Una (costosa) causa perdida

  • La nula aportación de Romaric en Palma, donde Manzano no esperó ni al descanso para cambiarlo, refuerza la teoría del fracaso costamarfileño · Zokora no jugó y Kone fue el descarte

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Convertida ya en una situación casi insostenible, la nula aportación que futbolistas como Romaric o Zokora están ofreciendo al Sevilla ha provocado el cambio definitivo de actitud hasta de los rectores del club, que antes defendían con uñas y dientes esta importante inversión en el proyecto y que han pasado directamente a aislarla. Desde el 28 de enero hasta la fecha, Monchi ha cerrado los fichajes de tres futbolistas que juegan en sus mismos puestos, Medel y Rakitic, que ya están actuando asiduamente en el equipo, y Trochowski, que está desde ayer en Sevilla para cerrar su vinculación a partir de la temporada que viene.

El último cañonazo al agua ha sido la titularidad de Romaric en el Iberostar Estadio, una oportunidad que Manzano otorgó al discutido centrocampista por la ausencia de Kanoute y que el ex jugador del Le Mans ni mucho menos agradeció. Fuera de forma y en su habitual ritmo cansino, Romaric fue una rémora para el Sevilla los 36 minutos que disputó. No frenó el juego interior del Mallorca, se autoliberó de tareas defensivas que acabaron superando a su compañero Medel y circuló con escasa velocidad el balón, con lo que difícilmente su equipo podía sorprender. No era titular desde el 6 de febrero, en el Sevilla-Málaga (0-0), día en que fue suplido por Kanoute tras el descanso después de formar pareja por última vez con Zokora. Antes, había sido titular fijo y cabe reconocerle su papel clave en la Copa del Rey, goles incluidos. Tampoco está de más recordar que, cuando ha tenido continuidad, como en su primera campaña, ha rendido. Aquel año, el Sevilla terminó tercero con Romaric al mando.

Pero el sábado volvió a salir en el once por la baja del franco-malí y se marchó enfadado cuando Manzano lo sustituyó en una decisión que puede tener dos lecturas, una de cara a la galería y que demostraba poca consideración con el futbolista al no esperar al descanso y otra porque en realidad el equipo lo necesitaba, si bien es cierto que se marchó con 1-1 y con seis minutos de Rodri en el campo el Mallorca hacía el 2-1 en una jugada en la que precisamente a Medel se le vino todo encima al no existir ya la pieza que debía parar a De Guzmán aún en el campo contrario.

El Sevilla, que esperaba inútilmente una reacción del futbolista que produjera un tibio repunte de su cotización en el mercado, es ya consciente del problema que tiene con Romaric, cada vez más difícil de colocar ni siquiera en el fútbol francés. Su salida se llevará a cabo, pero muy, muy a la baja y convirtiendo en ruinosa una operación que superó los 8 millones de euros hace ya tres temporadas, al margen de una alta ficha que ronda los dos millones anuales.

Pero no es Romaric el único problema costamarfileño que tiene el Sevilla. Sus continuos episodios de indisciplina, sus desordenados hábitos de vida -los médicos han llegado alguna vez a meterle miedo- y su tendencia a ganar peso lo han convertido en demasiadas ocasiones en un mal profesional. Pero es que ha tenido un compañero de andanzas que no le fue a la zaga y que jugó con la ventaja de sus dotes físicas para no convertirse en un caso tan llamativo. Capítulos como los de la Feria del año pasado, con extrañas gastroenteritis y visitas fantasmas al hospital Virgen Macarena, salidas nocturnas en Barcelona la noche antes de jugar y perder (5-0) en el Camp Nou..., y otras muchas que no han trascendido hasta llegaron a poner en peligro la unión del grupo. En esta temporada limpiar ese reducto del vestuario ha sido una empresa imposible para Manzano.

Zokora tardó bastante más en dejar de tener la confianza del aficionado, que desde el principio quedó cautivado por sus dispendios físicos, aunque cada vez más repartidos en el tiempo e interesadamente más cercanos al minuto 90 que a los iniciales en cada partido. Su falta de rigor táctico llegó a convertir el sistema defensivo del Sevilla en el más vulnerable de su historia (ni en años de descenso recibió tantos goles), pero la ausencia de un futbolista adecuado hasta la llegada de Medel le daba carta blanca en las alineaciones.

Desde la llegada del chileno, apenas ha jugado y cuando lo ha hecho ha mostrado una alarmante apatía que llevó a Manzano, como con Romaric el sábado, a quitarlo a las primeras de cambio, como en la primera parte ante el Barcelona en Nervión o en Oporto.

El Tottenham hizo negocio con él. Se quitó de enmedio una causa judicial pendiente con el Sevilla vinculada a la rescisión unilateral de contrato de Juande Ramos y su preparador físico y, aunque no se supieron con exactitud los términos económicos de la operación, el precio inicial en que lo tasaron los Spurs era de unos 10 millones de euros. Futbolísticamente, el Tottehnam puede decirse que ganó con el cambio, su crecimiento desde entonces lo ha llevado a luchar por las semifinales de la Champions ante el Real Madrid.

El caso de Kone es claramente distinto y nada tiene que ver con la indisciplina. Dos lesiones muy graves de rodilla han impedido al delantero procedente del PSV Eindhoven justificar los más de 14 millones de euros que desembolsó el Sevilla por el que aún es el fichaje más caro de su historia, aunque en números muy cercanos a Negredo. El sábado, después de un largo proceso de rehabilitación, fue el descarte de Manzano para los dieciocho inscritos en el acta del Mallorca-Sevilla, cita para la que fue por primera vez convocado.

Los tres marfileños, que esta semana lo han pasado mal con la situación de sus familiares en la guerra civil que se vive en su país -recibieron ayuda del club para que salieran-, han supuesto al Sevilla un desembolso global de 32 millones de euros, lo que puede considerarse una auténtica barbaridad.

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