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Por ahora, aspirante a... competir

  • La impericia de Trochoswki, Rakitic, Navas y Del Moral ante la intensidad que propuso Emery hizo que el Sevilla cediera metros, y decidió otra indecisión atrás · Sólo Navas, en un ratito, puso chispa arriba

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En la Liga, tres goles después de siete salidas, y dos de ellos de penalti. En la Liga Europa, un gol de Kanoute en Hannover, y en la Copa, otro tanto del franco-malí en Lepe. Esa famélica producción goleadora del Sevilla de Marcelino como visitante no puede ser casual. En el fútbol, las estadísticas son un espejismo en muchas ocasiones, pero este algodón no engaña. El fútbol fuera de casa requiere músculo, carácter y fuerza para aguantar los envites atrás, sostener el pulso en el medio a un rival que suele apretar y salir con firmeza en ataque, muchas veces al contragolpe. Pero en la valija de este Sevilla flacucho y con demasiados jugadores con caras de bonachones yernos, falta colmillo retorcido. Y entrar a la pelota de verdad.

El mejor humano del fútbol español en los últimos años, el Valencia, propone ese fútbol intenso y de ritmo sostenido que sólo capean los verdaderos aspirantes a objetivos de enjundia, léase clasificarse para la Champions. ¿Es este Sevilla todo un aspirante a eso? De momento, que se preocupe de competir en estas lides, sólo de eso.

Defensa

La puesta en escena depara buenas sensaciones, con Spahic y Fazio anticipándose, saliendo la zaga de atrás y las líneas juntas. En el medio, jugar con Trochowski y Rakitic cerca de Medel corta el tráfico al rival y así se reflejó en el primer cuarto de hora.

Pero ocurrió lo que tantas veces en lo que va de temporada, que el desarrollo del juego hace que el Sevilla pierda metros si el oponente esgrime más recursos físicos. Los laterales del Valencia apretaron mucho más que los sevillistas; en el medio Albelda sacó su guadaña, ya herrumbrosa pero eficaz si el árbitro es permisivo, como lo fue; Banega tampoco se lo pensó a la hora de chocar y meter la pierna en los balones disputados, y poco a poco, los hombres encargados de apoyar desde atrás a Negredo empezaron a perder metros sin remisión.

El Valencia empezó a botar saques de esquina, a ganar los rechaces que salían del área de Palop, Miguel y Mathieu o Jordi Alba (intercambiaron sus posiciones a veces) se desdoblaban desde atrás. Precisamente por la zona izquierda del ataque levantino, Emery acumuló hombres. Junto a Jordi Alba y Mathieu, por allí aparecía unas veces Jonas, otras Soldado. Y Banega, cuando levantaba la cabeza, solía enfocar también hacia ese rincón.

Ataque

Lógicamente, esa debilidad en la lucha por cada balón en la sala de máquinas, donde se gesta el fútbol, lastra todo el juego de ataque. Jesús Navas y Manu acabaron recibiendo la pelota lejos del área valencianista y muchas veces de espaldas a la misma, Trochowski y Rakitic no son nada si tienen que conducir la pelota y desbordar para ganar metros hasta la portería, porque no tienen ritmo ni chispa... y Negredo, entre la desconexión con sus compañeros y su desconexión mental, hizo el resto. Sólo Jesús Navas se animó a tirar de casta con ese arreón en el que a punto estuvo de empatar Manu con su cabezazo a la cruceta. Sólo él puso la chispa.

Virtudes

Este Sevilla, salvo la excepción con el sobrehumano Real Madrid, no pierde por más de un gol por mucho que le cueste competir.

Talón de aquiles

El curso de los partidos desnuda a un equipo feble e inocente, sin calidad física alguna. Otra vez un error defensivo de bulto, con tres jugadores indecisos para despejar una pelota, resultó letal.

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