Sevilla 0-1 málaga

Hay equipos aún más ordenados

  • El Sevilla de Jiménez sufre su primera gran decepción del curso al caer ante un Málaga que fue superior en el Sánchez-Pizjuán · El gol de Adrián puso las cosas muy cuesta arriba y los blancos se obcecaron en exceso

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Parecía imposible, pero no. Este Sevilla es tan vulnerable como todos los demás. El conjunto de Manolo Jiménez fue a caer en el día de todos los aniversarios, en el domingo en el que estaba preparada la gran fiesta por todos los récords que estaban cayendo y que quedaban por batir. Sin embargo, el Málaga compareció en Nervión con un fútbol tremendamente ordenado, con los conceptos muy claritos, y de esta manera le cerró todos los caminos a un conjunto nervionense incapaz de serenarse para hallar las vías de penetración adecuadas hacia la portería de Arnau.

Decepción gorda, pues, en el inmaculado caminar de este Sevilla en el presente ejercicio. Pero conviene enumerar con prontitud cuáles pudieron ser las causas para que el cuadro de Jiménez se obcecase tanto frente a un adversario teóricamente inferior como el Málaga. Primer punto, y trascendental sin duda, el cuadro que ha ahormado Antonio Tapia tal vez carezca de nombres rimbombantes, pero tiene un equipo titular bastante capacitado. Su trabajo colectivo es encomiable y todos los futbolistas se ponen a disposición del grupo a partir de una presión muy adelantada. El colofón es una pareja de centrales, integrada por Helder y Weligton, sobre todo Weligton, realmente importante.

Concedidos los méritos a los que se hizo acreedor el Málaga, llega la segunda cuestión, y ésta tiene más que ver con el propio Sevilla. Desde arriba dio la impresión de que el estado del terreno de juego no contribuyó precisamente al buen funcionamiento de los blancos. Pareció que el campo estaba poco regado, tal vez por temor a la velocidad de Eliseu, y eso provocó que la pelota se le quedara en muchas ocasiones atrás a los locales, particularmente a un Jesús Navas que tenía muchos problemas a la hora de explotar su mejor virtud, que es conducir. Ese aspecto también afectó a Maresca y Duscher, que entraron por Fazio y Romaric respecto al pasado jueves y que fueron incapaces de darle velocidad a la circulación de la pelota desde el eje del centro del campo.

En definitiva, el Sevilla era incapaz de desconectar al Málaga por el centro y esto le facilitó la tarea al sistema defensivo del conjunto de Tapia. Más problemas. La ayuda de los laterales también se echaba de menos por los costados, pues los problemas musculares de Konko le dieron un sitio en el equipo a Crespo, que pocas veces fue capaz de doblar a Jesús Navas. Adriano, mientras, no tenía la frescura física necesaria después de tantos esfuerzos y, por último, la pareja de delanteros integrada por Renato y Luis Fabiano apenas recibía con ventaja alguna vez a pesar de los intentos de este último de bajar el balón con el pecho constantemente.

Muchos ingredientes echados a una misma coctelera para que el Sevilla no tuviera problemas. Si a eso se le suma que el partido se puso muy cuesta arriba con el gol de Adrián al cuarto de hora de juego, pues nos vamos a encontrar con una de esas tardes en la que todo se pone en contra del equipo teóricamente superior. Ante todo ello, el Sevilla trató de no perder el orden, de mover el balón de un costado hacia otro en busca de que el Málaga le abriera alguna vía de penetración. Imposible.

Los malaguistas se movían como un verdadero acordeón, de manera acompasada a la hora de defender y rara vez permitían que alguno de los sevillistas tuvieran alguna ventaja de no mediar algún accidente. La ocasión le llegó a Luis Fabiano al filo de la media hora, pero su disparo, tras superar la media salida de Arnau con mucha clase, se estrelló en el larguero. No era el día ni de Luis Fabiano ni del Sevilla.

Llegaba la hora, con el intermedio, de buscar alguna solución, de tratar de desordenar el partido, por ejemplo. Jiménez apeló a Romaric en lugar de un Maresca tremendamente fallón en el pase, pero tampoco funcionó esto. Hasta ahí normal, después llegaría la heterodoxia con la salida de Chevantón por Crespo, pero todo se quedaba más en el deseo que en la realidad. Los intentos eran infructuosos y encima Adriano se fue a la calle expulsado. Ni con el orden ni con el enloquecimiento se allanaban los caminos para un Sevilla que, al contrario que otros días, pareció que estaba escalando una montaña más alta que el Everest. Los últimos intentos se toparon con Weligton bajo los palos para que llegara la primera gran decepción del curso para este Sevilla. El conjunto de Jiménez fue incapaz de hallar las soluciones ante un rival ordenado, ése es el principal asunto a resolver.

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