Míchel contra la realidad

  • El madrileño debe regenerar un equipo con un mal endémico en el sistema defensivo, una falta absoluta de gol y un tremendo calendario por delante · En Getafe salió airoso dos veces de la lucha por no bajar.

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La última vez que el Sevilla concatenó ocho partidos sin ganar bajó a Segunda División. Fue en la temporada 99-00 y las circunstancias no tenían nada que ver con las de ahora, pero el dato está ahí y debería servirle a Míchel para enterarse de sopetón de lo que tiene entre manos. En un contexto, el sevillano en general y el sevillista en particular, tan dado a lo bipolar es normal que la afición se haya instalado en el pesimismo y la palabra segundazo se use de forma agorerera. Pero Míchel ya sabe lo que es luchar en los bajos fondos. De hecho, salvó al Getafe en dos ocasiones, cuando llegó como héroe al rescate en abril de 2009 y obró el milagro en sólo cinco partidos y el curso pasado, con un agónico empate en Anoeta que fue su epílogo como técnico azulón. Sin embargo, allí tenía mucha menos presión mediática y social que en Nervión, y esto añade un inconveniente a la tarea del entrenador, como podrá comprobar in situ si el sábado no logra ganar a Osasuna. Además, la plantilla del Sevilla, sobrevalorada desde dentro y desde fuera, no está acostumbrada a esa pelea. Por todo ello, el madrileño tiene por delante el mayor reto en su corta carrera como técnico.

Lo primero que se ha encontrado Míchel es que, como él mismo reconoció en Anoeta, el equipo no responde igual en la ciudad deportiva que en los partidos. Estaba convencido del triunfo, según dijo, por cómo vio trabajar a sus nuevos pupilos. A Marcelino le ocurría algo similar. Lo cierto es que Míchel debe luchar contra una realidad que, no por repetirla, deja de ser evidente. El Sevilla, su plantilla, tiene un mal endémico en el sistema defensivo que se pone en evidencia a la hora de la verdad. Es muy fácil echarles la culpa a los integrantes de la retaguardia, sean quienes sean, aunque sería más justo reconocer que hay muy pocos efectivos en esta plantilla, que tanto relumbra por fuera, con capacidad defensiva. Y a eso se ha sumado este curso el pésimo acierto goleador de sus especialistas, Negredo en su rol de titular y Kanoute en el de relevo de lujo, y la nula aportación de la segunda línea, salvando a Manu del Moral, que atraviesa ahora una sequía que parece contagiosa. Es decir, que el Sevilla ni defiende eficazmente ni ataca con un mínimo de acierto. Por eso está a tres puntos de los puestos de descenso tras una racha de dos victorias en los últimos 16 partidos. Casi nada.

La defensa, en la diana

Entre analistas y aficionados lleva instalada la idea desde hace dos o tres años de que la defensa del Sevilla no cuenta con efectivos de garantías y por ahí se le va yendo al equipo toda la vida. Pero responde más a la realidad la ausencia de un centro del campo con potencia para destruir, porque ¿cuántos jugadores con capacidad defensiva hay en esta plantilla? ¿Los castigados en Anoeta Medel y Spahic? ¿Fernando Navarro o el recién llegado Cala? ¿Fazio con sus puntuales ausencias? ¿Luna en caso de que actúe como extremo? Del chileno  hacia delante, únicamente Jesús Navas puede realizar un trabajo continuo de hostigación al contrario sin perder un alto porcentaje de frescura ofensiva. Trochowski volvió a demostrar en Anoeta que sirve para presionar en posiciones adelantadas, pero luego desaparece. Rakitic, desde que llegó, siempre dejó agujeros para poder aparecer en el área contraria, que es donde se gusta, y Campaña ha tenido muy pocas oportunidades para reivindicarse como medio centro creativo con disciplina defensiva, aunque sí es una pieza a explotar. Los demás, Kanoute, Negredo, Manu del Moral, Perotti, el propio Reyes, no son futbolistas hechos para que tengan una óptima respuesta en este rol. Curiosamente, una de las razones deportivas para la venta de Diego Capel por 3,5 millones fue que carecía de capacidad de sacrificio para presionar y defender... Y Medel es el único medio de cierre específico.

El gol y el calendario

El Sevilla capeaba ese mal endémico con su potencial goleador, pero este curso acumula el peor registro de la era de Del Nido: 22 goles en 22 partidos de Liga. Sólo cinco equipos, todos por debajo del Sevilla, suman menos. Negredo está peor que en su primer año: lleva 6. Lo siguen Manu del Moral, con 5; Kanoute, con 3; y Jesús Navas, con 2. Luna, Fazio, Alexis y Escudé más un gol en propia puerta completan la lista. Futbolistas fichados para aportar gol desde la segunda línea, Reyes o Trochowski, no se han estrenado, y Rakitic, que marcó 5 en medio curso, tampoco.

Es el panorama que tiene ante sí Míchel para afrontar un durísimo calendario: Osasuna, Valencia, Atlético, Sporting y Barcelona alternándose en casa y fuera antes de visitar Santander y Granada. Por todo ello, sobre el esbozo del nuevo sistema -tampoco estaría mal el banquillazo a más de un jugador acomodado-, Míchel haría bien en ponerse las pilas y abandonar justificaciones como la que manifestó en Madrid en referencia a la trifulca entre Medel y Spahic: "Nunca había visto nada igual", dijo en El Larguero. Del Nido podría decir lo mismo sobre la actual dinámica del Sevilla, comido entre los males de la planificación y la sobrevaloración de varios de sus jugadores.

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