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Aprender del año pasado

  • Lección El Sevilla repite en las semifinales coperas con la intención de no cometer frente al Getafe los mismos errores del Athletic Presión El Sánchez-Pizjuán, esta vez sí, tiene que ser el jugador número 12

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Segunda semifinal de la Copa del Rey en dos años seguidos para el Sevilla Fútbol Club y el objetivo ineludible debería ser evitar los errores cometidos en el anterior ejercicio. Entonces era el adversario el Athletic Club y ahora está enfrente el Getafe, aunque, sin menospreciar a ninguno de ellos, sino todo lo contrario, los nervionenses deberían centrarse en sí mismos para no repetir los errores cometidos entonces, que fueron muchos y decisivos. Pero que nadie se equivoque en aquella dolorosa eliminación copera no sólo erraron el equipo y su entrenador, también los propios aficionados.

Sí, puede ser impopular proclamar a los cuatro vientos que el sevillismo tuvo algo que ver con que los suyos no salieran airosos de un cruce en el que eran claros favoritos, pero en el mismo seno de la afición nervionense circula una corriente de opinión de autocrítica al respecto. Porque a ver quién se atreve a afirmar que el ambiente que se vivió en el Sánchez-Pizjuán en la ida de la eliminatoria contra el Athletic, hace más o menos un año, tuvo algo que ver, ni siquiera lo más mínimo, con el que disfrutaron los más fieles de la causa sevillista en las vísperas de las dos finales europeas, cuando el Schalke 04 y Osasuna fueron los rivales en esas semifinales.

Claro que es verdad que ante el Athletic era el partido de ida y en los dos casos anteriores fue la vuelta, por supuesto que sí, pero no se olvide el desplazamiento masivo de seguidores sevillista hasta Gelserskirchen e incluso la cantidad de aficionados que fueron a Pamplona a pesar de coincidir con la semana de Feria. El año pasado, sin embargo, fue justo lo contrario, pues eran los vascos quienes más se dejaron notar. Y lo hicieron tanto en su estadio de San Mamés, faltaría más, como en el propio Sánchez-Pizjuán.

Parece, sin embargo, que esta vez no será así, que el sevillismo se ha concienciado de la trascendencia que tiene su aliento para que todo funcione a la perfección y hoy se espera una buena entrada en el recinto de la barriada de Nervión. Mejor así. Otra cosa será la climatología, que ésa no la puede controlar nadie, pues se anuncia que también llega una borrasca y esta noche, como frente al Athletic, también se jugará un partido pasado por agua. En fin, Jiménez y los suyos pensarán que los hados meteorológicos no lo pongan más complicado todavía y que al menos el balón pueda circular con normalidad por el césped.

Ésos, de cualquier manera, son los elementos que rodean a un partido de fútbol, pero lo más trascendente tiene que ver con quienes se encargan finalmente de darle las patadas al balón. Y aquí, en este duelo entre los dos mejores equipos coperos de los últimos años, recae toda la responsabilidad en Jiménez y los suyos. El Sevilla no se puede equivocar, como también lo hizo en Bilbao hace un año, y tiene que jugar no ya el partido, sino toda la eliminatoria, con inteligencia. No es cuestión de enloquecer con un gol en contra ni con no recibir tantos en casa ni con nada por el estilo. El objetivo debe estar claro desde esta misma noche y pasa por ganar por el resultado que sea. Evidentemente, si es por dos goles de diferencia, mejor que por uno, y así sucesivamente, que hasta ahí se llega. Pero tampoco es cuestión de obsesionarse por la renta a defender posteriormente, lo mejor es hacer el juego propicio para que las cosas comiencen a caer por su propio peso.

Porque el Sevilla, en teoría, es mejor equipo que el Getafe, a pesar de que el conjunto de los alrededores de Madrid puede presumir de tener muchos futbolistas de categoría. Sin entrar en los debates sobre el favoritismo de uno u otro, los pronósticos favorecen inicialmente al cuadro de Manuel Jiménez, aunque conviene precisar que las distancias no son tan grandes como parecían el año pasado con el Athletic. Si se quiere cuantificar esta diferencia como si se tratara de una casa de apuesta, de una manera lo más objetiva posible, pues sitúese todo en un 65 por ciento a un 35 por ciento de opciones, no mucho más.

Pero ésa, la teoría, sólo sirve para las charlas previas, después hay que trasladarla a un campo de fútbol y ahí debe aparecer un Sevilla a un 120 por ciento de rendimiento para tratar de disfrutar de una nueva final copera. Jiménez tiene claro que esta vez tiene prohibido cualquier tipo de rotación y Míchel, el técnico rival, parece que piensa lo mismo a tenor de los futbolistas que desplazará hoy. En el Sevilla, pues, se espera el equipo de gala entre los que están disponibles en estos momentos, con el brasileño Luis Fabiano arriba.

El referente más cercano es el partido de la Liga, saldado con un 1-2 favorable al Getafe, gol visitante en fuera de juego incluido, cuando el Sevilla aún no padecía la plaga de lesionados ni la Copa de África. Es evidente que el rendimiento deberá ser mejor hoy, pero, sobre todo, lo más importante es no repetir los mismos errores que hace un año ante el Athletic. Que así sea.

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