Entre duda y duda, otro hito

  • El Sevilla de Emery logra el récord de 42 puntos en las 20 primeras jornadas, uno más que el de Juande, y se asegura el año sin perder en casa en Liga. Iago Aspas evitó un traspié que hubiera hecho estallar las críticas.

El gol deIago Aspas tuvo una gran trascendencia. Amén de la importancia puntual que significó una victoria que mantiene al Sevilla en la lucha por ese anhelado, y muy peleado, cuarto puesto, también tuvo un doble significado que ilustra muy bien sobre la realidad que está viviendo Unai Emery en su tercera temporada en Nervión. Con ese tanto postrero, el gallego no sólo se reivindicó a sí mismo a lo grande, sino que le evitó a su entrenador el recrudecimiento del debate sobre su gestión de la plantilla justo después de la gran decepción copera. Pero además, el golito sirvió para que el equipo que dirige alcance un nuevo hito. Al sumar 42 puntos en las 20 primeras jornadas, este Sevilla ha logrado otro récord histórico: ser el que más puntos ha logrado en ese periodo. Sin embargo, el murmullo en torno al entrenador continúa ahí, latente y esperando el momento de estallar de forma patente y ruidosa.

Parece que Emery está condenado a vivir en ese estrecho margen que divide su imagen ante la afición entre los continuos logros y el desapego de un sector que no comulga con su ideario. Pero ahí está su Sevilla, que entre duda y duda en torno a su técnico no deja de lograr marcas. Porque al sumar 42 puntos en 20 partidos, este equipo de Emery, con su margen de mejoría, sus lagunas tácticas y esa tendencia a crispar a los suyos en determinados partidos, ya ha superado al mítico equipo de Juande Ramos que fue tercero en la campaña 06-07.

Aquel histórico bloque que peleó por la Liga acumulaba a estas alturas 41 puntos, merced a 13 victorias, 2 empates y 5 derrotas. El actual lleva las mismas 13 victorias, pero lo supera gracias a un empate más y una derrota menos. De paso, y ya que el equipo no vuelve a jugar en casa hasta el próximo 14 de febrero, ante el Córdoba, ante el Espanyol se garantizó llegar al año natural sin haber perdido ni un partido de Liga en el Sánchez-Pizjuán.

El último partido liguero en el que cedió los tres puntos fue el pasado 9 de febrero, en aquella polémica derrota ante el Barcelona (1-4), con decisiones arbitrales perjudiciales cuando el encuentro estaba aún abierto. Desde entonces, acumula 19 citas ligueras en Nervión, con 14 victorias y cinco empates. En este periodo, el Sevilla, computando todos los partidos oficiales, sólo perdió el derbi europeo (0-2).

El bagaje de 13 triunfos, 3 empates y 4 derrotas (Calderón, San Mamés, Camp Nou y Mestalla) debería bastar por sí sólo para que no hubiera ni un solo bisbiseo contra el entrenador. Sin embargo, y pese a cuajar un buen partido y desperdiciar numerosas ocasiones de gol, la grada de Nervión amenazaba tormenta antes de que la conexión entre Bacca y Iago Aspas en el minuto 89 echase agua sobre los rescoldos de la gran frustración copera del jueves anterior, e hiciese estallar de júbilo al propio delantero gallego, tan necesitado, y a todo el sevillismo presente. El fantasma de un nuevo traspié ante un equipo con diez, como ante el Valencia, se paseó por Eduardo Dato. Muchos aficionados tenían fresca en la retina, además, aquella victoria por la mínima ante un Celta superior pese a jugar más de una hora con un futbolista menos, por la carga física a que fue sometida la plantilla en el largo parón navideño.

Ante el Espanyol, tras una gran primera parte en la que el equipo tuvo capacidad futbolística y anímica para levantar el infortunado 0-1 ante su verdugo en la Copa, la falta de eficacia en ataque propició un partido abierto que dio lugar al empate, obrado en una contra que el medio campo sevillista, convertido en un erial, no supo parar.

No cerrar el partido le pudo costar caro a Emery, por la tendencia táctica del Sevilla de abrir sus líneas y partirse en dos. Al técnico, además, se le solicitó desde la grada algún cambio para cohesionar un centro del campo en el que Carriço estaba actuando casi como libre ante un equipo con diez, con lo que contribuía a la falta de solidez. Hasta el minuto 78 no hizo el primer cambio Emery, obviando el de Sergio Rico por Beto al descanso. Y todo eso se lo pudo echar en cara la afición si no media Iago Aspas. Los dos postes no habrían sido ningún paño caliente para el empate frente a un rival que jugaba con diez desde el minuto 40. Pero Emery acertó sacando a Bacca y su conexión con el gallego espantó esos fantasmas. Ahora el Sevilla afronta el partido aplazado en el Bernabéu con la confianza del nuevo hito y la posibilidad, real aunque quimérica, de mejorar una primera vuelta histórica.

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