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Los campeones tienen estas cosas (2-3)

  • El Sevilla vuelve a superar al piropeado Borussia Mönchengladbach, esta vez en su feudo, para demostrar que era el mejor equipo. Los blancos fueron capaces de ponerse tres veces por delante en el marcador.

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El Sevilla superó el durísimo examen del Borussia Mönchengladbach y lo hizo, además, a lo grande, imponiéndose de nuevo en el estadio alemán gracias a su extraordinaria pegada, que dejó en un segundo plano esas debilidades defensivas que se tradujeron en las pérdidas de unas ventajas que parecían definitivas conforme se iban produciendo. Pero no, el Sevilla, mal que bien, supo sufrir las embestidas de los alemanes hasta llegar a pasearse durante el último cuarto de hora, evidenciando de esta manera que en el fútbol nada es definitivo y cuando se apunta que un equipo es mejor que otro, al final puede ser todo lo contrario dependiendo del desarrollo que pueda tener un solo partido.

Porque la vuelta en ese Borussia Park que se preparaba para la fiesta de derrotar al actual campeón no tuvo absolutamente nada que ver con la ida. El Sevilla, liberado de la presión de tener que llevar las riendas del juego y con la ventaja que le otorgaba el gol de Iborra, varió completamente el planteamiento y supo hallar las debilidades de este cuadro alemán que sufre, y mucho, cuando tiene que llevar las riendas del juego. Los blancos partieron con la idea de explotar el contragolpe a través de invitar al rival a vivir muy cerca del área que defendía Sergio Rico. Claro que la propuesta era arriesgada, por supuesto que sí, pero el resultado final indica que el método era el adecuado.

Y lo fue por la sencilla razón de que este Sevilla tiene mucha pólvora arriba, tanta que cada vez que se aproximaba hasta Sommer le asestaba un golpe que hubiera dejado noqueado a cualquier otro equipo. El problema, sin embargo, radicaba en que la fortaleza arriba no tenía una correspondencia con la eficacia de los encargados de proteger la puerta propia. Porque no es normal llegar a ponerse por delante en dos ocasiones en el marcador y arribar al descanso con la inquietud de lo que pudiera acontecer después. Fue así, en ese primer acto, por los errores propios, más allá que por las virtudes de un Borussia que trataba de buscarle las espaldas al Sevilla una y otra vez ante la conformidad de éste, dado que Emery había planteado el juego con la obsesión de defender muy juntos, con independencia de la zona en la que se moviera todo el bloque de manera acompasada.

Pero lo que no se podía defender era, por ejemplo, el error que tuvo Sergio Rico cuando no fue capaz de detener el disparo a su cuerpo de Xhaka para que el Borussia lograra el primer empate. Se había esfumado la ventaja del tanto inicial, de ese centro de Aleix Vidal por el que pugnaron Bacca y Stranzl con el resultado de que la pelota se colara en la puerta de Sommer. Pero tras esa primera igualada volvía a surgir el mejor Sevilla para sacar rédito de la táctica casi suicida del Borussia. Una contra lanzada muy atrás, una pantalla de Bacca a un zaguero y Vitolo y Aleix Vidal salieron como si fueran Usain Bolt. El canario aprovechó el hueco para marcar un golazo. Otra vez estaba el campeón arriba.

Pero la ventaja iba a durar esta vez menos aún, apenas tres minutos cuando una mezcla de despiste defensivo y un mal rebote se constituían en el segundo empate. Tocaba sufrir de nuevo, sobre todo en ese tramo del primer periodo en el que el Borussia fue con todo, pero entonces sí se ordenó algo más el entramado defensivo y al menos los blancos alcanzaba el intermedio con el dos a dos.

El resultado era bueno, las sensaciones no tantas, ya que el Sevilla defendía cada vez más cerca de Sergio Rico. Así seguiría siendo tras el intermedio y ni siquiera el primer aviso de Bacca, que no pudo aprovechar un mano a mano en el minuto 48 variaba el decorado. Fue una fase extraña, en la que el Sevilla defendía sin defender, es decir, colocaba muchos peones posicionalmente, pero éstos eran incapaces de robarle la pelota a un Borussia que cada vez vivía más cerca de Sergio Rico. El resultado era una sensación de angustia permanente para los blancos, por mucho que después no tuviera ni la más mínima trascendencia en el marcador, entre otras cosas porque Sergio Rico aumentó sus aciertos, particularmente en un paradón a Xhaka tras un error de Vitolo en la salida del balón.

Pero no, quien debió sentenciar fue Aleix Vidal tras un carrerón que lo dejaría solo delante de Sommer. Fue escasos minutos antes de que llegara la jugada que finiquitó todo aquello. Xhaka, que ya había rozado varias veces la segunda amarilla, pidió a gritos su expulsión y el juez croata se la concedió. Con dos a dos, uno más y el entrenador local jugando a un fútbol irreal de quitar a los defensas para meter a delanteros, sólo faltaba esperar a que llegara el momento del campeón. Lo hizo a través de Vitolo para demostrar que los campeones siempre ejercen como tales en el momento más oportuno. Y el Sevilla, que no lo olvide el Borussia Mönchengladbach ni nadie, es el actual campeón de la Liga Europa.

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