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¿Espíritu para el cambio?

  • El estreno de Míchel en el Sevilla ofrece los peores síntomas que hubo con su antecesor · Ni los cambios tácticos ni la intensidad cambiaron el panorama.

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Descorazonador. Así se define el estreno de Míchel como entrenador del Sevilla después de 90 minutos ante la Real Sociedad, donde no apareció esa intensidad que se demandó tanto por parte del entrenador como por el presidente en las entrañas del vestuario. ¿Espíritu para el cambio? Según lo visto en Anoeta, mucho trabajo le queda por delante al nuevo entrenador sevillista para plasmar en resultados sus ideas futbolísticas. El presunto golpe de autoridad dado en la previa con los castigos a Medel y Spahic se volvió en su contra a las primeras de cambio y el Sevilla adoleció de falta de carácter en el momento que más lo necesita. Si con la llegada de un nuevo técnico se confía en al menos incrementar la intensidad colectiva, el equipo sevillista rompió ayer con esa presunta teoría, con el desequilibrio generado desde el punto de partida. Únicamente los primeros minutos del segundo tiempo, con las líneas más juntas y la posesión del balón se atisbó una cierta reacción.

Existía expectación por comprobar cómo dispondría Míchel a su equipo y éste apostó por un 4-1-4-1, con Campaña como pivote defensivo en lugar del defenestrado Medel y con Trochowski como complemento de Reyes, dejando a Rakitic y Kanoute en el banquillo. Y el Sevilla, que intentaba no perder el sitio en el campo, pecó de falta de agresividad. Demasiado contemplativo, la primera orden fue la de evitar los errores individuales, pero eso lo dejó muy lejos del área de Bravo, con apenas un remate de Negredo a pase de Manu del Moral que se fue besando el larguero. Los cambios tácticos de Míchel, con las posiciones retrasadas de Campaña y Reyes, no surtieron el efecto deseado y sin que se le pueda achacar a los protagonistas. Simplemente, el fútbol tiene esa lógica de que los jugadores rinden mejor en sus zonas naturales y ni el joven canterano está llamado a servir de apagafuegos ni el utrerano se puede convertir en la reencarnación de Schuster para actuar de canalizador del centro del campo. Del desaparecido Trochowski poco se puede esperar ya a estas alturas, mientras que a Negredo o a Manu del Moral se les debe exigir por quien corresponda una subida de rendimiento.

"Liberté, égalité... Superioridad!", se leyó ayer como mensaje institucional en las camisetas de los jugadores sevillistas, tomando parte en esa polémica generada con los guiñoles del país vecino. Pero bien haría el equipo de Nervión en aplicarse la última palabra de su eslogan e intentar salir al terreno de juego con el convencimiento de que se es superior al contrario.

La ilusión que se genera con la llegada de un nuevo entrenador quedó rota a las primeras de cambio, con el peligro que eso conlleva cuando el objetivo de la Liga de Campeones queda el doble lejos que la zona de descenso. Para el debate semanal quedará si Míchel castigó a Medel o Spahic o al propio Sevilla con su decisión de la previa, pero lo único claro es que su planteamiento en Anoeta partió con un desequilibrio generado en la elección de los jugadores. En plena segunda vuelta del campeonato no se puede jugar con fuego y el encuentro del próximo sábado ante Osasuna adquiere rango de final para evitar males mayores. Pero, para empezar, Míchel debe hacer llegar mejor su petición de intensidad a los jugadores, requisito mínimo para enderezar el rumbo.

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