El otro partido

El estadio que funde el acero

  • Al Pizjuán no le hizo falta esta vez un lleno absoluto para aupar a un equipo que entre la historia y la mano de Emery es casi inabordable ante su gente.

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Otra vez el portero que se estira lo que puede y más. Que cubre mucha portería. Que sólo deja un resquicio mínimo para que la pelota sea inalcanzable para su guante y no se marche fuera. Otra vez. No fue un remate con la plasticidad y la trascendencia del que firmó Antonio Puerta aquel Jueves de Feria para cambiarle la vida al sevillismo, para sacarlo del malditismo. De hecho, Vicente Iborra la golpeó mordida, en semifallo, y la pelota salió dando botecitos hasta rebotar en el poste derecho de Sommer y colarse. Gol. Un grito seco manó de Nervión, consciente del valor que tenía. Visto que este Borussia está fabricado del mejor acero alemán, y eso es decir mucho, una ventaja de 1-0 para dentro de una semana es un potosí.

La primera parte no presagió nada bueno para los campeones. Pero la casta y el coraje no es la mera letra de un himno. Es tan veraz como la copa sin asas que defienden los de blanco. Esa casta y ese coraje paliaron el evidente déficit físico ante los germanos, que recordó a aquella vieja foto de Curro Sanjosé con Briegel antes del Sevilla-Kaiserslautern de noviembre del 82. Curro, achaparrado y de piel aceitunada; Hans-Peter, a su lado, le sacaba una cabeza al lateral izquierdo como si de una escultura de Praxíteles se tratara. Un tratado de anatomía con botas. Entonces, ese ejército rojo del Palatinado dobló las rodillas ante el animoso equipo de Cardo. Un gol de Francisco plasmó la victoria y llenó de orgullo a un sevillismo que entonces era feliz con el mero hecho de jugar la Copa de la UEFA. Luego, el infierno de Batzenberg se llevó por delante a ese equipo de latinos bajitos y flacos (4-0). Pero Nervión no se entregó.

De hecho, asaltar el Ramón Sánchez-Pizjuán en partido europeo es poco menos que una quimera. Y no son 20 o 30 los partidos de ese rango que ha albergado. En su competición predilecta, la que lo ha elevado en el palmarés junto a Liverpool, Juventus e Inter, han sido 49 partidos, con el de ayer, los que ha acogido. En 35 ocasiones han ganado los de blanco, 10 veces hubo tablas y sólo 4 equipos ganaron: el AZ Alkmaar en un partido intrascendente de la liguilla de la segunda UEFA conquistada en Glasgow (1-2), el PSG en la liguilla de la 2011-11 (0-1), que pasó el Sevilla junto a los franceses, el Oporto en los dieciseisavos de ese mismo torneo (1-2) y el Betis la pasada temporada en la ida de octavos (0-2).

De las cuatro, sólo la derrota con los portugueses fue realmente trascendente en su devenir por la competición.

A la fiabilidad europea del Sevilla como local se une la que atesora desde que Unai Emery lo dirige. De hecho, no pierde ante los suyos, en cualquier competición, desde aquel 0-2 en el euroderbi, el 13 de marzo de 2014.

Esa noche, la curva de la grada alta de Gol Sur también se llenó de aficionados verdiblancos que vibraron con su equipo, que les dedicó la victoria en ese rincón del terreno de juego. Y ayer, los más de 2.500 alemanes que se las prometían felices tras haber disfrutado de un día de primavera también aplaudieron con fuerza a sus gladiadores antes del partido. No sabían que este Sevilla mantiene aquel espíritu alegre de la era de Cardo, mantiene la proverbial casta y el coraje... y encima tiene corazón de campeón.

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