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El drenaje se tragó la ría

  • La mejoría del césped encauzó la remontada sevillista en otra prueba de confianza y fe · La tromba de agua deslució una semifinal que se puso negra como la noche

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La ría... del Nervión. Allí, junto a la entrada de mar sobre la que el Athletic celebraba los títulos a bordo de una gabarra, se resolverá una semifinal deslucida en su ida por la tromba de agua que cayó dos horas antes del choque, que hubo de retrasarse 15 minutos, después de que hasta Monchi intentara ayudar a desalojar el agua. El Athletic se trajo con él una galerna cantábrica y casi le sale bien, pero el Sevilla le dio la vuelta al partido gracias a su fe y a su ambición, fiado a su calidad una vez que funcionó el drenaje, un drenaje de equipo grande.

La climatología lo condicionó todo. La segunda tromba de agua del día -la primera fue a mediodía- coincidió con la salida del autobús del Sevilla desde el hotel Los Lebreros. Así, el clima de manicomio que pidió José María del Nido no pudo tener el habitual prólogo de las noches grandes en la llegada de los futbolistas al campo, pese a que un nutrido grupo de valientes desafiaron al agua y acompañaron al autobús refugiándose como podían de lo que caía del cielo, una lluvia torrencial acompañada por aparato eléctrico. Ítem más, en el estadio sevillista no había lleno ni mucho menos. No hubo lleno pese a lo que hay en juego, otra final, pero sí hubo aliento de los que se rieron de la meteorología en pro del fútbol.

Los hados venían húmedos y todo se puso de cara para un Athletic evidentemente beneficiado por el pésimo estado del césped durante la primera mitad. Incluso peligró la celebración del encuentro, pero Velasco Carballo dictaminó que sí, que se podía jugar -el trío arbitral incluso hizo un calentamiento sobre el césped ante las condiciones el mismo-. El primero en probar la piscina fue Renato. Ni se había cumplido el minuto cuando todo su cuerpo cayó sobre un enorme charco. Poco después, Duscher intentó abrir a la derecha y la pelota se quedó corta. Era el minuto 2 y ya se veía que por ahí no podían ir los derroteros del partido. Y el Sevilla se adaptó bien a las nuevas condiciones del escenario. Era el día del fútbol directo, de evitar rasear el balón, de buscar las faltas, las segundas jugadas, los saques de esquina... Así pudo llegar el 1-0, en un cabezazo de Romaric en un córner que botó Renato, pero se fue al larguero. En cambio, el Athletic sí sacó provecho de un evitable córner que concedió Mosquera. El cara o cruz de un partido sobre una piscina cayó del lado bilbaíno, gracias a que Llorente supo anticiparse a Squillaci y Palop.

Había que remontar sobre el anegado terreno y el Athletic se remangó para hacer su partido... hasta que empezó a funcionar el magnífico drenaje del Ramón Sánchez-Pizjuán. El césped comenzó a tragarse la ría conforme pasaban los minutos de la segunda mitad. Ya podían conducir Jesús Navas, Adriano, Diego Capel, Lautaro Acosta. Ya podían ayudar los laterales con sus subidas y ya podía buscar su juego el Sevilla.

Pero estos hados que parecían señalar al Athletic como el elegido para jugar en Mestalla el 13 de mayo tenían reservado otro guiño contra el Sevilla. Kanoute falló un penalti en el 84, en la penúltima ocasión del zafarrancho sevillista. Pero este equipo tiene una enorme fe y, empujado por su afición, mandó al limbo todos los hados contrarios. Acosta ejerció de héroe esta vez -vaya debut goleador-, como premio a su pujanza y a su ambición. Como con el Valencia, otro gol postrero, otra vía para la esperanza. Hay vida. San Mamés dictará sentencia en un mes y allí el Sevilla deberá jugar su baza: calidad y fe. Si no media otra galerna...

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