de la ciudad.

En un carpa preparada par tal fin, el artista Antonio Cortés interpretó un saeta. Que aunque fuera con micrófono, su uso era justificado ya que se hizo con la intención de que llegara al máximo público posible. A su término la banda de música Trinidad Sinfónica interpretó el Himno del Cautivo. Para salir la formación interpretó Coronación de la Trinidad de José Antonio Molero, también compuesta para celebrar su coronación canónica.

La montaña de claveles iba aumentando y poco a poco fue necesario achicarla en distintos puntos del recorrido, porque en ocasiones la altura llegó el pecho del Señor. Pero era una solución demasiado efímera ya que la senda de claveles no acababa. No había límite y desde todas las direcciones surcaban el aire las flores para depositarse a los pies de las imágenes. Para no arriesgarse a que no llegaran a su destino, los momentos de las paradas eran los más aprovechados para los lanzamientos florales.

En cabeza de procesión iba la banda de cornetas y tambores de Jesús Cautivo, que fue un ejemplo más del buen momento por el que atraviesa este género en la ciudad de Málaga. También desfilaron una representación de la banda de cornetas del Real Cuerpo de Bomberos. Estrechamente vinculada con la hermandad del Lunes Santo. También una representación de altos mandos del cuerpo de Regulares de Ceuta, que serán los que desfilen este año junto al Señor de Málaga.

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Darse un paseo por el barrio de la Trinidad en la mañana del Sábado de Pasión es una oportunidad para conocer de primera mano lo que para el insigne barrio malagueño significa el cautivo. Su Cautivo.

A la espera de que las imágenes abandonaran las instalaciones de Hospital Civil, un grupo de vecinas del barrio esperaban con calma. Dos de ellas, habían vendado sus ojos y portaban en sus manos cirios rojos para acompañar al Señor. No veían, pero como si alguien les narrara cada movimiento del trono sabían en cada minuto lo que había que hacer. No necesitaban la vista que habían cegado voluntariamente para saber por dónde tenían que seguir a la imagen. Él los guiaba, parecía. "Ven y sígueme...", que dijo el Maestro.

A pocos metros de ellas rompía el bullicio el tono de llamada de un móvil. "Aquí estoy, viendo al Cautivo que nunca había venido al traslado", confesaba una mujer. Por su voz, se adivinaba la emoción. Quizás también la adivinó su interlocutor, a quien no confesó que había tenido que enjugar sus lágrimas con un pañuelo antes de contestar a la llamada.

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También los más pequeños fueron protagonistas en la mañana de ayer. Como antesala del traslado, varios niños del barrio habían formado una pequeña procesión una pequeña imagen del Cautivo. El pequeño trono, al que no le faltaba ni un portador, iba revestido con un faldón blanco y también estaba cubierto por un espeso monte de claveles. No faltaron ni los pulsos, en agradecimiento al público que los recibía con vítores .

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