Despedida y desmentido del jiennense

  • En Mallorca no ha sentado muy bien el mensaje de Manzano que abre el campo de la rumorología.

Más de una vez ha sonado Gregorio Manzano como candidato al banquillo del Sevilla. El entrenador jiennense, que cobra cerca de dos millones de euros netos en Palma (1.875.000 concretamente), emitió ayer desde su blog un comunicado que suena a despedida. Así se interpretó en varios medios, por lo que hubo desmentido público del técnico, que habla de balance. Y parte de la afición del Sevilla da por hecho que no seguirá Jiménez el curso próximo. Métase todo en una coctelera, agítese y ya está abierto el campo de la rumorología.

Desde luego, no ha podido ser más inoportuno el entrenador del Mallorca, quien, dos días antes de un partido crucial para su equipo, deja caer que se irá al final de Liga.

En el blog que tiene Manzano en la propia web oficial del Mallorca, éste dice cosas de este calado: "Deseo dar las gracias a todos los jugadores que han estado bajo mis órdenes por su compromiso y profesionalidad". Lo cierto es que este comentario viene al hilo de que hoy se cumplen cuatro años exactos de su reestreno en el banquillo bermellón, con motivo de un Málaga-Mallorca en el que los de Palma se jugaban la vida: "El 19 de febrero de 2006 jugábamos en Málaga el primer partido a vida o muerte. El nuevo cuerpo técnico tomamos al equipo en una situación de SOS", comienza la misiva, que continúa con extractos de esta guisa: "Espero que en la presente campaña obtengamos una plaza que nos dé derecho a estar en Europa el próximo año y finalicemos un ciclo deportivo lleno de serenidad y estabilidad deportiva". Además, el jiennense tiene palabras de agradecimiento para distintos directivos y gente del club, como Vicente Grande, Mateo Alemany, Joaquín García y Tomeu Vidal. "Todos ellos forman parte de esta bonita etapa que aún está por concluir", dice.

"El Real Mallorca siempre formará parte de mi vida personal y profesional", concluye el técnico andaluz, que reparte agradecimientos en un momento que, por mucho aniversario, balance o lo que sea, no es el más idóneo.

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