Enero se va y la cuesta aún debe subirla

  • Para evitar que las dudas se conviertan en nervios, al proyecto le urge un triunfo · Sin gol la mejoría es irreal.

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Enero termina y el Sevilla de Marcelino no ha subido la cuesta. Un mes en el que han pasado demasiadas cosas: una eliminación copera, un regreso ilusionante (Reyes), un fichaje sorpresa (Babá) y un rescate no menos sorpresivo (Cala), un suculento traspaso como el de Martín Cáceres, un derbi en el que el rival se le fue vivo y, para terminar, esta misma semana, un movimiento accionarial lo suficientemente importante como para determinar el futuro de la sociedad. En realidad, el sevillismo ha vivido de todo menos triunfos. Bueno sí, una victoria sí llegó (ante el Valencia en la Copa), pero como suele pasar con los triunfos estériles acaban traicionando el subconsciente y se contabilizan como derrotas.

Al Sevilla y a su entrenador se les ha puesto la situación bastante dura. La carretera se les estrecha a medida que pasan jornadas y los puntos no llegan en número suficiente. El fútbol ha mejorado desde que Reyes dinamiza el ataque, las sensaciones son distintas, pero el gol no aparece y el crédito, por mucho que la idea de juego entre por el ojo, se le va agotando a un Marcelino que empieza a sentirse de alguna manera observado. Se sacan desde fuera conclusiones de algunas decisiones tomadas por el entrenador que puede que no tengan nada que ver con la realidad, pero que están ahí. Las reiteradas ausencias de Kanoute, las de Palop, la desproporcionada reprimenda pública a Campaña por no se sabe qué... Son pequeñas piedrecitas que pueden acabar levantando un muro entre el técnico y el resto, metiendo en ese indefinido resto estamentos como la afición, el llamado entorno, la prensa, la plantilla y hasta el consejo de administración.

Todavía no ha pasado nada, pero puede pasar. Los nervios están en su sitio, pero pueden perderse. Por eso al Sevilla no le caben ya más errores en una página que ha agotado los márgenes. Venir a Málaga y llevarse los tres puntos puede decirse sin riesgo a equivocarse que es lo único que le vale al equipo de Marcelino, que no se sabe desde cuándo no gana.

Porque el Málaga, un equipo construido y pensado para dar guerra en la lucha por la Champions, es ahora mismo un bocado apetecible. Por nombre, un triunfo en La Rosaleda sanaría heridas y podrían considerarse los sumados como tres puntos de prestigio. Y por sensación actual, el equipo de Pellegrini está en el momento idóneo para ser acorralado en su propia casa. Lleva más tiempo sin ganar en la Liga que el propio Sevilla, que ya es decir, desde el 28 de noviembre, y las dudas han dejado de ser dudas esta semana para convertirse en enfado generalizado con todas las de la ley.

Es un equipo que asusta más en la hojilla de alineaciones que en el terreno de juego y no es precisamente de los conjuntos con más ritmo de Primera. Eso es un dato a favor de los sevillistas, que últimamente se han especializado en proponer una intensidad de presión difícilmente soportable por sus rivales, aunque la letra pequeña de esta disposición de juego de salida es que no durá más allá de una hora. Los 45 minutos iniciales y si acaso algo más, coincidiendo generalmente el bajón físico con un cambio de piezas recurrente de Marcelino: Rakitic por Trochowski. Desde fuera, y analizándolo en caliente, se agredece el mensaje y la naturaleza de la decisión. Un hombre de más llegada y calidad para dar el paso adelante definitivo en los partidos, pero en la práctica ha solido propiciar la pérdida del centro del campo y el consiguiente desahogo y activación del contrario.

Ahora que Marcelino parece haber dado con la clave gracias a ese Reyes empeñado en apretar los dientes, no se entendería que fuera un día de cambios, salvo dos obligados -cuidado porque es en la misma línea- en defensa, el sancionado Fazio y el traspasado Cáceres. No cambiar lo que funciona es una de las máximas en el mundo de los banquillos, pero el gol no llega y lo que hace falta es que el utrerano no se aburra y baje los brazos. La falta de acierto, es verdad, ha privado al Sevilla de muchos puntos y ha tamizado de aspectos negativos una mejoría evidente. Negredo tiene parte de responsabilidad, pero no toda. Las pilas se las tienen que poner todos. Pero todos, todos...

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