Entre las dádivas y la inefectividad crónica

  • Otra vez una acertada puesta en escena que se viene abajo por dos concesiones atrás y los persistentes errores ante el gol.

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A este Sevilla de Marcelino se le ha puesto una faz de perdedor. Empieza los partidos con buen son, aprieta arriba, tiene la pelota, aun a trancas y barrancas combina y ataca, pero al final se va al suelo condenado por su impericia en las áreas: como ante el Levante, su acoso fue estéril por su ineficacia rematadora y acabó pagando sus dos concesiones defensivas en seis minutos.

Defensa

Vallecas requiere una concentración especial en los rechaces, en las segundas jugadas, en las incorporaciones de los jugadores desde la segunda línea del ataque. Las reducidas dimensiones del terreno de juego propician ese ataque rústico pero a veces eficaz. Los sevillistas hicieron bien en adelantar la línea de zagueros para evitar esos balones sueltos en la corona del área.

De hecho, Javi Varas vivió con tranquilidad en la primera parte. Pero se complicó la vida en ese balón colgado al área justo antes del descanso. Fazio hizo por despejar, Varas le gritó "¡mía!", el argentino se agachó en el último momento y el arquero no blocó el balón. El Sevilla de hoy defiende con solvencia como equipo, se sitúa con orden y sincronización, se repliega con rapidez... pero se destapa con algún error individual, como en los dos recientes partidos de Valencia. También ocurrió con esa pelota cruzada de Piti a la espalda de Escudé que supuso el 2-0.

Ataque

Marcelino fue valiente con el equipo y consecuente con la vuelta copera de este miércoles ante el Valencia, introdujo hasta seis cambios con respecto al once del pasado jueves en Mestalla y la sorpresa de Luna por delante de Fernando Navarro, con Reyes entre líneas, dio aire fresco al ataque. Pero la suerte suprema se le niega: Negredo no sale del atasco.

Ya sabe el entrenador que Reyes le puede dar virtudes que echaba en falta entre líneas, donde Kanoute o Rakitic ofrecen toque, último pase y tiro, pero no la chispa y el desborde del utrerano. Cuando éste se fue con ese leve pinchazo en el muslo, el ataque sevillista volvió a atascarse. Todo quedó en manos de un balón largo que cazara Kanoute o alguna escaramuza más de Negredo, que fue tan brillante creando ocasiones como insolvente en la resolución de las mismas.

Virtudes

La puesta en escena con Reyes y Luna es viable cara al futuro.

Talón de Aquiles

Atrás comete errores pueriles que son letales por su atasco en el remate a portería. Marcelino no acertó en los cambios: ¿por qué fuera Luna? ¿por qué dentro Trochowski?

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