Problema de concepto

  • La obsesión de Emery por el ataque lo ha desnudado hasta el punto de encajar 24 goles en 11 jornadas, como hace 55 años. Ni los años de descenso el Sevilla presentaba esos números.

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Un pasito para delante y dos o tres para atrás. Lo que gana Unai Emery con una decisión más o menos coherente o con un par de cambios acertados lo pierde casi inmediatamente con otros planteamientos alocados. Así lleva el guipuzcoano desde que empezó la competición. Después de firmar un notable octubre, con siete partidos sin perder entre Liga y Liga Europa, en el penúltimo día del mes echó por tierra un crédito que tenía cogido con alfileres. Mientras la cúpula del Sevilla parece mantener la calma, el sevillismo de base está tremendamente desencantado con la goleada sufrida en el Santiago Bernabéu. Sus explicaciones tras el partido no han ayudado a calmar esa enorme desilusión y todo parece responder a un problema de concepto.

El guipuzcoano parece obsesionado con el juego de ataque y está atropellando fundamentos básicos del fútbol. Y las dudas sobre la gestión de una plantilla versátil y rica en matices se han incrementado de sopetón. Da la sensación de que Emery está dilapidando el potencial de un grupo muy amplio por su perseverencia en olvidar cimentar el sistema defensivo. Y sólo hay que mirar las estadísticas para corroborarlo. Antes de los siete goles encajados del miércoles, en el que evidenció un planteamiento suicida con el que quiso ir al cuerpo a cuerpo con el poderoso Real Madrid, los de Emery ya tenían una preocupante media de goles encajados: 17, a razón de 1,7 por partido. Ahora, tras la undécima jornada, ya es el segundo equipo más goleado, con 24 tantos en contra, los mismos que el colista Almería. Sólo el Rayo Vallecano lo supera en esta faceta con 27 goles encajados.

Desde hace más de cincuenta años, medio siglo, no encajaba el Sevilla tantos goles a estas alturas del campeonato liguero. Hay que remontarse a la temporada 58-59 para encontrar en la undécima jornada una cifra superior: 25. El equipo de Emery parece haber vuelto a la época de los balones de correílla, cuando el sistema de juego se fundamentaba en la famosa doble WM, y las alineaciones se recitaban haciendo pausa entre los tres defensas, los dos medios y los cinco delanteros. El ejemplo de este dislate táctico en el fútbol moderno fue el espectacular 7-3 vivido en el Santiago Bernabéu, donde Emery optó por repetir en la media a M'Bia con Rakitic, con dos laterales de corte ofensivo, dos interiores y un delantero, sobre tres centrales a los que les llegaban los atacantes madridistas en aluvión.

Ni en las temporadas de los cuatro descensos históricos del Sevilla tenía peores números defensivos en la jornada 11. Los 24 goles en contra de ahora doblan los 12 de las temporadas 71-72 y 96-97, y casi doblan los 13 de la 99-00.

Al Sevilla, obviamente, también le faltó en Madrid el punto mínimo de agresividad e intensidad para intentar fijar, al menos, a Benzema, Bale y compañía. Pero el planteamiento de inicio ya presentaba dudas, desde la misma confección de la convocatoria. Por ejemplo, ¿es lógico que Cristóforo fuera el elegido para quedar fuera de la lista de 18 en el Bernabéu? ¿Cómo se explica que Cala, que mantenía una línea de regularidad y que es el central sano con más altura, se quedara en el banquillo en un campo donde es prioritario presentar batalla física? ¿Por qué repitieron diez de los jugadores que se enfrentaron a Osasuna tres días antes, incluidos varios que salen de lesión, con el único cambio de Fernando Navarro por Gameiro? ¿Por qué el veloz punta francés fue suplente para un partido así?

Emery tiene un problema de concepto y, de momento, no lo reconoce: "Sólo con trabajo y exigencia conseguiremos mejorar las situaciones defensivas tanto colectivas como individuales -explicó este jueves en su blog-. Este resultado no nos tiene que parar, y tampoco debe tapar las aspectos buenos. Eso sí, al igual que sucedió tras el 3-0, contra el Celta el equipo debe reaccionar y salir a por la victoria desde el primer minuto, siendo agresivo y ofensivo, más sólido en defensa". Emery insiste en el trabajo, pero su laboriosidad no se le discute, sino su concepto de base.

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