La Crónica del derbi sevillano

Hemos debido ganar (1-1)

  • El Betis y el Sevilla se quedan al final en un empate que dejará insatisfechas a sus respectivas hinchadas, que recordarán cuando pudieron ponerse por delante y no cuando se acercaron a la derrota.

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Empate a un gol en el derbi número 113 entre el Betis y el Sevilla, en ese partido que tuvo mucho más de cordialidad que de rivalidad en las previas y que después se desarrolló sobre el césped dentro de los cánones previstos. En teoría, tras unos prolegómenos tan hermanados, hay un motivo más para que todos se fueran contentos a casa, con un punto en sus respectivos casilleros, pero la realidad seguro que dictamina lo contrario, que unos y otros se fueron bastante insatisfechos por las circunstancias que se dieron durante los noventa minutos del encuentro. Los dos pudieron ganar y también compraron papeletas para haber caído, pero, claro, éstas se olvidan con rapidez y el ser humano tiende a quedarse con lo positivo.

¿Qué quiere esto decir? Sencillo, que tanto béticos como sevillistas pensarán en las tertulias del día después que los suyos debieron ser los vencedores. Y por empezar con los anfitriones en este recuento de los hechos, está claro que el Betis no supo aprovechar la circunstancia de la expulsión de Fazio, de que el máximo rival se quedara con un futbolista menos cuando aún restaban por dilucidarse unos 25 minutos aproximadamente, si se incluyen los 3 que dio Velasco Carballo como prolongación del segundo acto. Pero los anfitriones, entonces, se limitaron a apoderarse del balón, a moverlo de un lado para otro, aunque tampoco pusieron mucho de su parte para zaherir a un Sevilla en inferioridad tanto en el número de elementos como también en el físico, ya que muchos de los suyos se habían dejado la mayor parte de las fuerzas en el arranque. Léase particularmente Reyes y Medel.

Ni siquiera el paso adelante que transmitía Pepe Mel con la sustitución de Jorge Molina por Beñat sirvió para que su equipo tuviera claridad en esa fase final. Todo lo más, pudo sacar provecho de un balón al delantero de Alcoy, pero éste se topó con una dura defensa de Martín Cáceres y se limitó a solicitar un derribo del sevillista.

Hasta aquí los motivos que tienen los anfitriones para no gozar de una sonrisa plena en la mañana dominguera y comienza el recuento de por qué un sevillista también puede hablar de lo que pudo ser y no fue. Basta con que hagan un análisis de una de las mitades del litigio, ya que los suyos fueron infinitamente superiores en ese primer acto al Betis e incluso gozaron de numerosas ocasiones para haber batido a Casto. Particularmente diáfanas fueron las que tuvieron Negredo, éste casi en el arranque del juego, y Luna, tras un dadivoso regalo de Iriney. Ambos se plantaron mano a mano delante de Casto, pero, como viene siendo habitual en el Sevilla de 2012, también erraron y se toparon con el guardameta verdiblanco, que también goza de méritos al abortar ambas oportunidades, por supuesto que sí.

De cualquier manera, en el análisis de ese primer periodo está claro que el equipo que impuso su fútbol fue el Sevilla. Los blancos, con Luna por la izquierda, son un equipo muchísimo más equilibrado, ya que el canterano, al contrario que otros extremos, también ayuda a la hora de correr hacia atrás. Y eso condujo incluso a que el Sevilla llegase a apoderarse del balón, algo que se le presuponía al Betis de Mel. Los nervionenses, en esa mitad, fueron mejores e hicieron mucho daño a la zaga heliopolitana con las conexiones entre Reyes y Jesús Navas. Todo lo hacía, además, con una velocidad más, pero desperdiciaron un buen número de opciones para haberse puesto por delante y el fútbol no entiende de méritos.

Quien sí lo logró, en cambio, fue el Betis, casi en la primera que se le presentó. Para ser más exactos y rigurosos, ya tuvo una llegada que no consiguieron rematar ni Santa Cruz ni Rubén Castro, pero el que sí lo haría sería Beñat en una falta frontal. Fue la jugada, además, de la primera tarjeta a Fazio, que también tendría su peso posterior en el encuentro. Y los verdiblancos, con un gran lanzamiento del vasco, se pusieron por delante en el tanteo. Un escenario perfecto para el equipo de Mel, el rival se había dejado muchas fuerzas en el arranque y encima iba ganando por 1-0.

El Sevilla, sin embargo, no se descompuso y fue entonces cuando Luna se encontró con el pase atrás de Iriney. El error del zurdo en la suerte suprema debía pesarle a los suyos, pero en ese instante se creció aún más si cabe la sociedad entre Reyes y Jesús Navas, quienes fabricaron la jugada del empate para que, por fin, Negredo le pusiera el punto final a la negrísima racha que estaba atravesando el vallecano.Al descanso se arribaba con sensaciones favorables a los visitantes, aunque eran irreal

es, pues el periodo de reflexión debía conducir a que los béticos pensaran que a poco que mejoraran un par de aspectos se acabaría llevando este derbi y para que los sevillistas no tuvieran claro qué debían hacer para ganar, si dar un paso atrás o seguir corriendo riesgos como hasta entonces. Como era previsible, quien tuvo la razón fue un Betis que no peleó tanto por el balón como por hallar rédito en las contras, algo que pudo conseguir Rubén Castro de no ser por una gran parada de Javi Varas al sacarle el pie.

Después sería Fazio quien pondría un muro delante del propio Varas hasta que cometió la imprudencia de entrar con más fuerza de la permitida a Santa Cruz. El Betis ya tenía motivos para sentirse en ventaja y hasta decantar el derbi para él, aunque eso no se correspondió con las llegadas a gol, pues sólo Cañas, después Cáceres y, por último, Beñat pudieron lograrlo, los dos primeros en acciones a balón parado.

El marcador, sin embargo, se quedó varado en el 1-1 y a partir de ahora arranca el tiempo para hablar, para hablar y para hablar, ya sea en twitter, como se estila, en las oficinas o en las barras de los bares, y todos tendrán razón cuando pregonen que los suyos, los béticos y los sevillistas, los sevillistas y los béticos, pudieron ser los ganadores. Seguro que ninguno pensará, ahí, lo contrario. Ayer sí lo llegaron a temer, ¿verdad que sí?

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