Maresca, el peor momento de un héroe caído en desgracia

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Minuto 75. Manolo Jiménez da entrada a Maresca para intentar levantar un 0-1 con un hombre menos. El italiano escucha tímidos silbidos por parte de la grada de Nervión; unos instantes después, en su primer arreón sin fruto, la pitada es generalizada. Y se repetiría luego, en otro carrerón frustrado del italiano. Enzo Maresca, el salernitano que fue el héroe de la primera UEFA del Sevilla, designado aquel 10 de mayo de 2006 como hombre del partido por sus dos goles, tiene a su afición en contra. El héroe caído en desgracia. ¿Será su definitivo declive o sólo es una reprimenda puntual tras la rajada que se pegó contra técnico y compañeros?

Es la incógnita que debe resolver el propio jugador, que ha pasado de ser un capitán con galones en el campo en su fulgurante inicio liguero a un jugador de recurso que no acaba de comprender su nuevo rol. Tras el derbi, incluso tuvo un pequeño altercado con un hincha que trató de avalanzarse sobre él.

El aficionado sevillista, frustrado por la derrota frente al eterno rival, lo tomó como chivo expiatorio y Jiménez, que tuvo que tragarse el sapo de sus declaraciones hace dos semanas, hubo de defenderlo públicamente: "La afición es soberana, pero su actitud al intentarlo es irreprochable".

Era la obligación de un técnico que sufrió hace poco la puñalada de un jugador que sabe elegir los momentos para hablar. El salernitano, que maneja estupendamente el español desde antes de llegar al Sevilla en 2005 -enamorado del castellano, lo aprendió en su país-, no ha tenido pelos en la lengua para reivindicarse cuando se ha visto fuera del equipo. Aunque también reivindicó el trabajo de su entrenador y el del equipo en momentos de crisis, aun sin ser titular. Tras el derbi de la ida, sin ir más lejos.

Empezó la Liga de lujo, con un puesto indiscutible de titular y la renovación hasta 2011 en el bolsillo. Y la afición incluso criticó a Jiménez que no lo pusiera en el derbi de Heliópolis. Ese misma afición que ahora le pita y que quizás no sabe que su problema es el bajón físico que ha pegado, un bajón que él tampoco acaba de asumir. Si lo asume y se centra, puede volver a ser ese jugador que cambia dinámicas en tiempos de crisis. El martes cumple 29 años. Asumir su parte de culpa sería un gran regalo.

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