Liga europa· crónica

Emery sabe mucho más que la grada (1-0)

  • El Sevilla se lleva un gol de ventaja a Alemania en un partido que corrobora la tremenda igualdad de la eliminatoria. El silbado cambio de Figueiras por Reyes fue clave para que los blancos derrotaran al Borussia.

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Minuto 55, el Sevilla comienza a levantar la cabeza frente a un Borussia Mönchengladbach que ha evidenciado su tremendo nivel sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán. Pero dos entradas por la banda del lateral Wendt han sembrado el pánico en las filas del anfitrión y Unai Emery toma una decisión de las más impopulares que se recuerdan en los últimos tiempos, básicamente porque respondió al significado exacto de la palabra, "que no es grato para el pueblo". Ingresa en el campo el lateral Figueiras y se va Reyes con cara de decepción tras saber que es él el elegido para salir. El marcador está en cero a cero y la pitada es tremenda, demoledora incluso. Pero el movimiento de piezas por parte del entrenador vasco no pudo ser más eficaz. El Sevilla no sólo derrotó al Borussia con un gol que se generó por esa banda derecha sino que ya fue un equipo mucho más profundo y, sobre todo, equilibrado, capaz de discutirle la posesión a los alemanes con una presión más intensa y también con capacidad para replegarse si no lograba recuperar la pelota.

Emery sabe muchísimo más que la grada, está claro. Alguien puede alegar que eso es una obviedad, que por algo debe ingresar cerca de un par de millones de euros todas las temporadas entre ficha y diferentes premios por los magníficos resultados que consigue con esta plantilla, pero la pitada resultó particularmente llamativa. Un porcentaje bastante elevado de los 24.000 hinchas sevillistas que habían acudido a Nervión se sintió con todo el derecho para sacudir con fuerza a su entrenador, para recriminarle no tanto que metiera a un defensa por un extremo como que sacara del terreno a Reyes, el futbolista que los tiene encandilados.

Pero Emery fue valiente y ejerció de entrenador, que es el mayor de los piropos que se le pueden echar a un técnico en estos casos. Lógicamente, la entrada de Figueiras por Reyes conllevaba que Aleix Vidal se convirtiera en el extremo derecho a partir de ese momento. No había que ser un hombre de fútbol para sacar esa conclusión con celeridad, pero lo que muchos de esos aspirantes a catedráticos del balompié no esperaban es que el Sevilla fuera muchísimo mejor a partir de ese minuto 55.

Claro que con Reyes también podría haber marcado un gol para irse a Alemania con idéntica renta, pero más allá de eso lo que resultó incuestionable es que el equipo ganó en solidez. El planteamiento de juego, en definitiva, cambió por la sencilla razón de que la piscina dejó de tener dos agujeros por donde se escapaba el agua, concretamente Banega y el propio Reyes, y la ayuda en la presión de Aleix Vidal fue fundamental para que el Borussia Mönchengladbach se sintiera hostigado a partir de ese momento. Además, el movimiento de ajedrez también conllevaba la consecuencia de que Figueiras le cerrara el carril a Wendt y que incluso fuera el Sevilla quien atacara por esa banda en lugar de sufrir como hasta entonces.

Porque el cuadro blanquirrojo había sufrido bastante durante el primer periodo y no sólo por esa banda. El Borussia tenía superioridad en el centro del campo por la sencilla razón de que Banega no ayudaba demasiado al dúo Iborra-Krychowiak y entre todos aislaban a Bacca arriba. Dentro de la tremenda igualdad entre los dos equipos, algo que ya se apuntaba en las vísperas, la superioridad visitante era evidente, pero entonces tuvo un papel fundamental Sergio Rico. El guardameta evitó que el Sevilla se pusiera por debajo en el marcador en sendas intervenciones ante Kramer, en un disparo a contrapié, y frente a Johnson, en una salida providencial al tapar con la mano cuando el gol parecía seguro.

El Sevilla, en cambio, había sido incapaz de llegar en ninguna ocasión hasta Sommer con algún atisbo de peligro. Sólo un centro-chut de Vitolo llegó a inquietar al guardameta suizo dentro del fútbol control que siempre proponían los germanos. Estaba claro que aquello tenía que cambiar y Emery trató de hacerlo a través de imprimirle un punto más de velocidad al balón. El Sevilla avisó después del descanso, pero la consecuencia fue que el partido se rompiera, que aquello ya fuera de ida y vuelta y quien dio el gran susto fue el lateral Wendt.

Ahí entendió Emery que si los suyos trataban de ir más arriba debía dotarlos de más fuerza para que no sufrieran tanto en las contras. Había dos candidatos a abandonar el campo, Banega y Reyes y optó por el utrerano para que toda la grada se metiera a entrenador de golpe con la sonora pitada. Pero no, el Sevilla sí fue capaz de equilibrar el pulso a partir de entonces, los omnipresentes Kramer y Xhaka desaparecieron de la circulación y el partido cambió de dirección.

Hasta que Pareja buscó una entrada más por la derecha, la cuarta o la quinta desde que Figueiras entrara por Reyes, el portugués tuvo la pausa para dejar el balón correr y levantar la cabeza y su centro fue rematado por Iborra. El Sevilla, después de tantos padecimientos en el primer periodo, no sólo parecía un equipo ya superior al Borussia sino que, además, era capaz de cantar un gol a los cuatro vientos a través de un movimiento perfecto. El lateral derecho sube la banda, el central manda un balón preciso arriba y el medio centro se incorpora para rematar el pase de la muerte de Figueiras. Bastó con eso, con un pase largo para que dos peones procedentes de las líneas más atrasadas se encargaran de sorprender al siempre ordenado Borussia.

Es verdad que se trata de una eliminatoria, pero, figuradamente, cabe convenir que los tres puntos se habían quedado en casa y cuando la igualdad es tan grande entre dos equipos como el Sevilla y el Borussia Mönchengladbach en la teoría, sólo en la teoría, un uno a cero es un resultado magnífico. Y ese movimiento de Emery en el cambio de Figueiras por Reyes tuvo mucho que ver, ¿verdad?


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