Ni siquiera el colofón

  • La procesión del Resucitado prevista para ayer también se suspendió a causa de la amenaza de lluvia, lo que confirmó una triste tónica general

La Semana Santa de 2013 será recordada por el protagonismo de la lluvia, o mejor aún de las predicciones meteorológicas. Después de varios días con regresos a los templos, trayectos recortados y algunas suspensiones, la procesión que debía servir de colofón y de puerta de acceso a los 50 días de Pascua, la del Cristo Resucitado y María Reina de los Cielos, también quedó sin salir por culpa de una previsión que apuntaba lluvias débiles y hasta moderadas durante buena parte del día. Finalmente, el agua cayó a eso de las 16:30, una hora para la que el desarrollo y encierro del cortejo, que debía haber arrancado a las 10:15 en la iglesia de San Julián, habrían tenido tiempo de sobra. Pero la Agrupación de Cofradías prefirió tomar bien en serio las amenazas y no hubo demasiadas dudas a la hora de asumir la decisión: argumentos a favor de la misma ha habido de sobra en la Semana Santa. Ya se sabe, de cualquier forma, que la suspensión de la procesión del Resucitado no provoca tanta desolación como en las que celebran las cofradías, y ayer volvió a quedar demostrado: el anuncio se emitió poco antes de las 10:00 y se hizo oficial a las 10:15, y ya a esa hora salían por pies no pocos de los nazarenos convocados sin conceder muchas oportunidades a las lamentaciones. Algunos músicos de la banda y cornetas de Santa María de la Victoria, la agrupación San Lorenzo Mártir y la banda de Miraflores-Gibraljaire no escatimaban gestos de haberse quedado con un palmo de narices, y encima con una hora menos de sueño. Luego, como es de recibo, las puertas de la iglesia se abrieron y la feligresía que se apostaba por Carretería, el Muro de San Julián y Nosquera (más abundante que otros años), pudo entrar en el templo y rendir honores a las imágenes. La primera procesión del Resucitado con Eduardo Pastor como presidente de la Agrupación de Cofradías será así el año que viene, si Dios y el tiempo no lo impiden.

Pero el sino de este desfile ha sido el de buena parte de la Semana Santa de Málaga, en la que ha habido que hacer frente cada día a predicciones cambiantes y a un clima inestable, rabiosamente primaveral, que ha obligado a buena parte de las hermandades a jugarse el todo por el todo a la hora de decidir las salidas. Y así ha sido, con idas y venidas, desde el primer día: el Viernes Santo, la hermandad del Cristo de Medinaceli, con sede en la parroquia de Santo Tomás de Aquino, decidió no abandonar la misma ante la amenaza de lluvia, aunque todos los traslados previstos para la jornada, incluidos los de Monte Calvario y Expiración, se celebraron sin muchas dificultades. El Sábado Santo se suspendieron las cuatro procesiones de cofradías no agrupadas previstas (Humildad y Paciencia, Llaga y Columna, Desamparados y Jesús de los Niños), si bien se pudo celebrar por la mañana el espléndido traslado del Cautivo en la Trinidad.

El Domingo de Ramos quedó demostrado que el clima se había convertido definitivamente en un problema: Pollinica y Lágrimas y Favores salieron por la mañana, animadas por unas predicciones en principio favorables que, a la velocidad del trueno, apenas comenzadas las procesiones, cambiaron radicalmente de signo: cayó un chaparrón abultado que sorprendió a la primera en el Pasillo de Santa Isabel (completó su recorrido después de pasar casi dos horas bajo la lluvia, aunque afortunadamente no contó excesivos daños) y a la segunda en Atarazanas (con lo que pudo dar la vuelta hasta San Juan). Por la tarde la jornada se mantuvo en vilo, aunque salieron todas las procesiones bajo un cielo gris. El Lunes Santo concedió una tregua a las seis hermandades protagonistas, al igual que un Martes Santo que sin embargo volvió a rendirse al claroscuro. Sin embargo, el peor saldo correspondió al Miércoles Santo, con Salesianos, Fusionadas, El Rico y Paloma regresados a sus templos y las procesiones de Sangre y Expiración suspendidas: lo que en la misma mañana se había anunciado como posibles chubascos débiles terminó arreciando en un aguacero notable, que poco antes de las 21:00 empapó el acto de liberación del preso de El Rico en la Plaza del Obispo y dio por concluida la jornada antes de tiempo.

El Jueves Santo se esperaban lluvias matinales que finalmente no acontecieron, por lo que el desembarco de la Legión y el traslado de Mena se celebraron sin problemas. Por la noche, la salida de la Esperanza puso el broche a un día repleto de hermosura y celebrado como revancha. Pero el clima volvió a hacer de las suyas el Viernes Santo, con Amor, Piedad y Santo Sepulcro regresados a sus templos antes del recorrido oficial, el Santo Traslado metido en un verdadero suplicio hasta su regreso a la Trinidad bajo el chaparrón (afortunadamente, las tallas tampoco revistieron daños de consideración) y Servitas sin salir de San Felipe Neri. El Resucitado es el último episodio de esta historia de desencuentros. Una historia que ya mira, sin más remedio, a la Cuaresma de 2014.

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