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Demasiada calderilla para poder pagar tantos peajes

  • El Sevilla sufre una increíble derrota de imprevisibles consecuencias por un cúmulo de factores negativos, endógenos y exógenos. Golpe anímico para el jueves y el cuarto puesto.

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Permítase la alegoría viajera. El Sevilla tiene un buen equipo para ir un fin de semana y otro también de turismo rural. En comparación con la mayoría de equipos de esta Liga que no es si no un reflejo de la sociedad neocapitalista que propicia las distancias entre ricos y pobres, el coche y la mochila le dan de sobra para disfrutar de distintos paisajes, más o menos amables u hostiles. Pero la realidad se le aparece contraria a su afán cuando debe ampliar su horizonte viajero y tiene que ir cargando el coche de maletas e ir pagando peajes en las grandes autopistas que se va encontrando lejos de sus dominios naturales. La cosa cambia cuando la competición aprieta, los kilómetros se multiplican y en el monedero sólo queda calderilla.

Si había alguna duda sobre la capacidad del Sevilla para afrontar varios frentes competitivos con una plantilla hecha para ir sobrado en luchas menores, en Anoeta quedó patente que no le da alcance para abarcar grandes retos, grandes aventuras. Luchar por el cuarto puesto y por la Liga Europa es una quimera con un central como Arribas o un portero de 21 años, por poner sólo dos de los peajes que pagó ayer el Sevilla de Emery. Fueron muchos más, claro, entre los que hay que poner en letras destacadas el nefasto arbitraje de un señor que ya demostró años atrás, en aquel derbi de las camisetas, que no tiene nivel para la Liga, y ahí sigue. Es increíble que Teixeira intuyera penalti -no pudo verlo- en el pequeño forcejeo de Tremoulinas y Canales y no viera la tremenda patada de Rulli a Figueiras. Y, aún peor, ¿qué hubiese pasado si un defensa de la Real no saca bajo los palos el cabezazo de Tremoulinas? Habría anulado el gol por no se sabe qué.

El árbitro fue la principal causa exógena que lo condicionó, pero su condena la firmó el propio Sevilla regalando goles y fallando ocasiones claras ante una Real que, por momentos, fue un pelele en manos de un equipo muy afectado por las bajas y la necesidad de refrescar sus pocas energías para el infierno del Borussia Park.

Hay que ir a las causas endógenas. El club ya dejó claro que su objetivo este año era luchar por entrar en Europa. Sin embargo, Emery y la desigualdad liguera han hecho competitivo a este equipo que, tras firmar una primera vuelta de ensueño, abrió de par en par la puerta de la más alta exigencia. El Sevilla, el equipo con su trayectoria y la afición con la lógica ilusión de verse arriba, se autoimpone luchar por el cuarto puesto. Pero la plantilla no está confeccionada para obligarse a jugar la Champions mientras disputa eliminatorias. Por eso en verano se fueron dos capitanes como Rakitic y Fazio y llegaron jugadores como Arribas y Denis Suárez, un cedido en formación que tuvo en sus botas el 3-4 y que podría haber hecho olvidar el cúmulo de groserísimos errores del central madrileño y de otros compañeros de zaga.

Ayer se estrenó de capitán Iborra. No estaban Fernando Navarro, Beto, Reyes ni Coke, los cuatro capitanes del equipo, ni Pareja, otro que ha sido capitán interino. Unos por lesión, otros por la necesidad de refresco. Es sintomático. El Sevilla, sin ninguno de sus cinco capitanes en el campo, debía luchar por el cuarto puesto y guardar energías para el jueves... El Valencia ya se va a cinco puntos. Y el domingo llega el Atlético a Nervión, después de la final en Mönchengladbach. Perder así ilustra sobre muchas cosas, y también puede suponer un golpe anímico de imprevisibles consecuencias.

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