Buscándole réditos a ser un equipo

  • Marcelino aún trabaja para traducir las llegadas al área en goles y puntos · La falta de control en el centro del campo, base de la inseguridad defensiva

El Sevilla se ha encajado en los estertores de la primera vuelta con muchas dudas aún en su juego, aunque en una posición en la tabla que le permite tener sus opciones para entrar en la Liga de Campeones intactas. Con vicios aprendidos de temporadas pasadas, Marcelino sigue batallando para que su equipo trabaje como un conjunto, algo que se ha podido ver en algunos tramos de los partidos, especialmente los disputados en 2012, pero que, paradójicamente, no se ha visto traducido en puntos por un nuevo problema, la ineficacia de cara a puerta de los atacantes.

sin balón

Pretende Marcelino desde la pretemporada que el Sevilla sea un equipo presionante, intenso y que recupere el balón en zonas ofensivas para realizar ataques rápidos y sorprender al contrario. El principal problema es que, para ello, el Sevilla necesitaba un delantero rápido y que ayudara en la presión que no tuvo hasta la llegada de Reyes en el mercado invernal, por lo que muchas veces el equipo se rompía en el clásico 4-2-4 que tantos quebraderos de cabeza le daba el pasado curso.

Una vez superada la línea de presión, el Sevilla defiende en las cercanías del área por las características de sus centrales y porque la profusión de mediapuntas deja despoblado el centro del campo. Los errores individuales han lastrado un sistema defensivo que, como tal, no ha funcionado mal, sobre todo cuando el grado de confianza en Javi Varas era superior al actual, condicionado por sus últimos fallos.

con balón

El dinamismo es lo que caracteriza al ataque sevillista. Recuperando el balón arriba es cuando entran en acción los Jesús Navas, Reyes o Manu del Moral, hombres en los que se basan las opciones de gol, junto con Negredo o Kanoute, pero cuya falta de acierto le ha costado un buen número de puntos al Sevilla.

Las principales bazas siguen estando en las llegadas por banda, aunque el caballo de batalla de Marcelino es que los extremos jueguen por dentro y busquen asociarse para evitar el fútbol ofensivo tan previsible que el Sevilla practicaba en los últimos cursos. Se sigue echando de menos un centrocampista con jerarquía.

lo mejor

La intensidad y la velocidad que el conjunto consigue meterle al partido en ciertas fases, en las que genera ocasiones suficientes para dejarlo sentenciado a poco que los delanteros estén acertados.

lo peor

La incapacidad, hasta el momento, de comportarse como un equipo durante los 90 minutos de choque, lo que provoca que se generen espacios y se concedan demasiadas ocasiones al rival. La falta de gol debe ser subsanada con prontitud.

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