Zaragoza | sevilla · MARCAJE AL HOMBRE

Un delantero para el psicoanálisis

  • Negredo necesita muy poco, una ocasión fallada como la que tuvo ante Carrizo, para que las ideas se le amontonen en la cabeza llevándolo a la esquizofrenia · Lo 'bordó' con un autogol y una autoexpulsión

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Este chico, definitivamente, no puede levantarse dos días seguidos con el pie derecho. Como si el cambio por Romaric ante el Getafe -un movimiento táctico del que debería dejar de hablarse ya porque se va a convertir en la sustitución del siglo- lo hubiera descentrado de nuevo, Álvaro Negredo volvió a ser en La Romareda ese futbolista con la especial habilidad de poner de los nervios al sevillismo.

Un partidito completo el que dio el delantero vallecano en Zaragoza, con gol en propia puerta incluido, desquiciado y con la cabeza puesta en otro sitio. Como si hubiese salido al campo pensando en que su titularidad ayer va a significar que Jiménez no lo ponga a jugar ante el Getafe la vuelta de las semifinales de Copa e incluso ya hasta tuviera que ver algo con su suplencia en la final... con todo lo que queda por llover todavía. Suena raro decir esto en febrero, pero los hombres del tiempo vuelven a dar agua para hoy.

Y eso que Negredo, acompañado de Kanoute, tuvo un comienzo prometedor ante una afición que tenía ganas de recibirlo con las uñas afiladas por el desaire que le dedicó este verano al firmar el Sevilla y dejar al Zaragoza casi en la estacada cuando ya tenía un acuerdo con el club maño. Pero si resolvió el último partido de Liga en Nervión con dos goles, uno de ellos un golazo, ante el Almería, ayer puede decirse que su entrenador tenía pocas cosas que agradecerle. Y eso que sus primeras apariciones dejaban el sello de un delantero de calidad. Hizo una bonita apertura al espacio libre de volea con el interior y sin dejarla caer y un precioso remate casi de espuela en un córner que salió fuera por poco. Pero ahí se acabó todo lo bueno de Negredo. El gol que falló cuando intentó elevar un balón muerto por encima de Carrizo marcó la transformación del futbolista. A este jugador hay un momento en el que un pequeño click en su cabeza se activa y ésta empieza a maquinar tanto que se acaba olvidando del fútbol. Las ideas se le pasan por la mente a gran velocidad, surge la ansiedad, empieza la aceleración, los enfados... Y todo se le tuerce tanto que hasta la suerte se le vuelve en contra. El golazo que anota ante Palop y que al final le da la victoria al Zaragoza marca incluso el momento de esquizofrenia que se apodera del futbolista, que ya no ve por los ojos del equipo sino por el de su propio ego. La reacción que tiene tras su autogol es regalar el balón al contrario en el saque de centro intentando un tiro de impotencia y rabia desde campo propio ante la mirada incrédula de su compañero, Kanoute, que le acaba de dar el balón en corto.

Las ideas se le van amontonando, unas se estorban con otras y de la coctelera sale un futbolista desquiciado, que hace la guerra por su cuenta y que se encara con el primer rival que le sopla en el cogote. Lo de tirar desde cualquier parte lo vuelve a repetir y la primera discusión con Contini no es ni más ni menos que la antesala de la autoexpulsión que Negredo llevaba escrito desde que falló ese mano a mano con Carrizo y sorprendió con ese golazo a Palop. Es héroe o villano, es el enfado puro... es Negredo, un delantero para el psicoanálisis.

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