Liga bbva

'Por fin' muy profundo (2-0)

  • El Sevilla finiquita su mala racha y consigue un triunfo muy justo ante Osasuna gracias a la intensidad de su juego. Medel metió dentro su disparo en el minuto 16 y eso lo facilitó todo.

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Por fin ganó el Sevilla, pero no fue un por fin cualquiera, sino uno bien profundo y merecido. Porque el cuadro ahora entrenado por Míchel se hizo acreedor, de sobras, al triunfo frente a Osasuna e incluso debió dejarlo consignado en el acta arbitral muchísimo antes, concretamente en la ocasión que desaprovechó inexplicablemente Jesús Navas poco después de la hora de juego cuando encaró a Andrés Fernández con Negredo corriendo en paralelo a él. Pero no, el cuadro nervionense, después de tanto tiempo sin ganar, tenía que sufrir hasta el último suspiro y hasta se vio acompañado, por qué no decirlo, de la fortuna, o de gozar de la mejor versión de Palop para ser más exacto en este primer análisis.

Todas esas circunstancias, de cualquier manera, son las lógicas dentro de un partido de fútbol, de los 95 minutos más o menos que se disputan cada vez que el balón echa a rodar. Salvo que en uno de los dos lados comparezcan el Real Madrid o el Barcelona, siempre aparecerán circunstancias que pueden ser decisivas si se aíslan en el tiempo. Unos se acordarán de las que más les convengan, los otros justo de las contrarias. Pero el Sevilla tiene motivos para sentirse satisfecho y no sólo por los tres puntos, sino también por la mejoría que experimentó el fútbol de los hombres que ahora dispone Míchel sobre el terreno de juego. Aunque los mimbres eran más o menos los mismos respecto al día de la hecatombe contra el Villarreal, con Palop por Javi Varas, Reyes por Manu y Spahic por Escudé como únicas variantes, el juego fue infinitamente más intenso desde el principio y eso acabó conduciendo a los blancos al éxito.

Esta vez, al contrario que en ese referente al que se aludía, el equipo tardó muchísimo más en partirse en las dos líneas de cuatro con los dos medios centro desconectados en el medio. Kanoute ayudaba con el paso atrás para recibir con el pecho y bajar esos balones que tanto desahogan a los suyos, el trote de Rakitic se convertía en carreras hasta que el físico le aguantó y tanto Reyes como Jesús Navas se metían lo justo hacia el interior para combinar el juego de extremos con ayudas por las zonas que lo requieren. Hasta Negredo echaba una mano con sus carreras, aunque rara vez llegue a robar la pelota al rival. Lógicamente, son factores todos los anteriores que le hacen la vida más gratificante a Medel y al cuarteto defensivo.

Con semejante planteamiento, en definitiva un 4-4-2 en ataque que con el aporte más atrás de Kanoute se convertía en 4-2-3-1 en defensa, el Sevilla sí pudo jugar de una manera mucho más intensa. Los blancos salieron al campo con la intención de demostrarle a Osasuna, que por cierto sólo había perdido fuera hasta ahora con la alta sociedad de esta Liga, que iba a tener que pelear mucho para llevarse algo del Sánchez-Pizjuán, es decir, poco más o menos que este muerto estaba muy vivo. Y así iba a hacer viendo el fútbol rápido e intenso del cuadro blanquirrojo, con balones continuos y rápidos hacia las bandas y también con combinaciones interiores para traspasar las líneas defensivas hasta el punto de que éstas no supieran fijar su objetivo.

De esta segunda manera, iba a llegar la jugada que iba a terminar de cambiarlo todo. Porque sería injusto decir que este Sevilla no ha salido igual en otras ocasiones, como ante el Espanyol u otros rivales, lo que sí cambió de verdad fue el acierto de Medel con su disparo en el minuto 16. Había sido una buena acción de ataque, además, y esta vez el tiro no fue al poste, sino dentro. El Sevilla, por fin, se ponía por delante en el marcador.

Desde ese momento, las dificultades llegaron cuando los blancos se iban quedando sin aire y llegaban tarde en todas las líneas. Tal vez por ahí pudo Lamah equilibrar las cosas, pero surgió Palop para impedirlo y también para que el marcador hiciera justicia al juego de unos y otros. Con los cambios, sobre todo con la entrada de Babá, el Sevilla tuvo aún más salida ante un Osasuna a la desesperada y el senegalés debió firmar el 2-0 justo antes de que lo hiciera Trochowski. No es extraño que el sevillismo explotara como si de una final se tratase, fue el final de una racha de ocho partidos sin ganar y en días así se puede gritar de manera desgarradora para celebrar. Aunque sólo sea un partido, motivos hay.

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