Getafe - Sevilla · la crónica

Un Sevilla ¿de 1890? (2-1)

  • Emery apuesta en Getafe por jugar con un 'Alexanko' durante los 90 minutos y los suyos caen tras un horrible partido. La búsqueda de Iborra pareció de lo más antigua esta vez.

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Sin entrar en la más mínima valoración sobre la fecha de nacimiento del Sevilla Fútbol Club, sí se puede permitir la licencia literaria de apelar a un año significativo para los historiadores del club con el fin de expresar el tipo de fútbol elegido ayer por Unai Emery para tratar de derrotar al Getafe en su desangelado estadio. El Sevilla optó por un estilo arcaico, propio de hace dos siglos, de colocar a un hombre boya arriba y buscarlo a través de balones aéreos para que éste tratara de prolongarlos hacia atrás y que ya cayera donde fuera en una rifa complicada de explicar. Iborra fue algo así como la antigüita solución de emergencia que buscaba Johan Cruyff al central Alexanko como delantero más avanzado en pos de alguna solución heroica. La diferencia, claro está, no era baladí, porque Iborra no fue una vía de última hora, sino que jugó ahí los 90 minutos. 

Ése fue el planteamiento de Unai Emery para resolver la falta de recursos en las bandas debido a las lesiones y a las sanciones. El vasco colocó por primera vez juntos de partida a Bacca y Iago Aspas, pero en lugar de darles a ambos metros a su alrededor para que hallaran los espacios necesarios para poder combinar incluso los acompañó con Iborra arriba en la mayoría de las ocasiones, por no decir todas. El resultado era un Sevilla con tres delanteros y tres centrocampistas y una querencia desesperante por poner el balón arriba para que el gigante valenciano los pudiera bajar. 

Pero no, escasas veces se iba a producir tal circunstancia, entre otras cosas porque el Getafe, dentro de sus limitaciones, se sintió muy cómodo a la hora de defender un planteamiento tan rudimentario. A Iborra lo rodeaban un medio centro y un zaguero cada vez que se producía un pelotazo arriba, lo que ya complicaba cualquier opción de dominar el balón. Todo lo más que conseguía el valenciano era peinarlo hacia atrás y entonces llegaba el siguiente problema. Bacca sencillamente no estaba, Iago Aspas estaba casi siempre más preocupado de atender a las órdenes de su entrenador de moverse cerca de la banda derecha y, por último, las incorporaciones desde atrás de los tres centrocampistas eran nulas. Sobre todo desde que Mbia gritara a los cuatro vientos que también su musculatura se había roto, otra más en las filas sevillistas, y se tenía que ir al vestuario demasiado pronto. Porque la solución fue colocar a Coke como tercer centrocampista, lo que disminuyó aún más la capacidad de asociación desde atrás de unos sevillistas en los que Krychowiak se encargaba de cerrar y Banega de trotar a su ritmo. 

El Sevilla ya fue arcaico en el arranque, pero entonces tuvo la primera, quizá la única ocasión clara de gol, que se le iba a presentar. Con cero a cero y después de que Sammir hubiera podido adelantar al Getafe en un córner pésimamente defendido por los blancos, Iago Aspas sí fue capaz de bajarle un balón a Iborra. Era el mundo al revés en el planteamiento que transmitió el equipo de Emery durante todo el litigio, pero el remate del valenciano, con todo a favor debido a que Jona estaba fuera de sitio en la portería, se fue fuera desviado cuando lo más fácil era que los visitantes cantaran el primer gol. 

Esa jugada concreta se enmarca, además, dentro de una fase en la que el Sevilla sí estaba llegando a los tres cuartos del campo con cierta ventaja. Pero ahí llegaba el problema de no ir de verdad en pos del gol, lo que se traducía en pérdidas absurdas cuando parecía que los peones más avanzados de Emery estaban en condiciones de hacerle daño a una zaga getafista bastante rudimentaria también, dicho sea de paso. 

Pero el Sevilla fue dando pasos atrás en su disección del juego conforme comenzaban a incrementarse los pelotazos arriba de Pareja y Fernando Navarro en busca de ese oremus llamado Iborra que se había inventado Emery. Y conste que ya sé que el valenciano jugó ahí tanto contra el Espanyol como frente al Real Madrid, pero la diferencia, otra más, fue que lo había hecho como segundo delantero, con muchas piezas arrancando desde más atrás, con un equipo mucho más equilibrado en el centro del campo y no como tercer punta. 

Además, Figueiras, el recambio del lesionado Mbia, no fue capaz de aprovechar jamás el carril que se le abría por la derecha. Al contrario, en un despeje hacia atrás de lo más ingenuo de Kolodziejczak, el portugués era aún más infantil al meter la pierna de manera innecesaria ante Álvaro. Penalti, como en Valencia, como tantas veces, y uno a cero para un Getafe que agradecía el regalo. 

Tenía tiempo el Sevilla para reaccionar, sin embargo, pero no llegó a alterar el plan de juego en ningún momento. Al contrario, el segundo cambio de Emery, después de un arranque del segundo periodo horrible, fue Juan Muñoz por Iago Aspas, otro lesionado. Y el embudo fue cada vez mayor ante un Getafe que tal vez hubiera sufrido con el balón por abajo. Como en el uno a uno, en el que llegó por un costado y un centro mal despejado permitió un trallazo de Krychowiak desde la frontal del área. 

Podía arreglar la cosa el Sevilla, incluso, pero Emery siguió empeñado en que Iborra fuera delantero hasta el final y tanto Coke como Figueiras, a veces, hicieran de medio centro. Es decir, que los suyos siguieron jugando a un fútbol tremendamente arcaico y esta vez contra un rival cuyo presupuesto ni siquiera le permite inscribir ninguna ficha, que coste en acta para cuando se apela a la cuestión contraria. Balones a Iborra y cada vez más descontrol atrás por la zona de Coke y Figueiras. Hasta que pasó lo que podía suceder. Gol de Pedro León y la confirmación de que en 1890 se podría jugar así, buscando a una torre arriba, pero eso ya pertenece a la prehistoria, ayer era 8 de febrero de 2015.

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