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Arranque de alto voltaje

  • Examen El Sevilla inicia la Liga ante el Levante con la herida fresca por la decepcionante imagen ofrecida en agosto Vigilado Antonio Álvarez tiene el respaldo del club, pero ha visto peligrosamente reducido su crédito

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Los aficionados sevillistas que se fueron de vacaciones buscando las playas con una amplia sonrisa depués de haber sufrido lo indecible en el último partido de mayo ante el Almería no podían ni siquiera imaginar que su equipo, su entidad en continuo crecimiento envidia de España y parte de Europa, iba a tener el comienzo de campeonato que hoy se va a hacer realidad en la ciudad de Valencia.

Por los pasillos del lujosísimo hotel de la cadena Westin situado junto a Mestalla donde se hospeda el Sevilla puede decirse que hay mechas estratégicamente desplegadas y listas para ser prendidas por el simple hecho de haber tirado por tierra en el mes de agosto casi todo el trabajo de todo un año. Acertadamente, desde la entidad ya se entona aquello de que la vida sigue y lo de que no se puede uno detener a lamerse las heridas, pero han dolido más las formas que lo verdaderamente acaecido en esos cuatro partidos oficiales del octavo mes del año. Haber tirado literalmente la posibilidad de un título y, sobre todo, haber probado lo dura que está la cuneta de la carretera que va a la Champions.

José María del Nido se ha puesto delante del toro. Sabedor de que el pararrayos en que se había convertido Jiménez tanto para su figura como para la de Monchi ya no está, el presidente se ha apresurado a presentarse como el "máximo responsable" de la decepción que hoy conmueve al sevillismo. Justo es desde luego hacerlo como justo fue poner los brazos para recibir las flores cuando se lo mereció, pero en la defensa del proyecto quizá empieza a discutirse aquello que defiende con periodicidad anual de que la plantilla es mejor que la del curso anterior. El argumento esta vez es que se fueron dos y vinieron cuatro, pero eso es ganar en cantidad. En calidad ya se verá y todavía es más que discutible.

Antonio Álvarez tiene todavía margen de maniobra, pero se le va agotando. El entrenador, que ha perdido muchísimo -pero mucho- crédito de cara al sevillismo en el mes de agosto, tiene todavía la confianza del consejo. El club está dispuesto a esperarlo, pero no mucho porque está empezando a colocarse por si en cualquier momento hay que hacer un giro que no le ocurra como hace unos meses con Luis Aragonés y aquella esperpéntica reunión en el Parador de Córdoba. Sería precipitado afirmar que no ganar hoy al Levante significaría la destitución del técnico marchenero, pero sería sacar más agua del pozo.

Porque, además, el equipo que hoy se va a encontrar el Sevilla en el vetusto Ciudad de Valencia es un rival muy inferior que en circunstancias normales era el contrincante idóneo para curar la herida abierta. Recién ascendido, con un presupuesto de 19 millones -sólo unos más de lo que costó Negredo- y plagado de futbolistas sin experiencia en Primera División, el Levante no tenía por qué inquietar a los blancos, pero es que hay más dudas en el rendimiento propio que en las prestaciones que pueda presentar el contrario. Un adversario que además de por su ilusión puede verse crecido conforme vayan pasando los minutos y compruebe que pisa más terreno rival que el Sevilla el suyo. Eso mismo experimentaron los futbolistas del Sporting de Braga y ahora comentan lo que les deparó el jueves -no el viernes como los del Sevilla- el sorteo de la Champions.

Y es que el fútbol depara sorpresas. Si no, no sería fútbol. Porque, ¿se puede considerar sorpresa que Luis Fabiano empiece la Liga hoy con el Sevilla? El brasileño, despedido ayer por su representante antes de subir al autobús, lidera un año más el ataque blanco pese a lo mucho dicho y escrito sobre su futuro. Y junto a él, su compañero inseparable, un Kanoute cuyo físico sigue siendo una incógnita, pero que ahí está, por delante de Negredo.

El Sevilla, pese a las salidas de Adriano y Squillaci, sigue contando en su vestuario con argumentos suficientes, no para ganar al Levante, sino hasta a la inmensa mayoría de los equipos que figuran en la nómina de la Liga BBVA. Un campeón del mundo como Jesús Navas, un Perotti que en los amistosos del verano era un cañón, un recambio para éste como Diego Capel, la fuerza de Zokora... Quizá el sistema defensivo sea la pata que no toca el suelo y que hace que la mesa cojee. De ahí que los últimos movimientos en materia de fichajes se inclinen hacia esa dirección. De hecho, el malagueño Alexis, primer sustituto de Squillaci a la espera de Martín Cáceres, casi pasa de la sala de prensa al autobús.

Sí que ha tenido más tiempo un Cigarini que hoy puede empezar a demostrar que es la solución para las transiciones ofensivas cuando a Renato le fallen las fuerzas, porque con las de Romaric ya ni se cuenta.

Antonio Álvarez se juega mucho esta noche y habrá puestas muchas miradas en él, pero, de momento, tiene el palmetazo en la espalda de los que mandan. No debe pasar nada a no ser que la imagen sea muy, muy mala. Perder y caer en el ridículo ante el Levante no debe ser lo mismo que hacerlo ante el Barcelona en el Camp Nou. Es el principio del camino y diría poco sobre la estabilidad del proyecto tomar una decisión así en la primera jornada, pero alto voltaje sí que lleva esa cita.

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